El 16 de julio de 1940, cuando el país vivía sumido en la miseria y el hambre por la guerra, se inauguró en el arranque de la carretera de Hortaleza, en el edificio hoy sede de la Junta Municipal de Distrito, el restaurante sala de fiestas Parque Jardín Villa Rosa.

La Hoja del Lunes del día anterior anunció el estreno. Se cumplen ahora, por tanto, 80 años del nacimiento de uno de los lugares más recordados por los vecindarios de Canillas, Hortaleza, Chamartín y Ciudad Lineal, por no decir de todo Madrid. También se cumplen 60 años de su cierre, porque sus puertas –tan caras para el bolsillo como fascinantes para los sentidos– permanecieron abiertas hasta el otoño de 1960.

Las puertas de la sala de fiestas Parque Jardín Villa Rosa permanecieron abiertas hasta el otoño de 1960

La idea de crear un negocio tan selecto en las afueras de Madrid se le ocurrió a Tomás Pajares Alberdi, un hombre de enorme visión curtido en comercios hosteleros y de espectáculos. Era el dueño del famoso tablao flamenco Villa Rosa, en la plaza de Santa Ana, local que había adquirido en 1921 y cuyo nombre utilizó para bautizar en parte a su nueva arriesgada apuesta. También había regentado la sala de fiestas Ideal Rosales, en el paseo de Rosales, y el club Palermo, en los bajos del teatro Alcázar.

UNA ETAPA MUY DESCONOCIDA DEL PALACETE DE VILLA ROSA

Los hermanos Ramón y Enrique Elipe Morales, de 93 y 83 años respectivamente, nacidos en Hortaleza, donde siguen residiendo, nos han guiado por la historia de una etapa poco conocida del palacete de Villa Rosa.

Ambos trabajaron en la sala de fiestas: Ramón de guardacoches un año y medio, entre 1947 y 1948 (en los años sesenta sería el administrador del mesón El Garnacho), y Enrique, desde 1953 hasta 1960, los tres primeros años de botones, luego uno de aprendiz de camarero y finalmente de ayudante de camarero hasta que la empresa cerró el negocio. Pero, además, el padre de ambos, Froilán Elipe Sánchez, fue el chófer personal de Tomás Pajares durante la década de los cuarenta.

Tomás Pajares era un visionario. No dudó en hacerse con el alquiler del palacete, donde fijó su residencia junto a su mujer, Mercedes Morales Málaga. Es posible que aún quedaran en su interior vestigios de la guerra, cuando el lugar, conocido como Villa Eloísa, había sido sede del Partido Comunista de España.

Acta sobre recogida de objetos en el palacete de Villa Rosa tras el final de la guerra civil. IPCE

Un acta oficial de septiembre de 1939 detalla una serie de valiosos objetos recogidos de su interior para ser guardados en depósito en el Museo Nacional de Arte Moderno: jarrones, esculturas, cuadros… Bajo la dirección de calle Zacarías Homs, número 1, el domicilio de entonces del palacete, el documento señala que la casa la habían habitado la Pasionaria y Líster.

Dos de los jarrones fueron exhibidos en la primavera de 1940 en la Exposición de objetos artísticos recuperados [por el Régimen] celebrada en el Palacio de Exposiciones del Retiro.

Para dar forma a su negocio, no obstante, a Pajares le resultaba suficiente con la arquitectura del palacete, ideal para cobijar unos salones elegantes, y con sus frondosos jardines, magníficos para prolongar las actividades por el exterior del inmueble.

EL PARAÍSO DEL OCIO DE LAS ÉLITES DE POSGUERRA

Si, como se dice, Pajares convirtió al Villa Rosa de la plaza Santa Ana en la catedral del flamenco, habrá que afirmar que con el de Ciudad Lineal logró alcanzar el paraíso del ocio de las élites de posguerra: el disfrute de la noche al aire al libre, la iluminación, los jardines, el glamour que se respiraba, las vestimentas –hasta del propio personal que trabajaba en la finca– la lejanía de la ciudad, su aroma cosmopolita (lo frecuentaban numerosos extranjeros, en especial estadounidenses y alemanes por su proximidad a La Moraleja), las impresionantes actuaciones, las visitas de las personas más influyentes del país… Era el lugar «más concurrido y predilecto de la buena sociedad», como publicitaba la propia casa.

