Uno de los lugares de esparcimiento más utilizados en el antiguo pueblo de Hortaleza era la pradera que se encontraba delante del lavadero municipal, inaugurado en octubre de 1931 y que hoy se conserva casi como nació. Este lavadero se halla en el inicio de los números pares de la calle del Mar de Kara, hasta 1953 llamada calle de Madrid, donde empieza la empinada cuesta que caracteriza a esta vía.

Era costumbre que las mujeres acordasen con vecinas amigas o parientes acudir a lavar en su interior en los mismos días y horas, de tal modo que, tras escurrir las prendas, se quedaban a comer algo junto a sus hijos, y en ocasiones los maridos, en el verde, mientras las ropas se secaban en el mismo prado. Varios árboles servían de sombra cuando el sol apretaba. Los niños y niñas correteaban y jugaban en el lugar. El lavadero siguió funcionando hasta bien avanzada la década de los setenta, cuando todavía había vecinas que lo frecuentaban para limpiar los atuendos y piezas más grandes o de incómodo manejo.

En la fotografía de tres personas, realizada en la segunda década de los años cincuenta del siglo pasado, los vecinos Mercedes Cuenca y el matrimonio formado por Felipe Aragoneses y por Felisa de Castro disfrutan de dicho prado. Al fondo, arriba, el lavadero. La instantánea la ha cedido a la biblioteca Huerta de la Salud el historiador de Hortaleza Juan Carlos Aragoneses, hijo del matrimonio retratado y sobrino de Mercedes.

A la izquierda, el lavadero en uso en los años setenta. ESPASA CALPE / A la derecha, Mercedes Cuenca y el matrimonio Felipe Aragoneses y Felisa de Castro en dicho prado en la década de los cincuenta. JUAN CARLOS ARAGONESES

Los vínculos históricos de Hortaleza con la ocupación de lavar son muy estrechos. En las Relaciones topográficas de Felipe II, basadas en encuestas a vecinas y vecinos recogidas en 1579, se expresa que muchas personas “tienen por granjería de cocer [pan] a personas particulares vecinos de la villa de Madrid y cortesanos y las mujeres de lavar ropa blanca de las dichas personas”. En un Vecindario de 1694, se detallaron los oficios en el pueblo cuando Hortaleza contaba con alrededor de 150 habitantes: 29 hombres eran labradores y 19 mujeres viudas que se dedicaban a lavar ropa. No existía ningún otro oficio predominante.

A mediados del siglo XVIII, de 180 vecinos y vecinas con oficio entre Hortaleza y Canillas, 100 trabajaban en las tareas de lavandería. Las mujeres realizando los lavados en sí y los hombres portando la ropa entre Madrid y los dos pueblos gracias a 131 animales, de los cuales 115 eran burros pequeños. A finales de este siglo, el párroco de Hortaleza y Canillas Manuel Nicasio de Cuéllar, relataba que se mantenía en Hortaleza esta actividad “de lavar la ropa de Madrid, cuyo producto se regula anualmente en 4.000 reales”, ocupación que también –especificaba– se daba en Canillas. Durante años, las mujeres de Hortaleza y de Canillas lavaron, pues, la ropa blanca de familias de Madrid con más medios económicos. Piezas como prendas de vestir, mantelerías y sábanas las traían y llevaban varones a lomos de asnos o mulas.

A mediados del siglo XVIII, de 180 vecinos y vecinas
con oficio entre Hortaleza y Canillas, 100 trabajaban
en las tareas de lavandería

Durante el siglo XIX, la importancia del oficio fue menguando en Hortaleza, aunque, en un Amillaramiento de 1862, se indicaba que aún había mujeres que continuaban “lavando la ropa blanca de Madrid”. Los dos lavaderos que se utilizaban, ambos próximos al arroyo de Rejas, que discurría por la actual Gran Vía de Hortaleza, fueron quedando obsoletos en las décadas finales de siglo. Durante más de cincuenta años, el vecindario luchó por conseguir un local apropiado, incluso donando dinero, hasta que logró en 1931, con enorme esfuerzo, el lavadero que conocemos en la actualidad.

La fotografía en blanco y negro del grupo de mujeres (cedida también por Juan Carlos Aragoneses), efectuada en los años cuarenta, corresponde a la peña La Sartén, formada por vecinas de Hortaleza usuarias del lavadero actual. Entre las más de treinta señoras que posan en esta emotiva imagen, de queridas mujeres abuelas y madres de familias hortalinas, se encuentran sus dos abuelas: María Freijanes y Angelita Marín.

En toda la ciudad de Madrid, no se conserva ningún recinto parecido al lavadero de Hortaleza, a pesar de que el agua
es un elemento fundamental de su historia

Este lavadero es pura historia y patrimonio de Hortaleza. Y también de Madrid, ya que no se conserva recinto siquiera parecido en una ciudad donde el agua es elemento fundamental de su historia: nos quedan fragmentos de sus viajes de agua o buena cantidad de sus fuentes vecinales u ornamentales, pero ningún lavadero tal cual, y menos en tan perfecto estado. Por otra parte, puede considerarse al lavadero, a los restos de la era de trillar de la colonia Orisa y al Silo de Huerta de la Salud como piezas capitales y únicas del pasado rural de los antiguos pueblos anexionados a mediados del siglo XX y, por tanto, del pasado rural de Madrid.

 

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