“El tiempo pasa y yo sigo aquí” Andanada 7

Aunque fueran los Sex Pistols la primera explosión punk cuya onda expansiva llegara a las habitaciones de miles de adolescentes, realmente aquellas melodías disonantes, afiladas y aceleradas llevaban fraguándose en cuartos, sótanos y todo tipo de antros desde principios de los setenta. En Nueva York, Detroit, Londres, Cornellá o Lima, jóvenes aprendían a tocar sus instrumentos mientras rellenaban folios con letras que hablaban del aburrimiento que les producía el mundo de sus padres. Esta rebeldía primigenia e instintiva transformada en ruido comenzó a materializarse en conciertos en pequeñas salas o residencias estudiantiles, así como en casetes regrabados una y otra vez.

Mientras esto ocurría, Hortaleza crecía de forma vertiginosa con las vecinas provenientes de la migración rural y las expulsadas del centro de Madrid por el encarecimiento del precio de la vivienda o por las grandes infraestructuras puestas en marcha, como la M-30. Los barrios de Esperanza o Villa Rosa se levantan durante esta década de los setenta, sumándose a los que ya empezaron a construirse unos años antes (San Lorenzo, Orisa o San Miguel). De esta forma, Hortaleza va perdiendo poco a poco su carácter rural y se transforma en parte de la periferia de la capital del nuevo reino, donde los mismos planos arquitectónicos se utilizan para levantar calles enteras también en Vallekas o Carabanchel. El sábado 13 de marzo de 1976 partió desde Villa Rosa la primera manifestación autorizada en Madrid tras la muerte del dictador. La marcha recorrió la Carretera de Canillas con una sola pancarta, “Basta de atascos y baches, queremos accesos”, y se convirtió en la primera de las muchas protestas que tuvieron lugar en Hortaleza, un barrio donde las torres de pisos y las dotaciones públicas no fueron creciendo a la par.

Por ello, diferentes protestas vecinales se repetirían a lo largo de estos años para exigir escuelas públicas, el asfaltado de las calles, más y mejor transporte público o el fin del chabolismo, creando un tejido asociativo sólido con una lección aprendida: tan solo recorriendo el camino de la lucha social se consiguen mejoras en nuestras condiciones de vida. En este contexto, irrumpe por primera vez una numerosa generación de jóvenes que comienza a hacer suya estas calles. Y, aunque los primeros sonidos que formarían parte de su propia banda sonora serían los del pop, la rumba flamenca y el rock de barrio, es inevitable que, más adelante, parte de ellos se identificaran con el carácter urbano, el mensaje rupturista y la velocidad endiablada del punk.

En Hortaleza, la primera manifestación punk pública de relevancia documentada es el accidentado concierto del grupo gallego Siniestro Total, celebrado dentro de la Semana de la Juventud, en 1982. En el primer número del fanzine BOE, se puede leer la respuesta de Miguel Costas, en ese momento guitarra de la banda y posteriormente cantante y guitarra hasta 1994, a las preguntas de Felipe Correa, vecino de Parque de Santa María: «En aquellos años, lo normal es que cuando a la peña le gustaba un concierto te escupieran, se subieran al escenario, se tiraran luego al público y demás, pero siempre dentro de la diversión. Aquel día había gente con cascos de moto entre el publico, y punks de todo tipo, nada más empezar el concierto, se desmadró todo dios, se montaron varias trifulcas y la cosa se tornó peligrosa, yo creo que estuvimos unos 20 minutos en el escenario, empezaron a llover objetos y optamos por la retirada, cosa que enfureció más a la peña y se montó una batalla campal y empezaron a llegar coches de policía, solo recuerdo una cantidad igual en la película de los Blues Brothers, en fin, un concierto breve pero histórico».

Crónica en el diario ‘El País’ del tumultuoso concierto de Siniestro Total en Hortaleza de 1982.