Trabajadores del Parque Jardín Villa Rosa en 1955. CEDIDA POR ENRIQUE ELIPE MORALES

En el Parque Jardín Villa Rosa se congregaban personalidades de todo tipo. Solían visitarlo, sobre todo en verano, mandamases del Gobierno, en especial falangistas, como José Antonio Girón de Velasco (ministro de Trabajo), Miguel Primo de Rivera (ministro de Agricultura) y Raimundo Fernández Cuesta (ministro de Justicia) y también los banqueros más poderosos del país, como los hermanos March (de la Banca March) y los hermanos Coca (Banco Coca).

Muchos toreros, los más asiduos los hermanos Bienvenida y Luis Miguel Dominguín, que a veces lo hacía tras regresar de corridas fuera de Madrid; un sinfín de actores y artistas, como Fernando Rey, Jorge Mistral y, en menor medida, Paco Rabal (vivía enfrente, en la calle Matías Turrión, número 33), Fernando Fernán Gómez y Lola Flores, y multitud de famosos.

También era habitual la presencia de embajadores y miembros del cuerpo diplomático de todos los países. Otro visitante ilustre fue el príncipe de Jordania. Alfonso Camorra, dueño de Riscal, asomaba mucho por el sitio, aunque más lo hacía Perico Chicote, el popular barman de la Gran Vía, al ser uno de los mejores amigos de Pajares.

Desde Nueva York, Florida, México, Londres
y otras ciudades se fletaban aviones para cenar
y ver sus espectáculos

Las estrellas del fútbol Alfredo Di Stefano y Kubala también se dejaron ver por el club de Ciudad Lineal. Los dos cenaron con sus mujeres varios días después de cambiar sus equipos de destino: Di Stefano no fue finalmente al Barcelona CF y se quedó en el Real Madrid y Kubala se marchó al conjunto catalán. El segundo, además, negoció en el Villa Rosa en julio de 1958 su fichaje, frustrado, por el Atlético de Madrid.

El Parque Jardín Villa Rosa tenía fama en el mundo. Desde Nueva York, Florida, México, Londres y otras ciudades se fletaban aviones para cenar y ver sus espectáculos. Los viajeros se alojaban durante varios días en el Palace, el Ritz y otros hoteles del centro de Madrid.

Escenario, pista de baile y mesas del Parque Jardín Villa Rosa a finales de los años cincuenta.

EL DESFILE DE LOS MEJORES AUTOMÓVILES DE LA ÉPOCA

La mera contemplación del paso de los mejores automóviles de la época era un acontecimiento. El tenista Manolo Santana, que vivía en la parte alta de la calle López de Hoyos, recuerda como en verano, siendo niño, se sentaba con sus amigos solo para ver desfilar los «coches grandes» que iban a Villa Rosa. Los fines de semana podían permanecer aparcados por las inmediaciones en torno a 200 lujosos vehículos, aglutinados desde lo alto del Pinar del Rey hasta el pueblo de Canillas.

Los fines de semana podían permanecer aparcados
por las inmediaciones en torno a 200 lujosos vehículos

Muchos chóferes comían o cenaban en El Garnacho, así se ahorraban parte del dinero que les daban los señores para alimentarse en el palacete. El general Agustín Muñoz Grandes, secretario general de Falange y jefe de la División Azul, se enfadó un día al ver en la zona tanto alto militar vestido con el uniforme de gala del ejército, por lo que ordenó el inmediato regreso a sus cuarteles de todos los vehículos castrenses.

El coche de Pajares, don Tomás, era un Nash, y para la ruta diaria de suministros entre los dos Villa Rosa los conductores utilizaban un Chevrolet de color castaño al que llamaban la Rubia. El Villa Rosa de Santa Ana, aunque era propiedad de Tomás Pajares, lo dirigía su hermano Benito.

El trasiego de automóviles de la casa para adquirir o intercambiar mercancías era continuo. En los años cuarenta, el grueso de las compras se efectuaban por estraperlo. No se advertía peligro alguno en ello por los numerosos amigos que tenía Tomás Pajares en altas instancias del país.

El vehículo con el que más lucía la entrada de las estrellas era un Cadillac blanco descapotable

Froilán, por su parte, era el encargado de ir a recoger al aeropuerto a los artistas para llevarlos al hotel. También los conducía a la finca cuando llegaba el día y la hora de la actuación. El vehículo con el que más lucía la entrada de las estrellas era un Cadillac blanco descapotable.

