El 28 de mayo de 2011 era el día grande de las Fiestas de Hortaleza. Aquel sábado actuaba Porretas, la banda de rock más popular del barrio, y celebraba el vigésimo aniversario de la publicación de su primer disco. El cuarteto siempre ha sido profeta en su tierra, arrastrando a miles de seguidores a sus actuaciones en el auditorio del parque Pinar del Rey. Diez horas antes del concierto, en las puertas del recinto ya se arremolinaban cientos de personas. Sin embargo, no acudían para asegurarse un hueco en primera fila. Estaban celebrando la primera asamblea del incipiente movimiento del 15-M en Hortaleza.

Apenas dos semanas después de la eclosión del movimiento de los indignados en la Puerta del Sol, desde la acampada instalada en el centro de la ciudad se había decidido fundar asambleas estables en los barrios para que la primavera del 15-M echase raíces en todos los puntos cardinales de Madrid. En Hortaleza hubo doble convocatoria. Mientras Manoteras organizaba su propia asamblea junto al rocódromo del barrio, el resto del distrito quedaba emplazado al mediodía en las puertas del auditorio Pilar García Peña, en un parque Pinar del Rey engalanado de verbena.

Sobre el césped que la noche anterior acogía botellones, decenas de vecinos y vecinas buscaban la sombra de los pinos para protegerse de un sol que picaba. Entre el gentío, muchas caras conocidas. Allí estaba el comprometido escritor Isaac Rosa. También algunos de los viejos rockeros del movimiento vecinal, como los desaparecidos Paco Caño y Ricardo Arias, aunque esta vez el protagonismo fue para los jóvenes que el 15 de mayo se habían manifestado contra un futuro negro, pero acabaron alumbrando una esperanzadora rebelión ciudadana que se extendió de inmediato por plazas de toda España.

“Esto es un aire fresco para los que ya tenemos muchos años”, dijo el octogenario y entrañable Valentín Huerta, curtido en el sindicalismo clandestino durante la dictadura, cuando tomó la palabra sosteniendo el megáfono que pasaba de mano en mano junto a los urinarios portátiles instalados en el acceso al auditorio. Hubo muchas voces, aplausos y brazos alzados que emulaban los signos de aprobación establecidos en las asambleas de la Puerta del Sol.

Dicen que hay tantos relatos del 15-M como personas que participaron en este movimiento horizontal y polifónico. La crónica de aquella primera asamblea en Hortaleza puede escribirse con el recuerdo de decenas de vecinos y vecinas. Nos quedamos con el testimonio de Bea Martín y Hugo González Aroca, dos de los veinteañeros que entonces sintieron que había llegado el momento de movilizarse.

HUGO: Mi primera toma de contacto fue la manifestación que se hizo el 15 de mayo. Me flipó por la diversidad de gente. En la acampada de Sol estuve mogollón, todo lo que pude, participando en distintas comisiones, desde vigilancia en la primera noche por si nos desalojaba la Policía hasta otras de apartados más artísticos.

BEA: Yo estaba de Erasmus en Italia, en Florencia, y veía lo que estaba pasando por las webcams de la Puerta del Sol, las redes sociales y por mis amigas que estaban aquí, que sí que acamparon. Allí los españoles nos agrupamos en las plazas cuando se hacían manifestaciones en España. Recuerdo que para cocinar me ponía las imágenes de la Puerta del Sol para hacerme compañía. Cuando vine pude vivirlo en persona. Me alucinaba todo lo que se había montado y todas las ideas e iniciativas que había.

"Recuerdo la primera asamblea con mucha ilusión. Se veía que la gente quería y tenía deseos de cambiar las cosas. También había mucha diversidad"

HUGO: La primera convocatoria en el barrio la recuerdo muy molona, con muchísima gente, fue bonito encontrarse con gente del barrio después de habernos visto en Sol. Recuerdo estar un poco despistado. Yo estaba bastante lejos y se escuchaban las cosas regular. No me enteraba muy bien de lo que estaban hablando porque fueron muchas cosas, pero sí de que se tenía intención de mantener las asambleas, de hacerlo de forma cotidiana. El esfuerzo fue dirigido a crear los espacios de los diferentes grupos de trabajo.