Este fanzine también recoge la versión de dos vecinos del barrio que se encontraban presentes aquel día, Luis Aragoneses y Ángel Correa: “Fue por las Fiestas de Hortaleza, no me acuerdo de qué año. Se hacían en un descampado, donde está ahora la Gran Vía de Hortaleza, a la altura de la rotonda de la academia de la policía nacional. Ponían un escenario bastante grande (o eso me parecía a mi), mirando hacia López de Hoyos, y también una calle con las típicas casetas y atracciones de feria. El concierto fue por la noche y antes del concierto, además de la gente del barrio, llegaron un montón de punkis de todo Madrid. Yo alucinaba con las pintas del personal con las crestas de colores, chupas de cuero, pantalones de cuadros escoceses y de pantera, cadenas y botas militares. Me acuerdo de uno que llegó con una moto cutre sin guardabarros, a escape libre, con una chupa de cuero roja y estuvo dándose pasadas con la moto, mientras el personal le jaleaba. El concierto no duró nada, no me acuerdo si llegaron a tocar más de una canción. Los de las filas de delante empezaron a escupir, y los de Siniestro yo creo que se acojonaron un poco porque vieron que el ambiente estaba demasiado punki. No sé por qué, pero de repente volaron las litronas en todas las direcciones, y empezaron a tirarse las vallas qué estaban en la parte de delante del escenario. Salimos corriendo todo el mundo, porque veíamos que alguno acababa con la cabeza abierta y los de Siniestro se fueron del escenario porque la cosa se ponía cruda. Nos alejamos del escenario y al rato llegaron las lecheras de la policía, y se vieron unas cuantas carreras. Nos quedamos un rato a ver si empezaba de nuevo el concierto, pero como no se veía movimiento, nos fuimos”.

Cuatro años más tarde, otra vez en la Semana de la Juventud de Hortaleza, tocaron Barricada, que aun siendo un grupo más próximo al rock duro, ha congregado siempre a su alrededor a un buen número de seguidores punks y este concierto no iba a ser una excepción. En el documental de Porretas, 20 y serenos, Enrique Villarreal, más conocido como ‘El Drogas‘, cantante y bajista de Barricada, comenta como se encontraba el auditorio completamente vacío hasta que empiezan a tocar la canción ‘Okupación’, momento en el que se produce una invasión del recinto que se llena por completo de jóvenes colándose. En esta época, Bode del grupo Porretas y otros tantos vecinos cuentan como, salvo excepciones, no hay casi jóvenes que se autodenominen punks sino que, al final, se encuentra todo muy mezclado: unos y otros escuchan tanto bandas de rock como de heavy metal o de punk, y comparten todos los mismos espacios, sobre todo, los mismos bares.

Entrada del concierto de Barricada en Hortaleza de 1986.

Las bandas de rock como Leño o Barricada eran más accesibles al ser algo más conocidas y, por tanto, las primeras que escuchaban, pero estos jóvenes no tardarían en conocer a grupos como La Polla Records u Olor a Sobako. Óscar ‘Oso’, de Efectos Sekundarios, en las entrevistas realizadas para el documental Lo que hicimos fue secreto, dirigido por otro vecino de Hortaleza, David Álvarez, comentó lo siguiente: “Bueno, yo soy de Hortaleza, y Hortaleza es un barrio de rock’n’roll. En Madrid siempre ha habido… Había más garitos heavys y punkis en Hortaleza sólo que en todo Madrid junto. Y de pequeño he chupado rock’n’roll, hasta… Pues porque sí, porque Hortaleza era rock’n’roll. El tema es que empezamos a conocer a gente que te traía música de otros lados, que si La Polla que si tal, y empezamos a… Porque nosotros éramos heavys. La peña de mi barrio y tal éramos todos unos heavys más que el diablo. Y hasta que empezamos a escuchar punk éramos heavys, pero éramos heavys de otro rollo. No éramos… Y ya empezamos a ser punkarras. Conocimos a los Petra de Fenetra, que también son del barrio, y empezamos a parar juntos, tal…Y ahí empezamos ya a ser pues… el este (east end)”.

“No hacía falta ir al centro de fiesta, desde que salías por la tarde podías encadenar media docena de bares, cuando cerraban uno te ibas a otro y así hasta que se hacía de día”

En las diferentes entrevistas realizadas, nadie ha hecho mención a la conocida como Movida madrileña, ni como influencia ni como partícipes de aquello, lo cual nos hace entender que, en los barrios de la periferia, la juventud encontró diferentes caminos de expresión musical y cultural. A mediados de esta década de los ochenta, nacen en Hortaleza dos de los grupos con mayor repercusión, Porretas y Andanada 7. Aunque con un sonido y trayectorias diferentes, comparten una dialéctica de barrio y una camaradería que les hace coincidir, unos años más tarde, con un concierto en un lugar poco habitual como son los locales de la parroquia de San Martín de Porres, en la UVA de Hortaleza, gracias a la disposición del cura Gaby a organizar diferentes actividades con los jóvenes del barrio.

