Decenas de personas, mayoritariamente de la zona, participaron en la primera edición de la ruta guiada por los últimos barrios de casas bajas de Hortaleza organizada por el centro cultural Museo de Hortaleza el pasado 10 de marzo, que pretendía dar a conocer cómo se vivía antiguamente en los dos municipios madrileños que se anexionaron a la capital para formar el actual distrito de Hortaleza, cuando llegaron los primeros pobladores y se estableció un primer asentamiento en viviendas de casa baja, que muchas veces replicaban el tipo de arquitectura originaria de sus zonas de origen, principalmente Andalucía, Extremadura y las dos Castillas.

Se ocuparon zonas cercanas a los primeros núcleos de población de los antiguos pueblos de Hortaleza y Canillas, pero, a cierta distancia y cercanos a los caminos de comunicación que ya existían como el Camino de Canillas, el Camino de la Cuerda y los Caminos a Fuencarral (avenida de San Luis) y Camino de los Toros (avenida del Carmen), ocupando zonas con fuerte desnivel como la Cuesta de la Ochava (calle Luis Buitrago) o la calle Felipe Herranz o vaguadas como el final del barrio de San Fernando esquina con la Carretera de Canillas y las instalaciones del Canal de Isabel II.

Construcciones con medios muy precarios, pero cierta amplitud, pues contaban con un porche de entrada en la parte delantera, en algunos casos una estancia adicional que podía ser almacén o corral donde se mantenía cierto tipo de pequeña ganadería y una parte posterior de más amplitud, para quizá un huerto o zona de descanso con una mínima tapia. Sobre las condiciones de vida, se cumplía que faltaban dotaciones que ahora vemos como indispensables o mínimas, como el servicio de agua, calefacción o gas y letrinas de baño, por lo que la visita periódica a la fuente cercana era el lugar de encuentro de los aldeanos.

Construcciones con medios muy precarios, pero cierta amplitud, pues contaban con un porche de entrada en la parte delantera

Sobre el papel, los nuevos vecinos, auténticos colonos, no podían plantearse comprar un terreno y, en muchos casas, no existe ni escritura de posesión ni permiso de obra ni otros documentos y esta circunstancia hace que el derecho de uso y pertenencia a la zona sean el principal justificante que ha condicionado el futuro cada vez más incierto de estas fincas, que muchas veces no seguían el alineamiento de calles que parece dictar la costumbre de los nuevos barrios de la ciudad, sino que se desarrollaban con cierta libertad por donde buenamente podía dar salida a cualquier vía o camino.

Las que se han incluido en las actuales calles son las casas bajas que han podido llegar a nuestros días, cada vez menos y más descuidadas casi siempre, pero que merecen nuestro respeto y su conservación, pues algunas, con su arquitectura clásica o neomudéjar deben ser respetada y ya cuentan con la debida protección en la ciudad de Madrid, que se debe hacer valer.

RUTA GUIADA POR LOS ÚLTIMOS BARRIOS DE CASAS BAJAS DE HORTALEZA

El grupo de visitantes, partió de la boca de metro de Canillas, donde, tras la bienvenida y una explicación, se concentró el grupo. Se contaban entre los asistentes con muchos amigos del centro social El Nido de Hortaleza y de diversas asociaciones de vecinos y culturales del distrito. Tiempo fresco, pero muy apto para hacerse unos kilómetros por el barrio.

La primera parada se efectuó en la zona de la calle Rosa de Castro, en cuya manzana se conservan las últimas viviendas tradicionales del primer barrio de San Blas, el foco sobre el que en las décadas siguientes creció el barrio de Villa Rosa. Se puso en valor la arquitectura neomudéjar de la propiedad y su antigua reja de las ventanas, recordando que tiene protección reconocida en toda la ciudad de Madrid, como elemento patrimonial que hay que preservar.

En este sentido, se ha creado una escala del peligro que tienen estas construcciones de desaparecer ante la habitual especulación, siendo 1 el más bajo y 10 el máximo, y se señaló esta zona con un 7, constatando la amenazadora presencia de una caseta de obra muy cercana, estando todas las viviendas en buen estado por hallarse habitadas, elemento que hay que tener muy en cuenta para promover planes de rehabilitación e integración concretos.

