El enfoque de desarrollo de la ciudad de Madrid, desde hace algunas décadas, ha consistido en la apuesta por un modelo de crecimiento basado en la expansión territorial. Hortaleza, de hecho, fue absorbida por Madrid en 1949 fruto de este proceso.

La expansión ha tenido lugar tanto horizontal como verticalmente. La construcción, cuyo derrumbe en el año 2008 provocaría un aumento obsceno de la desigualdad en la urbe, fue el sector al que las entidades públicas se volvieron adictas. No es el objeto de este artículo hablar de la burbuja inmobiliaria, de cómo la intervención de la administración municipal y autonómica fue necesaria para su desarrollo, de cómo los cargos públicos se llenaron los bolsillos a costa de hipotecar la vida de miles de personas, ni de cómo, una vez capeado el temporal de mala manera, las mismas empresas que habían disfrutado de un trato de favor en los años del boom del ladrillo, en vez de irse a pique como resultado de sus malas artes, asumieron el mando de los servicios, antes públicos que, en nombre de la austeridad, iban siendo poco a poco desmantelados.

Este artículo habla sobre lo que está sucediendo este mismo año en Hortaleza y de cómo la adicción de los planificadores urbanos a la construcción no ha desaparecido.

MACROPARKING DE MAR DE CRISTAL

Hace unos meses saltaba la liebre cuando desde distintas organizaciones vecinales se denunciaba que el Ayuntamiento pretendía la construcción de un macroparking en la zona de Mar de Cristal. Saltaba, en primer lugar, ya que se trataba de un fuerte agravio comparativo. Ciudadanos, el partido cuyo voto fue tan necesario para evitar un proyecto similar en la zona del Retiro, en Hortaleza no mostraba rechazo a este parking del que apenas han trascendido detalles.

Parcela junto a la glorieta de Mar de Cristal donde el Ayuntamiento pretende construir un aparcamiento disuasorio. DAVID MARTÍNEZ

En segundo lugar, Hortaleza, un distrito con un enorme tejido social, ha recordado a los responsables municipales que, en el año 2017, se votó de forma participativa (con un 77% de apoyo) transformar la zona de ubicación del supuesto macroparking en un espacio verde, de ocio y reunión para vecinos y vecinas.

Por último, se pone el grito en el cielo ya que se considera una obra de estas características no traerá nada bueno al barrio: no existe necesidad de construir más aparcamientos en la zona, contribuirá a aumentar el tráfico, perjudicando la movilidad y el aire en una zona en la que encontramos el instituto público Gabriel García Márquez, el centro de especialidades Emigrantes y la sede del Instituto de Salud Pública del Ayuntamiento de Madrid. Es decir, un parking encima de un colegio y dos centros de salud.

HORTALEZA EN LA TRANSFORMACIÓN DE MADRID

Parece, por lo tanto, que el parking responderá a otras necesidades. En principio, parece acompañar al proceso de transformación de la urbe que ha supuesto la introducción de Madrid Central como política estrella del anterior equipo municipal, continuado de la mano de Madrid 360, estrategias ambas enfocadas a mejorar la calidad del aire en la ciudad. En efecto, la construcción del macroparking comentado se enmarca en un proyecto de construcción de 15 aparcamientos “disuasorios” a lo largo de la ciudad de Madrid. El distrito de Hortaleza albergaría cuatro de estos aparcamientos: Fuente de la Mora, Palomas, Valdebebas y Mar de Cristal.

La desconfianza se debe a un modelo que no apuesta ni por la vida ni por la participación de las gentes en las decisiones políticas

Parece ser una razón noble, ¿por qué los vecinos se oponen a ella? Desde nuestro punto de vista, la molestia y desconfianza se debe a la toma de conciencia respecto a un modelo que no apuesta ni por la vida ni por la participación de las gentes en las decisiones políticas.

¿Hablamos de un Madrid que continúa el sendero de hacer de la construcción motor de la ciudad? En este caso, consideramos que la construcción de parkings en Hortaleza viene a reflejar cuestiones de un calado aún mayor: la implantación completa de un modelo de orientación neoliberal de la gestión de los espacios, en los que el espacio público es sistemáticamente cercenado, mientras que los costes de las grandes empresas se socializan. En Madrid proliferan, en definitiva, espacios de primer y segundo orden.

HORTALEZA EN LUCHA: LAS EMPRESAS O LA GENTE

Este modelo de crecimiento de Madrid, que nos afecta directamente al formar parte el barrio de Hortaleza de la maltratada periferia, nos está mostrando el carácter innato de las instituciones. Basta con detenernos un poco a analizarlo. El papel de todas las instituciones responsables de la planificación de nuestro distrito ha sido defender intereses contrarios a los de los vecinos, regalar el barrio a grandes empresas privadas y hacer, de forma humillante, de escuderos de estas empresas.