En este concierto, Andanada 7 ya tenía su primer trabajo en la calle, Esperando a la muerte, y Porretas acababa de grabar su primera maqueta. Posteriormente, Porretas volvería a organizar un concierto en la iglesia. Lo recordaron en un artículo en El Mundo escrito por Ray Sánchez: “Menudo follón se montó, hubo hasta una manifestación. Necesitábamos dinero para grabar nuestro primer disco y pusimos precio a la entrada: 300 pesetas con una litrona de regalo. Y los cabrones de los colegas se indignaron, no querían pagar. Al final entraron todos gratis y encima se bebieron los litros». También entre finales de los ochenta y principios de los noventa, SDO 100% Vegetal editarían su primera maqueta y sus dos LPs, el primero de ellos sería la tercera referencia del mítico sello Potencial Hardcore y en la dirección de contacto figuraba un piso en Esperanza.

Durante este segunda mitad de la década de los ochenta y gran parte de los noventa, las diferentes personas entrevistadas también recalcan la cantidad de bares que servían como punto de encuentro para la juventud y donde se podían escuchar tanto grupos de rock como de heavy metal y punk. Desde la bodega La Cobela, que abría sus puertas en 1987 en la calle Trefacio, en Villa Rosa, regentada por José Cobela, el ‘Bode’, guitarrista de los Porretas, hasta un sin fin de pequeños bares que desde Canillas a San Lorenzo, pasando también por Villa Rosa, que creaban una red de garitos que posibilitaban que “no hacía falta ir al centro de fiesta, desde que salías por la tarde podías encadenar media docena de bares, cuando cerraban uno te ibas a otro y así hasta que se hacía de día”.

El Irlandés, El Marce o El Alambique fueron algunos de estos lugares. Este amplio listado de bares se mantuvo hasta finales de los noventa. En los años 2000 aguantó alguno, como el Stop, pero no llegó a alcanzar el número de aquella época que hacía que Hortaleza fuera un punto de referencia para salir de fiesta dentro de Madrid, dejándose caer por el barrio muchos de los protagonistas de la escena nacional del rock cuando venían a la ciudad, como Robe Iniesta, de Extremoduro, por ejemplo. Otro concierto de Porretas mítico en Hortaleza, del que se ha hablado en más de una de nuestras conversaciones, tuvo lugar en las fiestas de Villa Rosa, en 1990 o 1991. Estas fiestas, organizadas por la asociación vecinal del barrio, se celebraban una semana después de las Fiestas de Hortaleza del Pinar del Rey. El concierto reunió a mucha gente joven que acabó llena del polvo producido por la mezcla letal de tierra y pogos.

Interior de la bodega La Cobela de Villa Rosa, con José Cobela, ‘el Bode’, su propietario, a la derecha de la imagen.

En el verano de 1991, nace otro de los grupos más célebres del barrio y con la actitud, sonido y estética más punk de esta época, los Petra de Fenetra. Aunque no provenían todos de Hortaleza, Dani, guitarrista de la banda, vivía en la UVA y fue en este barrio donde ensayaron y grabaron su primer trabajo, una maqueta con nueve temas que, en 1993, editaría en formato casete Potencial Hardcore, Todos Rechazados. Esta grabación en un cuarto, con un cuatro pistas y tras una noche de fiesta, muestra ya ese sonido más acelerado y crudo que acabaría siendo característico de la banda. En estos años, aparecen también otras bandas como Efectos Sekundarios y Pota Potaje, en los que tocaban jóvenes del barrio.

