El Centro de Primera Acogida de Hortaleza debería ser un oasis para aquellos jóvenes que han pasado por el infierno. Por este equipamiento del parque Isabel Clara Eugenia, el único de toda la Comunidad de Madrid destinado a menores de entre 15 y 18 años en situación de urgencia, pasan adolescentes que han huido de la guerra, han sobrevivido a una travesía el desierto o que se lanzan al mar sin saber si alcanzarán una costa.

También a jóvenes que provienen de hogares cercanos en los que no se puede vivir, como menores que sufren abusos o que son maltratados, incluso aquellos cuyas vidas corren peligro en el nido familiar. Aunque algunos tampoco tienen familia, y por eso acaban en el Centro de Primera Acogida. Porque todos merecen una oportunidad, y el edificio de la glorieta de Santos de la Humosa es el lugar donde pueden volver a empezar.

El centro debería ser el espacio donde los chavales, que llegan frecuentemente con estrés postraumático, encuentren afecto, tranquilidad y empatía en un entorno de cuidados. Desde hace meses, sin embargo, con lo que se topa un menor en el Centro de Primera Acogida de Hortaleza es un “almacén” de adolescentes donde se duerme en colchones tirados en el suelo de los pasillos por falta de espacio, como describe una educadora del centro al borde de un ataque de nervios.

No es para menos: lleva más de medio año soportando una situación límite por la frustración de sentirse permanentemente desbordada en su trabajo.

ESTRÉS Y ANSIEDAD

A pesar de los envites, esta trabajadora resiste, mientras muchos de sus compañeros han sucumbido durante los últimos meses. El Centro de Primera Acogida de Hortaleza ha acumulado 45 bajas a lo largo de 2018. Una cifra inaudita.

El centro de Hortaleza contaba hace unos meses con 35 plazas, pero ha llegado a tener a más de 150 chavales durante este otoño: cuatro veces su capacidad

“Es que vas a trabajar como quien va a la guerra. Ha caído gente muy veterana y profesional que nunca había tenido ansiedad, pero que ahora ha regresado a casa llorando hasta la madrugada. No le importamos a nadie”, lamenta otro educador que califica la situación del centro como “un polvorín” por el hacinamiento de los jóvenes. De nada han servido los refuerzos de plantilla, porque la masificación se ha convertido en crónica.

El centro de Hortaleza contaba hace unos meses con 35 plazas, pero ha llegado a tener a más de 150 chavales durante este otoño: cuatro veces su capacidad. La situación no es nueva, porque los trabajadores llevan años alertando de los recortes en la red de acogida, lo que provoca un embudo. Tampoco ayuda que la Fiscalía que certifica la edad de los menores se encuentre desbordada, lo que multiplica la duración de estancias.

RECORTES DE PLAZAS

Los jóvenes que llegan a Hortaleza no deberían pasar mucho tiempo en el centro, ya que allí se evalúa su situación para derivarles a otros recursos de la red de acogida adaptados a su necesidades. Pero cada vez hay menos sitios en los que comenzar una nueva vida.

“Desde 2012 se han recortado 300 plazas”, denuncia la diputada regional de Podemos Isabel Serra, que reprocha al Gobierno de la Comunidad de Madrid no haber hecho “absolutamente nada” desde que el pasado mes de septiembre trascendieron las imágenes de adolescentes durmiendo hacinados en el suelo.

La consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, de la que depende el centro, niega las acusaciones de la diputada. “El nivel de ocupación en Hortaleza ha bajado bastante gracias a la creación de casi 150 plazas nuevas a través de entidades, y se han ampliado las de Hortaleza”, asegura una portavoz que alude al acuerdo alcanzado con los sindicatos el pasado mes de noviembre para aumentar las camas en el Centro de Primera Acogida y en el próximo Centro de Acogida de Menores Isabel Clara Eugenia. Una solución que para muchos trabajadores es un “parche” que no soluciona el problema.