Se ha creado una escala del peligro que tienen estas construcciones de desaparecer ante la habitual especulación

Seguidamente, pasamos a ver los restos más antiguos que existen en Canillas, de lo que fue su antiguo pueblo, la ermita de San Blas y el colegio Cabrini, siendo muy destacable la labor de restauración del templo y también de la tapia delantera del colegio, que ha sabido preservar los ladrillos originales con su albardilla, por donde han pasado tantas generaciones de vecinos.

Tomamos el camino de Canillas para localizar la zona de la antigua finca del Quinto, comentando su antiguo esplendor, lugar donde se llevaron a cabo las labores represoras de la Checa Campo Libre durante el conflicto civil.

Se habló seguidamente de la labor de los domingueros, pioneros y colonos de nuestros barrios, en los poblados dirigidos y de absorción, como el de Poblado de Absorción de Canillas, localizando su situación, los centros comerciales originales y los que sobreviven en la zona.

En el barrio de San Fernando, el primero de la expansión de Canillas hacia los años veinte del siglo pasado y donde se han podido mantener calles y viviendas con su configuración tradicional, se comprobó cómo la calle Josefa Herradón y sus inmediaciones, última zona del distrito de Hortaleza sin asfaltar, está a punto de sufrir una drástica reforma, con lo cual, en la escala señalada, se le asignó el 10. Al otro lado de la Carretera de Canillas, comprobamos, avisado por algunos de los asistentes, que la casita baja que sobrevivía junto al antiguo Camino de la Cuerda había sido derribada la semana pasada y quedaba como indicativo una cinta de obra.

últimos barrios de casas bajas de Hortaleza

Casa baja en el barrio de San Fernando (Canillas).

Siguiente parada en el palacete de Villa Rosa, cuyo edificio antiguo de edificación francesa y nazarí, construido a partir de 1910, ha sido testigo de la vida del barrio y de la cercana Ciudad Lineal al que su manzana estaba asignada. Recordamos que, en los años veinte y treinta, se cambió su nombre a villa Eloísa, requisado como centro de mando comunista en la zona durante la contienda, con poder en la zona y un destacado papel en el golpe de Casado.

Retomamos el antiguo Camino de Hortaleza a Madrid, la calle López de Hoyos, para llegar hasta el Pinar del Rey, zona en que se situó una pareja de fortines en forma de iglú de la Guerra Civil, que desaparecieron hace décadas, cercanos al centro de mayores de la zona. Desde la pasarela sobre la vía de inicio de la avenida Gran Vía de Hortaleza, localizamos la Colonia Leonesa y nos adentramos en la calle Olimpo López, donde se conservan restos muy significativos y muy bien integrados en la zona, junto al antiguo colegio Nuestra Señora de la Hoz, ahora guardería. Por ello el nivel de riesgo es mucho menor, sobre un 4.

Se continuó trayecto hacia el parque Isabel Clara Eugenia, citando brevemente los muchos siglos de historia y cambios por los que ha pasado. Tomando la cuesta de la calle Felipe Herranz, se señaló la original situación de las viviendas del barrio del Carmen, junto a grandes bloques, quedando las parcelas vacías, pero donde es posible, en algunos lugares, contemplar los cimientos de algunas casas bajas. Se localizó el lugar exacto donde se asentaba la finca de Felipe Herranz, en el número 12 de la calle homónima (una de cuyas fotos, que nos fueron mostradas por una vecina que todavía vive por la zona, ha servido para ilustrar la imagen del logotipo del centro cultural).

También se visitaron las eras particulares de «las monjas» en el barrio de Orisa, señalando que se debería actuar para mejorar su situación y ponerlas en valor. Se señaló igualmente la cercana presencia de lo que queda de la UVA de Hortaleza, la única que se conserva en Madrid.

Ya en las inmediaciones del metro Parque de Santa María, tuvo fin esta ruta por el Hortaleza más tradicional y, como ya se ha visto, el más amenazado. Finalizamos la actividad con un pequeño aperitivo en las instalaciones del Museo de Hortaleza (calle Santa Susana, 23 local).

Todos los asistentes disfrutaron de una buena jornada, con muchas anécdotas y compartiendo entre todos su recuerdo y memoria.

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