Estos grupos pasarían a formar parte, junto a Petra de Fenetra, de la historia del punk de esta ciudad, al convertirse en parte visible y reconocida del punk madrileño y otorgando a esta escena un carácter propio a través de un sonido acelerado y unas letras explícitas y callejeras. Efectos Sekundarios grabarían una maqueta en 1993, Mentes Deformes, y editarían un único trabajo en 1998, Punkamina, aun así, tuvieron gran repercusión llegando a dar, según una biografía suya encontrada en la red, 300 conciertos por todo el Estado. En 2004 dejan de tocar y, desgraciadamente, en 2006, fallece Dani, bajista del grupo. Pota Potaje, que llegaron a participar en el concurso de bandas de Hortaleza, sacaron un único trabajo, Grandes Fracasos, con un largo listado de canciones grabadas en el local y en directo. Otro de los grupos de estos años es Acción Vinagre, con una demo y dos discos, se describen en su bandcamp como “heavies para los punkis y punkis para los heavies” y llegaron a dar varios conciertos en el barrio.

El grupo Petra de Fenetra en directo en una imagen de archivo.

A mediados de esta década de los 90 hay dos conciertos de punk que no pueden quedar al margen de este trabajo. El primero de ellos tuvo lugar en 1994, en Las Cárcavas. La asociación juvenil KEJA, Kolectivo Ecologista de la Juventud Antirracista, organizó un festival antirracista de dos días, el viernes 30 de septiembre tocaron Boikot, Linda Bolinga, Grass, Efectos Sekundarios, Acción Vinagre, Barbudos, Degenerados y Burdel King, mientras el sábado 1 de octubre subieron al escenario 37 Hostias, Petra de Fenetra, Spansuls, Pota Potaje, The Vientre, Malcarados y Peluos. Javier Robles, de Radio Enlace, recuerda que la fiesta se prolongó hasta el amanecer y Gala, del colectivo KEJA, apunta que salió todo realmente bien: acudió mucha gente de Hortaleza y de otros barrios, no hubo ningún incidente reseñable y se consiguió recaudar el dinero necesario para reparar el techo de los locales que utilizaba el colectivo para sus actividades. Probablemente este haya sido el concierto de punk y de rock de mayor envergadura celebrado en el barrio, con el plus añadido de que fue organizado de forma autogestionada por un grupo de jóvenes.

Cartel del Certamen Musical Antirracista celebrado en Las Cárcavas en 1994.

El otro concierto tuvo lugar en 1995 en las Fiestas de San Lorenzo. Óskar, en la actualidad cantante de Debruces, formó ese mismo año el grupo Síndrome de Habstinencia, con hache porque ya existía otro grupo con ese nombre. Se estrenaron con apenas 16 y 17 años en un accidentado concierto en el Liceo Francés. Su segundo concierto, en las fiestas organizadas por la asociación de vecinos, en el parque situado entre la calle Manizales y la avenida de Barranquilla, no tuvo nada que envidiar al primero. En un escenario que iban a compartir con muchos otros grupos y en un parque lleno de punks venidos de todo Madrid, cuando tocaron una versión de la canción ‘Felipe de Borbón’ de Efectos Sekundarios, cuyo estribillo dice “Felipe de Borbón, Felipe de Borbón, un hijo de puta, el hijo de un cabrón”, los dos policías municipales que se encontraban allí interrumpieron el concierto cortando el sonido que no se reanudó hasta unas horas más tarde. A pesar de ello, no se produjeron incidentes mayores. Además de Óskar, Sergio, quien posteriormente formaría la banda Endecha, comentaba como a él, con tan solo 11 años, le impactó aquella escena: el parque de su barrio lleno de chicos con aquellas pintas llamativas increpando a la policía. ¿Quién sabe si algún otro chaval se acercó al punk tras aquella tarde?

Otros espacios importantes en el barrio fueron el bar El Puebliko, una casa del antiguo pueblo de Hortaleza situada en la Plaza de Chabuca Granda, donde ahora se erigen nuevos bloques de viviendas. En este bar se organizaban conciertos en verano en su terraza. Óskar recordaba como el dueño le grababa los nuevos grupos que iba poniendo en el bar en los casetes vacíos que le llevaba así como un concierto de Acción Vinagre. O la tienda Tatxas, situada en el barrio de Orisa, en los bajos de la calle Arzua, donde vendían maquetas, camisetas de grupos, cinturones o tachuelas. Más tarde compartirían local con el estudio de tatuajes de Dani, de Petra de Fenetra, en la calle Costa del Sol. En esta tienda muchos de los jóvenes de aquella época compraron sus primeras camisetas de bandas de punk.