UN «GALLINERO» SIN LICENCIA

El pasado verano, ante el incremento de llegadas de menores no acompañados a España, el centro registró un repunte de ocupación. Entonces, la consejería habilitó una planta del Centro de Salud Mental de Hortaleza, situado también en el parque Isabel Clara Eugenia, para que allí pernoctaran 40 jóvenes a diario.

Los educadores lo bautizaron como “el gallinero”. Como publicó este periódico el pasado mes de octubre haciéndose eco de la denuncia de los trabajadores, ese espacio tenía carencias de seguridad. Tras la publicación de la noticia, el Ayuntamiento de Madrid realizó una inspección para evaluar si el espacio se ajustaba a normativa. Las conclusiones del informe técnico fueron tajantes: los menores dormían en un lugar sin licencia de funcionamiento y sin las necesarios salidas de evacuación.

La consejería habilitó un espacio sin licencia de funcionamiento ni salidas de evacuación para que pernoctaran 40 jóvenes a diario

Los funcionarios municipales aconsejaron a la Comunidad de Madrid la clausura de todo el edificio, y la Consejería no tardó en trasladar a los adolescentes al contiguo Centro de Menores Isabel Clara Eugenia, donde se acoge a los menores de 14 años, provocando a su vez que se reubicara el espacio dedicado a los bebés en esta instalación.

La consejera de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, Lola Moreno, negó entonces que se hubiera puesto en peligro a los adolescentes. “Cumplía con todos los requisitos. No es ni una tienda de campaña, ni una sala de espera de una comisaría, ni un cortijo en mitad del campo”, afirmó en una comparecencia en la Asamblea de Madrid.

La saturación del centro de Hortaleza, sin embargo, expone a los menores a todo tipo de peligros. A finales de noviembre, por ejemplo, operarios del Ayuntamiento tuvieron que acudir al centro a retirar colchones para evitar contagios de sarna tras el ingresado de algunos jóvenes con esta infección.

SIN ALTERNATIVAS

En septiembre, el Ayuntamiento de Madrid ofreció el Palacio Valdés, ubicado en el municipio de Tres Cantos, al Gobierno regional de Ángel Garrido para desahogar la situación en Hortaleza. Un ofrecimiento que aceptó la Comunidad de Madrid, pero no el alcalde de Tres Cantos, Jesús Moreno, del Partido Popular, al considerar que no existía una “situación extraordinaria” que justificara el traslado de los menores a su localidad. A finales de octubre, la Comunidad de Madrid descartó definitivamente el Palacio Valdés por “carecer de las condiciones adecuadas”, en palabras del presidente Garrido.

Desde entonces, la Comunidad de Madrid ha intentado buscar otros emplazamientos. Por ejemplo, llevar a 40 menores al municipio serrano de Somosierra, a casi 90 kilómetros de la capital, situado en los confines de la región y con apenas 77 habitantes. Un plan que se ha topado con el rechazo de la localidad.

Una reacción similar a la que generó la noticia de que algunos menores del centro de Hortaleza podrían ir a la residencia del instituto San Fernando del distrito de Fuencarral-El Pardo. Algunas familias del alumnado se rebelaron considerando la decisión “un atropello”. Mientras tanto, en Hortaleza permanecen más de un centenar de jóvenes en un centro que, a pesar del aumento de plazas, sigue al 200% de su capacidad.

Este otoño, llegó al centro una chica transgénero a la que otros chavales recibieron agrediéndola. La menor no aguantó dentro ni dos días, y tuvo que regresar al domicilio del que huía, donde su familia pretende “sanarla” con brujería.

“Son chicos que tienen los mismos derechos que cualquier otro, es una situación de emergencia”, defiende la diputada Serra, que reclama al Gobierno regional más recursos y dotación presupuestaria para detener la degradación de la convivencia en el centro de Hortaleza, al que algunos trabajadores sociales optan por no llevar a jóvenes ante el temor de lo que se pueden encontrar allí dentro.

Para algunos, puede ser una pesadilla. Este otoño, llegó al centro una chica transgénero, a la que otros chavales recibieron agrediéndola. La menor no aguantó dentro ni dos días, y tuvo que regresar al domicilio del que huía, donde su familia pretende “sanarla” con brujería.

 

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