Un ejemplo de esto último es el papel del Ayuntamiento en la parcela cedida a Iberdrola al lado del colegio público Juan Zaragüeta: se concede con agostidad y ocultismo, la multinacional se niega a dar explicaciones y remite al Ayuntamiento, que, servicial, sale a dar las excusas pertinentes, escudándose en la legalidad con un ya típico: “Lo sentimos mucho, no volverá a ocurrir”.

Aparcamiento de Iberdrola sobre una parcela municipal aledaña al colegio público Juan Zaragüeta. DAVID NAVARRO

Se revela, de nuevo, a qué fines parece estar orientado el trabajo de las instituciones. Una vez hemos visto qué acciones se están llevando a cabo, ¿qué observamos cuando atendemos al factor económico? Pues bien, los vecinos y vecinas de Hortaleza pagamos (con dinero y suelo públicos) los equipamientos, y las empresas mencionadas se llevan el beneficio del negocio. La maniobra tiene un nombre sencillo: robo. Es más, no es un robo al uso. Las empresas nos están robando sin mancharse las manos, porque ya lo hace la administración por ellas.

ADICCIÓN A LOS PARKINGS

Ya no se construyen viviendas sin ton ni son, ha pasado de moda. La burbuja inmobiliaria nos dejó un país con 3,5 millones de viviendas vacías (en el caso de Madrid, este disparate alcanzó el 10% de la vivienda construida en el año 2011). Paralelamente, miles de personas fueron expulsadas de sus viviendas. Nadie ha pagado por esto, ni las empresas ni el Estado. Ahora, como la construcción de vivienda ya no parece dar tanta rentabilidad (se lleva más la especulación con el alquiler y la cesión de vivienda vacía a fondos buitre) es momento de diversificar las inversiones, con nuevas formas de condenar los barrios. Del ladrillo al asfalto.

Ha llegado la hora de los parkings sin ton ni son. Al Ayuntamiento de Madrid no le ha bastado con los parkings disuasorios planeados para Hortaleza en Madrid Central. No les ha bastado con considerar nuestro barrio las “afueras” y traernos los coches que sobran en el centro. Tampoco parece suficiente inundarlo del humo y los vehículos de empleados de las empresas ubicadas en Vía de los Poblados-Ribera del Loira, que ni tan siquiera se hacen cargo del transporte de su personal.

Al nuevo Ejecutivo de PP y Ciudadanos se le ha ocurrido añadir el famoso macroparking de Mar de Cristal a la lista. De propina, el ya mencionado parking privado de Iberdrola en un terreno público al lado del colegio Juan Zaragüeta. Y si no fuera por el movimiento vecinal organizado, tendríamos en proyecto otro en pleno casco histórico de Hortaleza, donde Ingesport pretendía construir otro aparcamiento de 300 plazas derribando bodegas históricas bajo el frustrado gimnasio en la centenaria plaza de la Iglesia de Hortaleza.

El proyecto institucional para nuestro distrito es muy nítido: un crecimiento desmedido sin ningún objetivo más allá del negocio

Está claro que aquí existen dos modelos de Hortaleza. Por un lado vemos la Hortaleza de las empresas y sus instituciones. Y es importante hacer aquí un paréntesis. Hablamos de instituciones porque, a pesar de que a ellas han llegado partidos con intención de suavizar el proceso y partidos con intención de acelerarlo, éstas siempre han representado ese proceso: la utilización del barrio para los negocios del capital (de forma más o menos intensa).

El proyecto institucional para nuestro distrito es muy nítido y todos lo hemos vivido: barrios obreros periféricos e incomunicados, la chapuza del proyecto de la UVA, parkings y más parkings, complejos empresariales como el de Cristalia (con presencia en la zona del fondo buitre Blackstone), la M-40 pegada a San Lorenzo y Parque de Santa María, la burbuja inmobiliaria en Sanchinarro y Valdebebas, la Operación Chamartín (mayor pelotazo urbanístico de Europa) y, en definitiva, un crecimiento desmedido sin ningún objetivo más allá del negocio.

La otra Hortaleza es, sin duda, la que representa el movimiento vecinal. La que no mira por el negocio de unos pocos, sino por la vida de todos y todas. Hay que dejar claro que esta Hortaleza siempre ha existido y ha luchado durante décadas arrancando conquistas, fiel a un proyecto diferente al institucional. Nosotros no engañamos a nadie, nos posicionamos claramente del lado del proyecto vecinal. En Hortaleza necesitamos la Casa de las Asociaciones, centros culturales, proteger y revitalizar el casco histórico, construir colegios pendientes y necesarios (aún estamos esperando, pero no son parkings), invertir en sanidad pública y en nuestros centros de atención primaria, espacios para la juventud y para nuestros mayores, mejores comunicaciones, como Metro y Cercanías o carriles bici, entre otras muchas cosas.

Necesitamos, en definitiva, que se apueste por un barrio lleno de vida, actividad y bienestar. Siempre ha habido dos modelos para el barrio. La Hortaleza de las empresas y sus instituciones y la Hortaleza de los vecinos y vecinas que vivimos y trabajamos en ella. O la nuestra o la suya.

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