Pajares siempre mantuvo con Froilán una relación que no se quedaba en la jerarquía al uso. En los viajes, dormían ambos en los mismos hoteles y compartían condiciones de hospedaje. Cuando Froilán, no trabajando ya en Villa Rosa, cayó enfermó de pleura en el verano de 1951, Pajares se acercó preocupado a verlo a su casa. Ramón y Enrique Elipe nunca han olvidado su apoyo a la familia.

Tras rechazar esta la ayuda económica que les ofrecía, les dijo don Tomás que fueran a diario alguno de los hermanos a recoger al restaurante la merluza y el resto de alimentos frescos que requería el caro régimen que tenía que seguir su padre. Así hicieron los hermanos cada día a las doce de la mañana. Froilán se recuperó en dos meses.

Página de uno de los folletos que editaba la sala de fiestas. CEDIDA POR JUAN CARLOS ARAGONESES

LAS MELODÍAS DE LAS ORQUESTAS DOMINABAN LAS NOCHES DE VERANO

La música de las orquestas y del resto de actuaciones de Villa Rosa dominaba las noches de verano en Canillas y Hortaleza. El eco de las melodías, bajo el cielo estrellado y el aire limpio, se propagaba por los hogares cercanos hasta altas horas de la madrugada.

Uno de los principales problemas que tuvo la sala de fiestas fue precisamente las repetidas clausuras que sufrió durante los años cuarenta por orden del gobernador civil de la provincia, Carlos Ruiz García, debido a que el establecimiento cerraba ya de día. En 1955, una orden fijó la hora tope a las 5 de la madrugada. Pronto la sala se saltó la norma y fue precintada por cinco días.

En 1955, una orden fijó la hora tope de cierre
de la sala de fiestas a las 5 de la madrugada

Durante la sanción llamaron de El Pardo. Era para avisar de la visita para cenar de la hija de Franco, Carmencita, junto a su marido el marqués de Villaverde y varios amigos. Pajares intentó que la cita sirviera para levantar el castigo, pero, tras buenas palabras como respuesta, el Villa Rosa solo abrió el día de la cena.

Una vez atravesada la puerta de entrada a la finca, los clientes tenían delante numerosas alternativas para disfrutar de la jornada. De junio a septiembre era la temporada estival, la que acaparaba la gran mayoría de eventos y la más esperada por los madrileños. La apertura de la sala era a las ocho de la tarde. En la cocina destacaban los pescados y las carnes a la parrilla.

La piscina del Parque Jardín Villa Rosa tras su remodelación en 1953.

En 1953, se inauguró un espacio al que se llamaba la boite. Se usaba para actuaciones en invierno y para dar comidas a los usuarios de la piscina en verano.

La finca dispuso siempre de piscina. Al principio era rectangular, pero en 1953 sería transformada su planta por una elegante de riñón, al tiempo que se construían un gimnasio, cabinas de guardarropa y la citada boite. Llamaban mucho la atención sus luces en el suelo.

LAS MEJORES ESTRELLAS NACIONALES E INTERNACIONALES

En el Parque Jardín Villa Rosa actuaron las mejores estrellas nacionales e internacionales. «Grandes espectáculos internacionales», rezaba uno de sus eslóganes.

Portada de uno de los folletos que editaba la sala de fiestas con sus programaciones. CEDIDA POR JUAN CARLOS ARAGONESES

El escenario se encontraba en el jardín. El astro mejicano Jorge Negrete, un ídolo mundial,  actuó el 1 de junio de 1948. Solo una semana después ofreció su primera presentación en España la famosísima bailarina y cantante Josephine Baker, la diosa de ébano; Charles Trenet, con su inolvidable «La mer», actuó en junio de 1951, y a Celia Gámez se le tributó un gran homenaje, con ella cantando precedida por Pepe Iglesias el Zorro y Lolita Sevilla, en mayo de 1952.

La soprano Yma Sumac, la princesa inca del canto, deleitó con su voz en junio de 1954; Luis Mariano, el célebre cantante vasco de opereta, un ídolo en Francia, realizó su primera incursión en la península tras la guerra con su concierto en el verano de 1955, al cual acudió acompañado de Carmen Sevilla.

Gilbert Bécaud actuó en junio de 1957; poco después lo haría una joven Conchita Bautista; la inglesa Diana Dors, sex symbol de la época, reinó en Villa Rosa en junio de 1959; al mes siguiente triunfaría Domenico Modugno, con su mítico tema «Volare», con el que había obtenido el año anterior el primer premio en el Festival de San Remo.