La generación punk del nuevo milenio introduce en la escena temas como el veganismo y el vegetarianismo, la crítica a las drogas o el feminismo

Tras la década de los noventa que, tal vez, representa nuestra pequeña edad de oro del punk en el barrio por el número de grupos en activo y jóvenes que orbitaban en los mismos bares, y conciertos, llega el nuevo milenio con menos grupos, menos espacios de encuentro y menos personas interesadas en las culturas más subterráneas. Aun así, como dice el mantra que se repite una y otra vez, el punk no muere (tan solo se transforma). Estos años del nuevo siglo estarán marcados por la aparición de grupos más reducidos de personas que radicalizan su propuesta sonora, acercándose al crust, al d-beat, al grindcore o a una mezcla e interpretación propia de todos estos sonidos más crudos.

Además, estas minorías ruidosas conjugan una postura política más marcada que entremezclan, en ocasiones, con una práctica militante. En esta generación ejerce una importante influencia el grupo Sin Dios, por sus letras con un mensaje anarquista muy fuerte, su sonido más hardcore, por una práctica de edición basada en el DIY (Do It Yourself, hazlo tú mismo) y la autogestión así como por unos conciertos cargados de discursos políticos. Además, miembros del grupo abren la tienda La Idea, en Malasaña, que acercaría bandas de hardcore, punk o crust de la escena más DIY de toda Europa. Esta nueva generación choca en parte con la anterior, además de por este fuerte posicionamiento político, por comenzar a introducir, dentro de la escena, temas como el veganismo y el vegetarianismo, la crítica a las drogas o el feminismo.

Dos son las manifestaciones más visibles de las generaciones del nuevo milenio. Por un lado, el concierto organizado en la asociación vecinal de San Lorenzo, en el que tocaron Endecha, Cámara de Gas y Disnation, en 2005, y, casi diez años más tarde, la primera edición del Luis Aragofest. Endecha fue un grupo de crust-punk con influencia emo-metal, que comenzó a ensayar en un local de la asociación vecinal San Lorenzo. Caídos Sin Cruz sería la banda previa a este proyecto, con la que no llegaron a tocar en directo pero si a editar algún casete, además, hay que destacar este momento porque es aquí cuando se empieza a usar el local de San Lorenzo como local de ensayo por parte de bandas de punk. Posteriormente ensayarían otros grupos como Abismo, que con un bajo y una batería hacían ruido influenciado por el doom y el sludge, Dhul Karnain o Wild Dogs.

Cartel de la primera edición del festival Luis Aragofest en 2015.

Volviendo a Endecha, para pagar las deudas generadas por el alquiler del espacio político La Eriza Subversiva, situado en Parque de Santa María, organizan un concierto en el local de la propia asociación de vecinos. Al no estar insonorizado y tener viviendas justo enfrente, deciden comenzar pronto, a las 17:30, y hablar con los propios vecinos para avisarles con antelación. En el concierto tocarán los propios Endecha, Cámara de Gas (Móstoles) y Dination (Getafe), además se realizará una performance leyendo una canción del grupo burgalés Ruido de Rabia. Sergio recuerda como el local se llenó por completo, por dentro la gente ya no cabía, ocupándose también la parte de arriba y las escaleras, aun así se quedaron personas fuera sin poder entrar. También había muchos chicos jóvenes, de 12 a 15 años, que, gracias a que era a esa hora, se acercaron empujados por la curiosidad que les generaba el evento. Este concierto, con bandas realmente ruidosas, con una apuesta sonora diferente a la predominante durante los noventa, marca también un punto simbólico en esta historia oral del punk en Hortaleza.

Además de la música, en esta época, 2003-2005, se pusieron en marcha diferentes proyectos como programas de radio y fanzines, de los que hablaremos en otro punto, y tuvo lugar una acción política juvenil en la calle y en algún espacio propio, como en La Eriza Subversiva. Surge el colectivo Milicias Libertarias de Hortaleza que, por ejemplo, realiza repartos de octavillas frente a negocios de multinacionales, mantiene contacto con jóvenes de Barajas, del proyecto Raíles Verdes, y hasta se piensa en la okupación de un espacio en Villa Rosa. Pero, antes de ellos, ya había existido el Kolectivo Antifascista Hortaleza Libre, que participaría en la Coordinadora de Colectivos Lucha Autónoma, y, tras éste, Maquis Hortaleza, que formaría parte de la Coordinadora Antifascista de Madrid.

