En Hortaleza somos muy barrionalistas. Aquí fue donde acuñamos ese término, extendido ya en toda España, que define el apego por rincones de las grandes ciudades con idiosincrasia propia y orgullosos de sí mismos. Para muchos, más que el escenario de nuestras vidas, Hortaleza es el lugar sobre el que gira el universo. Porque con nuestro barrio exageramos hasta el paroxismo. Aunque para hipérbole, la de Santiago Abascal el pasado lunes en el televisado debate electoral entre candidatos a la presidencia del Gobierno:

Yo vivo en un barrio popular de Madrid, en el barrio de Hortaleza, y cada vez que salgo a la calle, y ahí hay un centro de menas, me encuentro con mujeres que me vienen a contar que los policías les dicen que no salgan con joyas a la calle; con madres preocupadas porque sus hijas llegan por la noche y tienen miedo de ser asaltadas, con trabajadoras de ese centro de menas que dicen que las inversiones que han sido allí han sido destruidas por quienes viven en el centro”.

Todos los barrionalistas hablamos de nuestro barrio a la mínima oportunidad. Santiago Abascal reside en el distrito y habló de Hortaleza en el debate electoral. Pero lejos de presumir de barrio, lo común entre los hortalinos, el líder de Vox optó por presentarlo ante una audiencia millonaria como un barrio sin ley donde las mujeres viven recluidas en sus hogares.

Abascal podía haber ejercido de buen embajador, poniendo en valor ante toda España al barrio que organizó la primera manifestación autorizada en Madrid tras la muerte de Franco, el mismo que se rebeló contra la privatización de una Cabalgata de Reyes que ha convertido en un precioso y multitudinario ejemplo de participación vecinal.

También que Hortaleza es el barrio del jazz, del rugby, del reciclaje comunitario y del fútbol femenino. El barrio de los Porretas y de Luis Aragonés. Y de un tenaz vecindario procedente de mil lugares que hace décadas empezó a asentarse en uno de los olvidados confines de la capital, un pedazo del extrarradio sin colegios, ambulatorios y con calles sin asfaltar, hasta transformarlo en una de las zonas más acogedoras, verdes y apacibles de la ciudad.

Abascal, sin embargo, prefirió dibujar Hortaleza como un peligroso y decadente Baltimore mesetario: una caricatura grotesca de lo que realmente somos.

Hortaleza es el barrio del jazz, del rugby, del reciclaje comunitario y del fútbol femenino, pero Abascal optó por presentarlo como un barrio sin ley donde las mujeres viven recluidas en sus hogares

El líder de Vox habló del miedo de la gente, y nadie niega que parte del vecindario tiene temor a los menores más conflictivos que pasan por el Centro de Primera Acogida de Hortaleza, aunque lo que dijo Abascal era una verdad a medias, de esas que bordaba su mentora, amiga y conseguidora de empleo Esperanza Aguirre.

Sí, en Hortaleza hay mujeres y hombres, familias enteras, que tienen miedo a estos jóvenes, rehuyen el entorno del parque Isabel Clara Eugenia y están cansados de vivir con una cotidiana sensación de inseguridad. Es la única parte de verdad en las palabras de Abascal, porque el resto escondían falacias.

Para empezar, Abascal se refirió a un “centro de menas”, acrónimo de menores extranjeros no acompañados, cuando el Centro de Primera Acogida de Hortaleza ofrece atención y techo a menores con independencia de su origen y nacionalidad.

Allí conviven actualmente magrebíes y subsaharianos con venezolanos en busca de asilo y, por supuesto, adolescentes españoles, jóvenes madrileños que llegan al centro para ponerse a salvo tras sufrir abusos o maltrato en sus hogares. Porque eso es el Centro de Primera Acogida: un recurso, el único de este tipo en toda la Comunidad de Madrid, destinado a atender temporalmente a chavales en situación de urgencia cuando no tienen a nadie que pueda cuidarles. La alternativa sería abandonarles en la calle.

Para abordar el complejísimo problema que envuelve este centro no basta con la breve y electoralista alusión de Abascal durante el debate electoral. Además, el candidato de Vox a la presidencia del Gobierno omitió información necesaria para entender mejor lo que ocurre en Hortaleza.

El Centro de Primera Acogida de Hortaleza, con apenas 35 plazas, llegó a tener el año pasado a 150 jóvenes hacinados y durmiendo en colchonetas por el suelo

Lo que no contó Abascal es que la tutela de esos menores es de la Comunidad de Madrid, cuyo gobierno actual sustenta Vox con su apoyo, y que los sucesivos ejecutivos regionales del Partido Popular, en los que Abascal ocupó suculentos puestos de libre designación entre 2010 y 2013, son los máximos responsables de la deriva del Centro de Primera Acogida de Menores de Hortaleza.

Tampoco contó Abascal que la red de acogida de menores de la Comunidad de Madrid ha perdido desde 2012 hasta 300 plazas en los recursos específicos a los que se derivaba a los chavales que pasan por Hortaleza. Un recorte que repercute en la situación del centro de nuestro distrito generando un angustioso embudo. El Centro de Primera Acogida de Menores de Hortaleza, con apenas 35 plazas, llegó a tener el año pasado a 150 jóvenes hacinados y durmiendo en colchonetas por el suelo. Todavía hoy siguen superando el centenar.

Si Abascal hubiese hablado realmente con los trabajadores y educadores del centro, estos le habrían dicho lo que llevan repitiendo desde hace años: faltan recursos de todo tipo, sobre todo para atender a los menores con problemas de conducta o adicciones.

También que este tipo de jóvenes siempre representan una minoría frente a los que quieren tener una vida normal. Chicos y chicas adolescentes que todas las semanas acuden a Radio Enlace a hacer el programa Tarde entre colegas, han visitado estos días la Feria de la Educación SIMO en Ifema y esperan recibir a la Fundación Real Madrid el próximo martes en el centro ubicado en la plaza de Santos de la Humosa.

Lo que no contó Abascal es que la tutela de esos menores es de la Comunidad de Madrid, cuyo gobierno actual sustenta Vox con su apoyo

Según Abascal los policías piden a las vecinas de Hortaleza que no salgan a la calle con joyas. También hay agentes que trabajan contra los delitos de odio y se llevan las manos a la cabeza cuando escuchan los mensajes contra la inmigración que dirigentes de Vox como Javier Ortega Smith o Rocío Monasterio han pronunciado en la puerta del centro de menores (Spoiler: Monasterio grabó en Hortaleza un vídeo propagandístico donde aparentaba conversar con algunos vecinos afectados, aunque la mayoría eran activos militantes de Vox en el barrio).

Abascal habló de Hortaleza durante el debate electoral con un único propósito: ganar votos a costa de los problemas de su vecindario y de mancillar la imagen del barrio ante casi nueve millones de espectadores que asociarán nuestras calles a la delincuencia y a la xenofobia, ignorando que el líder de Vox trota tranquilamente por ellas haciendo running sin necesidad tan siquiera de escolta. Y hablamos de alguien que vivió amenazado y durante años ha paseado con una pistola bajo el brazo.

 

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