La finca de Los Almendros, una de las históricas quintas del pueblo de Hortaleza con al menos 200 años de antigüedad, puede acabar arrasada por la especulación inmobiliaria. La también conocida como Huerta de Mena, que el paso del tiempo dejó encajada entre las autopistas M-40 y M-11 en la calle Gregorio Sánchez Herráez, en el camino de Hortaleza a Las Cárcavas, desaparecerá si el Ayuntamiento acaba aprobando el Plan Especial que las propietarias de los terrenos, las Madres Adoratrices, necesitan para vender la finca a “un gran grupo empresarial” que quiere levantar nuevas oficinas en el entorno de Vía de los Poblados, una zona saturada con problemas de movilidad y carencia de transporte público. Más de 4.000 personas han firmado una petición para salvar la antigua quinta que hace un siglo, cuando fue propiedad del dramaturgo Carlos Arniches, se convirtió en un efervescente lugar de encuentro de la intelectualidad madrileña por el que pasaron casi todos los nombres más relevantes de la Generación del 27.

Como desveló el diario El País el pasado mes de noviembre, la congregación religiosa de las Adoratrices tiene un acuerdo de venta de los terrenos a una empresa (las religiosas no quieren desvelar quién es el comprador) condicionado a que el Ayuntamiento apruebe un Plan Especial que afectaría también a las dos parcelas municipales que rodean la antigua Huerta de Mena. Además de la construcción de oficinas, esos más de 80.000 metros cuadrados acogerían un equipamiento municipal por concretar, nuevos viales, algunas zonas verdes y accesos a las autopistas circundantes. Todo a costa de destruir el palacete de la finca, sus jardines y arbolado. Y podrá hacerse sin ningún inconveniente legal, porque Los Almendros carece de ningún tipo de protección.

A finales del siglo pasado, el Ayuntamiento condenó a la finca a la desaparición al recalificar el terreno con un goloso uso terciario. Ocurrió en 1997, durante la alcaldía de José María Álvarez del Manzano (Partido Popular), con la aprobación del nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Madrid. Unos años antes, la antigua Huerta de Mena ya sufrió una dolorosa amputación con la construcción de la M-40, que se llevó por delante el estanque que inspiró al poeta Rafael Alberti, asiduo visitante a la finca, algunos versos de su obra Sobre los ángeles.

La finca de Los Almendros sufrió una amputación con la construcción de la M-40, que se llevó por delante su emblemático estanque. DAVID MARTÍNEZ

Aquel mordisco al contorno de Los Almendros se produjo porque la quinta nunca figuró en el catálogo de bienes protegidos de la Comunidad de Madrid. “La explicación que me dio un catedrático que participó en la elaboración del catálogo es que no podían protegerlo todo, y eso siempre tiene un punto subjetivo, aunque se queden cosas fuera”, lamenta la arquitecta Concha Diez-Pastor, que ha pasado décadas investigando la obra de Carlos Arniches Moltó, hijo del dramaturgo dueño de la finca entre 1920 y 1930. En Huerta de Mena, Arniches Moltó aglutinaba en tertulias a sus colegas arquitectos como su padre hacía con compañeros de las letras y la intelectualidad de la época. “Allí ocurrieron cosas que son parte de nuestra historia, y tengo la convicción personal de que en la finca se fraguaron las generaciones del 25 y del 27. Casi todos sus miembros pasaron por allí, eso está confirmado. Y cómo se conocieron Alberti y Lorca, que eran de mundos diferentes, necesariamente tuvo que ser allí, porque Lorca tenía relación con Arniches Moltó”, desliza Diez Pastor, que sigue buceando en archivos para ratificar que la hipótesis de que en este rincón de Hortaleza afloró una de las épocas doradas de la cultura española.

La finca, conocida en el pueblo de Hortaleza como Huerto de Mena, en una imagen aérea en los años 60.

UNA «JOYA URBANÍSTICA»

Además de su relevancia cultural e histórica, Diez Pastor destaca la singularidad paisajística de la finca de Los Almendros, una “joya urbanística” que milagrosamente ha sobrevivido incrustada dentro de la ciudad. “Que la puedan echar abajo me parece tan terrible como si me dijeran que se fuera a hacer con la Alameda de Osuna”, proclama la arquitecta. Sobre el valor patrimonial del palacete, Diez Pastor es más cauta, porque ni ella ni ningún experto ajeno a la propiedad ha podido acceder a la finca, que está cerrada a cal y canto, vigilada por un guardés, desde 2012, cuando cerró el centro terapéutico para mujeres que las Adoratrices mantenían en Los Almendros con financiación de la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid, que no esquivó los recortes que impuso la crisis entonces.

Ningún experto ajeno a la propiedad ha podido acceder a la finca, cerrada a cal y canto, para estudiar su valor patrimonial

Joseba Barron-Arniches, bisnieto del dramaturgo, ha sido una excepción. Este médico bilbaíno, hijo de la custodia de la obra y archivos de Arniches, viajó el año pasado a Hortaleza para conocer la antigua propiedad familiar. “Llamamos y dije: somos descendientes de Carlos Arniches, y el guardés nos dejó pasar”, cuenta todavía asombrado. “Aquello no es una finca, es un pueblo que tiene plazas, avenidas, casas señoriales…”, describe Barron-Arniches para defender la preservación de la quinta. “Supone recuperar la memoria de lo que fuimos como país. Lo que tiene que hacer el Ayuntamiento es cogerlo, puede sacarle un rendimiento impresionante como espacio cultural, porque por allí pasaría cualquier persona interesada en la literatura”, apostilla.

RECHAZO VECINAL

El Ayuntamiento de Madrid gobernado por PP y Ciudadanos no tiene intención de salvar Los Almendros. El Área de Desarrollo Urbano que dirige el concejal Mariano Fuentes (Ciudadanos) ha mantenido encuentros con los promotores de las futuras oficinas que han alentado la venta de la finca, asegura a este periódico Ignacio Louvelle, abogado de la congregación de las Adoratrices. El proceso se encuentra en una preliminar fase de documentación, y desde el Consistorio aseguran que no tienen noticias de los enigmáticos futuros propietarios de Los Almendros.

El abogado de las Adoratrices justifica la operación para sufragar los proyectos sociales asistenciales de la congregación, y califica como “estéril” el rechazo vecinal que ha empezado a generar el proyecto, porque en su opinión no hay nada en la finca digno de ser conservado. Lo cuestiona Rosa Domínguez, portavoz de la plataforma Salvar Hortaleza, que ya consiguió tumbar el macrogimnasio que pretendía destruir los centenarios edificios de la plaza de la Iglesia del antiguo pueblo. “El patrimonio cultural no es lo que unas personas consideran, dentro de despachos, en función de criterios estéticos o de intereses inmobiliarios, sino lo que la ciudadanía decide, porque es quien vive y se relaciona con esos espacios, les dota de significados”, proclama esta arqueóloga hortalina.

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