De forma paralela, unos chavales de una generación más pequeña, sobre el 2004-2005, comienzan a tocar en grupos como Skinazo a la Madera o Despojo Social. Estos dos grupos dieron un concierto en la zona de la calle Golfo de Salónica, en un local de una comunidad de vecinos. La policía municipal no tardó en llegar provocando carreras descontroladas de adolescentes algo tocados por los litros de cerveza. Skinazo a la Madera también dieron un concierto en el pub Colors, junto al auditorio de Pinar del Rey. En estos dos grupos comenzarán sus primeros pasos en el punk dos de las personas que fundarían Hortaleza Punk. Unos años más tarde, en 2010, nace Debruces con Óskar de Síndrome de Habstinencia como cantante. Debruces, que siguen en activo, será uno de los grupos más conocidos fuera de Hortaleza, tocando en diferentes festivales por todo el Estado pero también en el barrio, como en las Fiestas de Juan y Juana, organizadas por la asociación vecinal La Unión.

El grupo Debruces durante su actuación en las Fiestas de Juan y Juana de Hortaleza en 2015. SANDRA BLANCO

La siguiente generación surgirá dentro de la asamblea del Ateneo Libertario de Hortaleza. En este proyecto que abrió sus puertas en febrero de 2012, al calor de las movilizaciones sociales que dieron comienzo con el 15-M, en un local al final de la calle Santa Susana, junto a la asociación vecinal La Unión de Hortaleza,. Unas personas que no solo compartían una afinidad ideológica sino también musical, empiezan a organizarse e impulsan un local de ensayo en el espacio, además de actividades como pinchadas de vinilos, cafeterías o cinefórums de documentales musicales. A través de estas actividades, al grupo se incorporan nuevas personas y se empiezan a autonombrar informalmente como Hortaleza Hardcore, aunque acabarían utilizando este nombre para firmar carteles y pegatinas.

Más adelante, se denominarán de forma definitiva como Hortaleza Punk. El colectivo tiene su primera experiencia organizando conciertos en centros sociales okupados en otros barrios de Madrid, para recaudar fondos para cubrir los gastos del local. Más adelante, cuando Hortaleza Punk sale del Ateneo, se mantiene esta dinámica de organizar conciertos para apoyar de forma solidaria alguna causa o ayudar a una banda que se encuentra de gira. Con la salida del colectivo, se pone en marcha la búsqueda de otro espacio, encontrando en San Lorenzo un pequeño local donde llevan algo más de cinco años y han ensayado y ensayan grupos como Diëresis, Öxido, No Beach, Ivory Wave, Mist of Doom o Dramonas.

En el festival Luis Aragofest no hay escenario ni juego de luces, y los grupos tocan en una cancha a ras de suelo junto a una barra con un fin solidario

En junio de 2014, en torno a una mesa llena de jarras vacías, la idea de hacer un concierto acústico en el patio de un amigo por su cumpleaños se descontrola y se plantea montar un festival gratuito de punk en las canchas de Manoteras. Con el apoyo de la asociación vecinal de Manoteras, se materializa la idea y, apenas unas semanas después, el primer sábado de julio, tiene lugar la primera edición del Luis Aragofest, un festival con cinco grupos, dos de Hortaleza y tres bandas próximas al propio colectivo.

Este festival ha celebrado su sexta edición este 2022 tras dos años de paréntesis por la crisis sanitaria. En estas seis ediciones, han tocado tanto grupos del barrio, como de Madrid ciudad y de otras partes del Estado (País Vasco, Valencia o Salamanca). Todas las ediciones han sido en las canchas de baloncesto situadas en el Parque de Manoteras. La filosofía que impregna el festival es el DIY, «do it yourself», y la logística en la más sencilla posible: nada de escenario ni juego de luces, a ras de suelo junto a una barra con un fin solidario y espacios para que distribuidoras alternativas puedan vender su material.

