Según la RAE, el patrimonio es el conjunto de bienes pertenecientes a una persona natural o jurídica, o afectos a un fin, susceptibles de estimación económica.

Pero el patrimonio no solo tiene un valor económico. De hecho, existe una regulación oficial que incluye otra serie de bienes (materiales, pero también incluso inmateriales) que pueden pasar a ser reconocidos y catalogados por disponer de un interés cultural, histórico, artístico, paisajístico, etnográfico o industrial.

Este fue el caso la iglesia de San Matías, que, gracias al trabajo de la Plataforma en Defensa del Casco Antiguo de Hortaleza y con el apoyo de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid y de la entidad Madrid Ciudadanía y Patrimonio, fue declarada Bien de Interés Patrimonial por la Dirección General de Patrimonio, evitando así la construcción de un macrogimnasio en la centenaria plaza de la Iglesia.

Están aquellos que se mueven exclusivamente por el beneficio económico que pueden sacar de un bien; aquellos que priorizan lo individual y lo privado. Por el contrario, hay quienes, pensando en lo común, entienden que existen otros factores que hay que tener en cuenta y que tienen que ver más con un beneficio colectivo.

Esto lo podemos llamar el patrimonio de lo común, del beneficio colectivo. Se puede entender muy fácilmente con el ejemplo de los servicios públicos, viendo a quienes quieren sacar tajada privatizando servicios básicos, y a quienes entienden y defienden la esencialidad de unos servicios públicos como son el sistema sanitario (y se movilizan para reabrir el Servicio de Urgencia de Atención Primaria de Mar Báltico), la educación pública y gratuita, o el cuidado de nuestro entorno y nuestros barrios, luchando nuevamente por espacios emblemáticos del distrito como la finca de Huerta de Mena o también llamada finca de los Almendros.

Existe otra serie de bienes que pueden pasar a ser reconocidos por disponer de un interés cultural, histórico, artístico, paisajístico, etnográfico o industrial

Cuidar nuestro patrimonio no solo es un itinerario en un plano o un programa que especifica “qué ver en Hortaleza”, marcando los puntos más emblemáticos del distrito, que también. Es hacer una plantación vecinal de manera participativa y abierta al vecindario, es que los niños y niñas de las escuelas del distrito dispongan de espacios verdes y libres de coches en sus entornos en vez de parkings para empresas privadas, es pensar en una cultura accesible y cuidar nuestros centros culturales, es no colar pelotazos y pirámides, es desear que en una de las mejores parcelas del distrito sea mejor una biblioteca pública que un aparcamiento disuasorio. Esto va también de construir una identidad colectiva que nos permita asimismo cuidar de lo propio.

En el caso de la finca de los Almendros esta batalla acaba de comenzar, pero más de 4000 vecinos y vecinas ya se han posicionado en contra de que las dueñas del terreno, las Adoratrices, que años atrás ofrecían alojamiento y servicios de rehabilitación a mujeres vulnerables, ahora vendan la parcela para que una empresa privada construya más oficinas, con los importantes problemas de movilidad, de contaminación y de pérdida de patrimonio (cultural y natural) e identidad que esto supondría.

Ya que estamos de repaso, y pensando en el común, aprovechamos para mandar dos recordatorios. Uno, es que ya en diciembre 2016 la asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio, solicitó a la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid la inclusión, además de la iglesia de San Matías, el cementerio y su ermita, el lavadero, la finca denominada Huerta de Mena y el antiguo Palacio de Buenavista (hoy conformado por el parque de Isabel Clara Eugenia y un centro de salud mental) donde nuevamente se ha demostrado el poco interés y descuido del patrimonio apareciendo sus columnas en un almacén del Ayuntamiento, partidas y sin intención de restauración.

Cuidar el patrimonio es respetar la memoria y nuestro pasado, pero también cuidar nuestro futuro a medio plazo

El segundo es que lo que menos necesita la calle de Gregorio Sánchez Herráez y el polígono empresarial de Cristalia son más oficinas, ya que esto supondrá mayor tráfico y congestión en una zona en la que el movimiento asociativo lleva más de una década demandando una reordenación del tráfico y el cierre del anillo ferroviario con la instalación de una parada o apeadero de cercanías. Qué mejor momento que este, en medio de una pandemia de un virus que afecta a las vías respiratorias, y en medio de una crisis ecológica y social.

Cuidar el patrimonio es querer seguir viviendo en Hortaleza, y que las operaciones especulativas no encarezcan y dinamiten la posibilidad de que los y las jóvenes permanezcan en su barrio. Es sensibilidad, es respetar la memoria y nuestro pasado, pero también cuidar nuestro futuro a medio plazo, sin dejarnos llevar por impulsos y decisiones particulares, sino trabajando el entramado tan complejo que formamos las personas, los seres vivos y aquello que construimos como sociedad.

Por último, y tras hablar de memoria y patrimonio, no podemos dejar de recordar a Juan Carlos Aragoneses, un referente, que con su amor por la historia y por Hortaleza, nos mostró el camino para que otras tomemos su ejemplo.

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