Anuncio de la actuación de Domenico Modugno en 1959. HOJA DEL LUNES

La calidad y el elevado número de orquestas contratadas era otra de las marcas de la casa. En las tardes-noches de verano, solían actuar cuatro orquestas diarias: una primera suave con predominio de violines y tres a continuación cada vez más animadas, tanto de música como de baile.

En el Parque Jardín Villa Rosa tocaron, por ejemplo, Xavier Cugat y su esposa Abbe Lane, el trompetista Aimé Barelli con su banda, Miguelito Valdés y su orquesta, Arevalillo con la suya, Oferiche y sus Havana Cuban Boy’s y Pierre Michel, otra figura francesa más, con su orquesta.

Para amenizar las primeras cenas, o los primeros bailes, existía un piano junto a una pista cercana a las mesas de restauración.

Anuncio de la actuación de Armando Orefiche y sus Havana Cuban Boy’s en el Villa Rosa. CEDIDA POR JUAN CARLOS ARAGONESES

La copla y la canción española gustaban mucho. Ana María, con su popular tema «Campanera», actuó en la sala durante cinco temporadas. Pero fue Lolita Sevilla la artista española más identificada con el Parque Jardín Villa Rosa, donde debutó en el mundo del espectáculo con 17 años.

Lolita era como un miembro más de la familia de Villa Rosa. Estaba siempre acompañada de su madre, con la que se alojaba en una pensión del centro de Madrid. Una noche la vieron en escena los productores Cesáreo González y Benito Perojo, quienes le propusieron una prueba para la película Bienvenido Mr. Marshall. La tonadillera aceptó y gracias al film, donde cantaba la «Coplillas de las divisas», conocida como «Americanos» por su célebre estribillo, se convirtió en una estrella de la canción y del cine.

Lolita Sevilla fue la artista española más identificada
con el Parque Jardín Villa Rosa, donde debutó con 17 años

Lo que constituía un capítulo aparte, por la pasión que despertaba, era el flamenco. Por la sala de fiestas pasaron artistas como José Fernández el Chaleco, Manolo de Huelva, Manolo Manzanilla y Luis Maravilla; aunque el plato fuerte del género era cuando se cerraba el local y los clientes con más dinero y afición se refugiaban en las salas de arriba, llamadas gabinetes, con mitos como Manolo Caracol, Pepe Pinto y Pepe Marchena. Las fiestas privadas acababan, como no, con la llegada del nuevo día. Entonces una de las opciones favoritas antes de retornar a casa era tomarse en grupo una paella.

GRAN VARIEDAD DE ESPECTÁCULOS

No satisfecho con tanta variedad de propuestas, Pajares traía a su local, además, a ballets –tanto españoles como extranjeros–; espectáculos con vedettes, humoristas o artistas circenses, como trapecistas o acróbatas. Todo le parecía poco, tanto en calidad como en número de actuaciones por programa. Las grandes figuras llegaban a costar 300.000 pesetas por función.

El Parque Jardín Villa Rosa se iba llenando de gente según avanzaba la noche. Locales como Villa Romana, Riscal, Moroco, Florida Park, Chicote, Casablanca o los próximos La Capitana y Samba cerraban mucho antes, como muy tarde a las tres de la madrugada.

El sitio se puso de moda en Madrid como destino
para tomar las últimas copas de la noche

El sitio se puso de moda en Madrid como destino para tomar las últimas copas; tal vez fue el primer comercio de ocio en la capital donde se solapó la noche con el día. «En Villa Rosa se podía ver –se decía– amanecer bailando». La salida de clientes del local muy empezada la mañana llamaba la atención de vecinos y transeúntes que representaban un mundo diametralmente distinto. Rumores como que el lugar era de citas o de alterne se fueron extendiendo.

SUCESOS QUE ENGRANDECIERON LA LEYENDA

Algunos sucesos agrandaron la leyenda del sitio. El 1 de junio de 1948, a Jorge Negrete, que por la mañana había colapsado de mujeres la estación de tren de Príncipe Pío en su llegada a la capital, se le ocurrió preguntar al público que sí no había hombres en Madrid. Varios varones, muy ofendidos, se abalanzaron sobre él y se produjo una trifulca. Miguel Primo de Rivera, se cuenta, llegó a darle un sopapo al cantante mejicano, pero, según Ramón Elipe, testigo de la escena, el más contundente en la respuesta fue el actor Jorge Mistral. La policía suspendió la actuación.