Concierto en la primera edición del festival Luis Aragofest. SANDRA BLANCO

PUNK EN LAS ONDAS

“Elige tu vida, elige el camino / Que no te ciegue el que está predefinido / Construyendo amistad / Generando cariño / Esquivando las trabas / Que entorpecen el recorrido” Diëresis

Hortaleza tiene la fortuna de contar con una radio comunitaria desde 1989, Radio Enlace. Una radio que entre sus objetivos se encuentra el “facilitar el acceso a los ciudadanos al medio radiofónico”, es decir, Hortaleza cuenta con una radio abierta al barrio donde el propio vecindario rellena la parrilla, por ello, es inevitable que, en más de una ocasión, Radio Enlace y el punk hayan cruzado sus caminos. Hortaleza Kaox, Lo que hay que oír, Linoleum o Campamento Krusty Okupado llevaron el punk al 107.5 de la FM. Las entrevistas realizadas marcan una pauta compartida, estos programas estaban formados por jóvenes sin experiencia radiofónica previa o con una muy corta trayectoria. En algunos de ellos, se limitaban exclusivamente a pinchar música y, en otros, esta jugaba un papel más secundario pues se priorizaba una labor más contrainformativa.

Linoleum y Hortaleza Kaox se centraron más en compartir temas realizando una pequeña introducción con algo de información del grupo y de la canción, los dos programas incluyeron los diferentes géneros del punk, desde los sonidos más clásicos hasta los más ruidosos y extremos. Linoleum, de dos horas de duración, se emite a mediados de los 2000, los sábados por la mañana, y termina tras unos meses de emisión por la falta de tiempo y por las obligaciones laborales de sus responsables. Hortaleza Kaox comienza en 2011 en el piso de uno de ellos, luego pasa por Radio Enlace y se traslada después al local de ensayo del Ateneo Libertario de Hortaleza, emitiendo a través de la red.

Entre Radio Enlace y Campamento Krusty Okupado se produjo un final más polémico: éstos últimos abandonan la radio, entre otros motivos, tras la retirada del programa Condición de Defensa, elaborado por un gótico/siniestro vecino de Parque de Santa María. Campamento Krusty Okupado se muda a Radio Carcoma, en el barrio de Pueblo Nuevo, donde continuaron con sus contenidos más centrados en la lucha política de los colectivos juveniles del momento. En la misma línea de mezclar noticias y política con música punk y con otros sonidos como el oi y el hardcore, nace Chocolate Espeso que también acabarían mudándose a Radio Carcoma.

FOTOCOPIAS Y GRAPAS

“En todos los quioscos veo vuestras caras, inundan como siempre todas las portadas. Un chalet en la playa, otro en la montaña, se ha cagao el perrito, me ha manchao la falda” Pota Potaje

Los fanzines han sido el reflejo escrito del punk. Si para tocar en una banda no es necesario ser un músico profesional, para hacer un fanzine tampoco hay que ser periodista o diseñador. Aun así, gracias a las nuevas tecnologías, de los primeros fanzines hechos con tijeras y pegamento, con recortes de otras revistas, fotos propias o robadas, con textos escritos a mano o con máquina de escribir han pasado muchos de ellos a ser maquetados con programas informáticos o a imprimirse en mayor calidad, pero sin abandonar nunca el espíritu “hazlo tú mismo” y de autoaprendizaje, ni las tiradas limitadas y los precios bajos o directamente gratuitos. Aunque el formato no fue inventado por los punks pues, al final, grupos políticos o culturales también han recurrido a revistas realizadas de forma artesanal y con un reducido alcance, las razones de éstos últimos para recurrir a este formato son casi siempre consecuencia de las propias circunstancias de estos grupos, es decir, de su escasez de recursos, mientras que los punks han hecho de esta precariedad su propia filosofía.

En Hortaleza ha habido vecinas que han editado sus propios fanzines, aunque, a través de nuestras entrevistas, no hemos encontrado ninguno con una perspectiva más local, es decir, ninguno centró sus contenidos y distribución exclusivamente en Hortaleza. El BOE es el último proyecto conocido, nacido en octubre de 2019 con la intención de convertirse en un boletín mensual donde se anunciaran tanto conciertos como manifestaciones, charlas y las novedades de las bandas, sellos y distribuidoras de la ciudad de Madrid. Sale de forma regular hasta la llegada de la pandemia mundial, el confinamiento obliga a realizar sus primeros números virtuales pero, debido al parón de actividad, se orienta a los contenidos de un fanzine más clásico (artículos, entrevistas, etc.). Al ser sus dos editores del barrio de Hortaleza, uno de ellos precisamente firma como El Alkalde de Hortaleza, han salido temas locales como el ya comentado concierto de Siniestro Total o una denuncia a las agresiones racistas y el abandono institucional a los jóvenes migrantes del Centro de Primera Acogida. El fanzine no dispone de ningún punto de distribución fijo en el barrio, siendo el más cercano la tienda de discos y libros La Negra, en Prosperidad.