BEA: Recuerdo la primera asamblea con mucha ilusión. Se veía que la gente quería y tenía deseos de cambiar las cosas. También había mucha diversidad. Fue un movimiento muy transversal que consiguió juntar a personas con ideologías muy distintas y ponerlas de acuerdo en unos 16 principios básicos. No recuerdo todos, pero se hablaba de muchas cosas que están vigentes hoy en día: cambio de la ley electoral, derecho a la vivienda, sanidad y educación públicas, reformas fiscales para que paguen más las rentas altas, lucha contra la corrupción, rechazo al bipartidismo, banca pública, nacionalización de empresas que antes habían sido públicas, regularización del mercado laboral y vigilancia del cumplimiento por parte del Estado…

Asistentes a la primera asamblea del 15-M en Hortaleza, frente al auditorio Pilar García Peña. PABLO SCHMILOVICH

El orden del día de aquella asamblea fundacional era escueto y poco ambicioso: “evaluación de recursos”, “necesidades” y “propuestas”. Los acuerdos tampoco fueron gran cosa. Se decidió una nueva convocatoria para la siguiente semana en el mismo lugar, crear un blog para difundir la actividad de la asamblea y empezar a trabajar las comisiones del barrio. Sin embargo, esa multitudinaria reunión transformaría el barrio. El movimiento vecinal reverdeció con la incorporación de jóvenes y no tan jóvenes que durante años agitaron las calles y multiplicaron los espacios de encuentro. Vecinos y vecinas que se implicaron en incontables causas, desde la lucha contra los desahucios a la defensa de servicios públicos fundamentales como la educación o la sanidad, y mantuvieron una contagiosa y constante movilización que se prolonga hasta nuestros días.

BEA: Creo que fue un movimiento que ayudó a que muchos jóvenes que se comieron las consecuencias de la crisis económica se convirtieran en sujetos políticos activos. No tanto para ser conscientes de una ideología, si no más bien para luchar contra aspectos específicos que funcionaban (y funcionan todavía) mal. Nos levantamos juntos para señalar cosas que estaban mal, aunque no se coincidía en las soluciones y eso ayudó a crear conciencia en gente que no la tenía. También ayudó a que esa gente que se había incorporado al activismo, conociese otras asociaciones con muchos años de trabajo en el tejido vecinal en el barrio.

HUGO: Se dieron unas circunstancias muy peculiares y no creo que se pueda repetir. Lo recuerdo con mucha nostalgia, y ha sido algo que ha calado hondo, porque nos hemos acostumbrado a la lucha y la semilla sigue estando ahí en muchas personas. Fue algo único y en España se dieron unas circunstancias para que fuera algo muy potente a nivel mundial. Fuimos ejemplo para muchos otros países. Estoy contento de haberlo podido ver y vivir de alguna manera.

Hugo estuvo participando “a tope” en la denominada Asamblea Popular de Hortaleza en los primeros años. “Con el tiempo me fui apartando por no tener tiempo, pero siempre que he podido colaborar he seguido conectando con el grupo. He conocido a muchísima gente en el 15-M con la que sigo manteniendo amistad”, explica. En cambio, Bea se desvinculó pronto, aunque se sumó puntualmente como “ciudadana” en algunas de las actividades del barrio. “Cuando se diversificó, percibí que se iba perdiendo ese espíritu de buscar acuerdos y buscar un objetivo común. Creo que se dejó de escuchar. Es una percepción personal, por supuesto”, argumenta diez años después de aquella primera e ilusionante asamblea.

Bea Martín, con el megáfono en la primera asamblea del 15-M en Hortaleza. PABLO SCHMILOVICH

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