El 26 de diciembre de 1953 llegaban en varios coches de madrugada al local, procedentes de Pasapoga, Cesáreo González, Edgar Neville, Alfonso Sánchez, Miguel Utrillo, Félix Fernández, Lola Flores y el rey de la noche madrileña: Luis Miguel Dominguín. Junto a ellos, el singular matrimonio formado por Ava Gardner y Frank Sinatra. A petición de Ava, acudían a ver la actuación de los flamencos Regla Ortega y Juanito. El flamenco volvía loca a la actriz estadounidense.

Ava Gardner y Frank Sinatra acudieron a ver la actuación de Regla Ortega y Juanito, porque a la actriz estadounidense la volvía loca el flamenco

En las instalaciones se encontraron con Fernando Fernán Gómez, Paco Rabal y Alfonso Camorra. Sinatra, a petición de los presentes, cantó «Stormy Weather». Lola Flores también se puso a cantar y bailar. Sinatra se fue del Villa Rosa a dormir algo después.

A continuación, Ava, que era la amante de Dominguín, empezó a despotricar borracha contra su marido. Luis Miguel Dominguín le dio un pequeño cachete, magnificado con los años por los mitómanos, para que se sosegara. A la actriz se le cayó al suelo un pendiente de brillantes. Todos se pusieron a buscarlo, pero no lo encontraron. Eran las seis de la mañana y querían seguir divirtiéndose. Del Parque Jardín Villa Rosa se fueron a la casa de Lola Flores, donde tomaron sopas de ajo.

Los botones Enrique Elipe, conocido como ‘Manolín’ (derecha), y su compañero al que llamaban ‘Aparicio’ (izquierda) en 1953. CEDIDA POR ENRIQUE ELIPE MORALES

La pareja Dominguín-Ava que conoció Enrique Elipe era muy distinta. Los dos se mostraban tranquilos y encantadores con los trabajadores del local, adonde acudían con gran frecuencia a cenar. El torero les puso a los tres botones del sitio cariñosos apelativos en honor a diestros del momento: a uno lo llamó Litri, a otro Aparicio (por Julio Aparicio padre) y a Enrique Elipe, como señalamos, Manolín (por Manolo González). Ava Gardner era igualmente afable con el personal. A Enrique lo sentaba sobre sus rodillas y le empezaba a preguntar si estaba contento, si le iba bien,… Luego le daba 100 pesetas.

EL FIN DEL PARQUE JARDÍN VILLA ROSA

Pese a que Pajares arrasaba con el Parque Jardín Villa Rosa, Froilán lo llevaba de vez en cuando por un bucólico enclave de Hortaleza que le atraía para montar otro negocio todavía más lejos de Madrid: Huerta de Mena. Esta opción la tuvo en la cabeza durante muchos años. Pajares, sin embargo, no pudo afrontar nunca ningún nuevo proyecto. Enfermo crónico de asma, el 1 de mayo de 1956 fallecía tras sufrir una pulmonía. Lo sustituía como dueña de la sala de fiestas su mujer, doña Mercedes, y al frente de la gestión artística Ramón Giménez García, primer marido de Lolita Sevilla, quien continuó con la apuesta de contratar a grandes estrellas.

Muchas de las actuaciones mencionadas antes pertenecen a esta última época: Xavier Cugat, Gilbert Bécaud, Diana Dors, Domenico Modugno…  En agosto de 1959 circuló el rumor de la contratación de Marlene Dietrich «como bomba final de temporada». Pero se echaba en falta el trabajo de Tomás Pajares. Además, las deudas se iban acumulando. El Parque Jardín Villa Rosa era un transatlántico que necesitaba mucho talento y dinero para funcionar. Una vez concluido el verano de 1960, cerró para siempre sus puertas.

El Parque Jardín Villa Rosa era un transatlántico que necesitaba mucho talento y dinero para funcionar

El abandono se adueñó de la finca. Hasta los años setenta no volvió a ser utilizada. Eventos ocasionales, como un festival a beneficio de las víctimas del terremoto de Perú en 1970 o el rodaje íntegro de la película Las truchas, en 1977 (dirigida por José Luis García Sánchez y premio Oso de Oro en el Festival de Berlín al año siguiente) solo sirvieron para sacudir un poco el polvo del recinto. En 1986, tras ser rehabilitado, el palacete se estrenó como sede de la Junta Municipal de Hortaleza.

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