Portada del primer número del fanzine ‘BOE’, publicado en octubre de 2019.

Anteriormente, en 1997, sale el fanzine Ke Reviente, con un contenido bastante amplio, desde entrevistas a grupos de música hasta artículos de historia, poemas, relatos y dibujos. Con un coste de 100 pesetas se podía comprar en el barrio en la bodega La Cobela. En total sacaron seis números en unos dos años y en él participó David, vecino del barrio e integrante de las bandas Prozak y Guater Clos. Otros fanzines donde colaboraron vecinos de Hortaleza fueron Nunatak, centrado en poesía y relatos; Borde Recto, realizado junto a jóvenes de Barajas y cuyo contenido abarcaba diferentes temáticas desde políticas, por ejemplo sobre veganismo y liberación animal, hasta culturales, con entrevistas a grupos y crónicas de conciertos; Masacre Fanzine, La mitad de nada, tercera pata de un proyecto que también contaba con una distribuidora y un programa de radio, Buitre No Come Alpiste, de Kike Babas y Kike Turrón; Haz lo que debas, elaborado por la Brigada Negu Gorriak de Hortaleza. Salvo el fanzine Buitre no come alpiste, que es algo anterior, el resto surgieron entre finales de los noventa y principios de los 2000, y algunos de ellos se podían encontrar en bares del barrio (como el Stop o el Pequeño Salvaje).

ÚLTIMA GENERACIÓN

“Nadie sabe lo que pasamos en aquellas noches frías en la calle tirados” Porretas

Al principio, me costó decantarme por este tema porque me preguntaba si iba a encontrar suficiente contenido como para presentar algo más que un par de páginas, pero el punk, como otras expresiones culturales y sociales de las clases populares, ha recibido escasa atención por la academia y la historiografía oficial, así como por los medios de comunicación, salvo cuando han ocurrido incidentes. Por ello, como en otras tantas experiencias colectivas subterráneas, o nosotros, sus propios protagonistas, construimos nuestra memoria o no lo va a hacer nadie. Y, por eso, estamos aquí.

Además, según pasaban los días la pregunta ya era otra: cómo sintetizar e hilar todas las historias que hemos escuchado. Una de las conclusiones finales de este trabajo es que el punk de Hortaleza ha tenido una mayor relevancia en la escena de Madrid de la que se suele pensar. Si en los noventa se empezó a fraguar un sonido madrileño propio, tuvieron mucha parte de culpa los Petra de Fenetra y, posteriormente, Efectos Sekundarios y Pota Potaje, sin olvidarnos de los que vinieron primero, mis favoritos, los Andanada 7. Por otro lado, Porretas ha conseguido llevar el nombre de Hortaleza por todo el país, haciendo que al ir a cualquier punto de la Península y comentar que uno es de Hortaleza, siempre haya alguien que diga porros y cerveza. Posteriormente, el colectivo Hortaleza Punk con el Luis Aragofest también ha sabido marcar al barrio como referencia para la escena punk DIY de la ciudad, al menos durante el verano. Aun así, a pesar de este fructífero pasado, el presente no es muy esperanzador y produce cierto desconcierto no saber si habrá relevo generacional, pero, agarrémonos fuerte a lo que ya dijimos antes, punk´s not dead.

Para terminar, hay un pero que hay comentar, pues las grandes ausentes en esta historia son las mujeres. El hecho de ser una contracultura que pretende desmarcarse e incluso, en ocasiones, enfrentarse directamente con todo lo que le rodea, no implica que no se reproduzcan en su interior sus dinámicas. En nuestra escena también está presente el machismo en sus diferentes manifestaciones. Por ejemplo, somos nosotros, los hombres, quienes solemos ocupar el espacio público y, evidentemente, dentro del punk también ocurre, acaparando los espacios más visibles (tocar en una banda o hacer un programa de radio). Además, cierta complacencia ha limitado la posibilidad de realizar una necesaria autocrítica que nos sirviera para reflexionar sobre este punto a nivel colectivo. Al menos, últimamente, algo está cambiando pero, tal vez, muy poco a poco.

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