La familia que estrenó el barrio de Valdebebas era muy numerosa. En octubre de 2013, los Ayes González y sus cinco hijos se convirtieron en los primeros habitantes el último desarrollo urbanístico del distrito, construido en los confines del noreste de la ciudad de Madrid sobre los terrenos rústicos que separaban Hortaleza y Barajas. Aquella mudanza fue premonitoria: en Valdebebas iban a vivir muchos niños y niñas. Una década después, ya se cuentan 8.699 menores de edad, según los datos censales del pasado mes de noviembre.

Sin embargo, durante todo este tiempo, la Comunidad de Madrid solo ha terminado un colegio público, tiene otro a medio construir y sigue demorando las obras para levantar un instituto. Una situación que aboca a miles de escolares a una kilométrica excursión diaria para ir a clase, y que ha acabado con la paciencia de sus familias, que el 15 de diciembre se manifestarán frente a la Asamblea de Madrid para exigir al gobierno regional de Isabel Díaz Ayuso centros educativos públicos suficientes para satisfacer la creciente demanda de escolarización en el barrio con más natalidad de la capital.

DIÁSPORA ESCOLAR

Actualmente la población de la zona de Valdebebas, incluyendo el barrio de Las Cárcavas y El Encinar de los Reyes, asciende a más de 26.000 habitantes. Una cifra que en “una ciudad castellano-leonesa, por ejemplo, significaría que tendrías media docena de institutos y más de una docena de colegios públicos”, según Agustín Moreno, profesor jubilado y diputado de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid. En cambio, en Valdebebas solo existe una escuela infantil municipal para sus 1.510 niños y niñas de hasta 3 años, y los 4.590 en edad de Primaria disponen de apenas un millar de plazas repartidas entre el colegio público Alfredo Di Stéfano y el Nuria Espert, que está por terminar. Todos los mayores de 11 años, que son casi 3.000, no pueden estudiar en su barrio. Y los institutos de Secundaria más cercanos se encuentran a más de cinco kilómetros con trayectos de 50 minutos en transporte público.

En Valdebebas hay miles de escolares sin plaza en los centros de su barrio

Los hijos de Javier Castillo forman parte de esa diáspora cotidiana. Sus peques estudian en el colegio público Juan Zaragüeta de Hortaleza, a más de cuatro kilómetros de las viviendas más remotas de Valdebebas. Este ingeniero y su mujer se mudaron al nuevo barrio en 2014 con la promesa de equipamientos públicos. “En la Junta de Compensación te enseñaban dónde iba a estar el colegio, dónde el instituto, pero han pasado casi diez años y seguimos como estamos. Y diez años es mucho tiempo”, afirma Javier, portavoz de la Plataforma por la Educación Pública de Valdebebas, que agrupa a más de 500 familias sin pupitre en el barrio, cansadas del “constante incumplimiento” de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid.

FALSAS PROMESAS

En 2014, los primeros vecinos de Valdebebas se organizaron contra la carencia total de servicios públicos en el nuevo desarrollo, y acabaron creando una asociación vecinal para demandar a las administraciones equipamientos tan básicos como una línea regular de autobús o un colegio público. Aquel año, el entonces concejal presidente de Hortaleza, Ángel Donesteve (Partido Popular), aseguró que las obras del primer colegio comenzarían en 2015. Apenas unos meses después comunicó que la Comunidad de Madrid no tenía dinero para construirlo hasta 2016.

Finalmente, el colegio público Alfredo Di Stéfano abrió en 2017, pero con aulas contadas: solo ocho para los tres cursos de Infantil. Como es habitual, el Gobierno regional decidió construirlo por fases, y así empezaron los problemas. La ampliación del colegio se demoró dos años y muchos escolares tuvieron que recibir clases en el comedor, en la sala de profesores o en la secretaria del colegio. El Alfredo Di Stéfano, ya terminado, sigue siendo un centro saturado: en algunos cursos tienen Línea 6 (es decir, seis clases por año). “Así es imposible que el equipo directivo del centro conozca el nombre de los niños y niñas, no es lo recomendable”, apunta Mari Carmen Morillas, de la FAPA Giner de los Ríos, la federación de las asociaciones de madres y padres de Madrid.

Cartel colgado en la valla de la parcela del inacabado colegio público Nuria Espert de Valdebebas. SANDRA BLANCO

COLEGIO DE NUNCA ACABAR

Por el Alfredo Di Stéfano pasaron dos años de prestado los alumnos del Nuria Espert, el segundo colegio público de Valdebebas, que nació sin edificio y casi cuatro años después no se ha terminado. “Nos apuntamos al colegio en 2019 con la promesa de que solo tendríamos que esperar un año para tener listo nuestro de aulario de Infantil”, lamenta Marta López de Lucio, presidenta del AMPA. “Aquello fue la primera mentira”, añade para describir el callejón sin salida del Nuria Espert, con 12 aulas para casi 400 niños y niñas. La Comunidad de Madrid aseguró que este 2022 estarían listas 30 nuevas aulas, pero ni ha licitado las obras. Por tanto, las clases de Primaria se dan en el comedor y el aula de profesores, como ya ocurrió en el Alfredo Di Estéfano.

“Nuestro patio es un parking”, denuncia la presidenta del AMPA. Y lo peor está por llegar, porque el próximo curso entran tres líneas de hermanos de los peques ya escolarizados, y el Gobierno regional ha retrasado la ampliación del centro hasta 2024. Lo confirmó el pasado 1 de diciembre el vicepresidente regional y consejero de Educación, Enrique Ossorio, sumando más desconcierto a las familias: las nuevas aulas del Nuria Espert acogerán también a los niños y niñas del Alfredo Di Stéfano que pasen a Secundaria. “Es una situación vergonzosa y de momento no tiene solución”, remacha la presidenta del AMPA.

REGALO A LA CONCERTADA

Con un colegio colmado de alumnado, otro a medio construir y sin instituto público, el pasado mes de noviembre la Comunidad de Madrid sacó a concurso una parcela pública de Valdebebas valorada en más de diez millones de euros para que una empresa privada levante un centro educativo concertado (privado pero financiado con fondos públicos) con plazas de Infantil, Primaria y Secundaria. La cesión será durante 40 años prorrogables hasta 75. Además, el centro concertado estará listo en apenas nueve meses para estrenarse del próximo curso 2023-2024.

“Nos quieren plantar un concertado sin haber instituto público. Eso no es libertad de elección”

“Es la gota que colma el vaso”, proclama Javier Castillo, de la Plataforma por la Educación Pública de Valdebebas. “Lo que no puede ser es que el Gobierno de la Comunidad de Madrid diga que quiere libertad de elección y no den esa opción. Ahora nos quieren plantar un concertado sin haber instituto público, y si quieres que tu hijo estudie Secundaria en el barrio tendrás que pagar. Eso no es libertad de elección. Libertad es que haya plazas públicas y privadas”, argumenta. Para Marta López de Lucio, del Nuria Espert, el nuevo centro concertado condena al instituto público. “Está más claro que el agua, es lo que ha pasado en el resto de nuevos desarrollos, como Las Tablas o Montecarmelo, que han tardado 20 años en tener un instituto público”.

Lejos de resignarse, las familias de Valdebebas han intensificado su movilización. El pasado 27 de noviembre, el AMPA del Nuria Espert organizó una nueva bicicletada en la que participaron cientos de personas para exigir la culminación del centro. La manifestación del próximo 15 de diciembre frente a la Asamblea de Madrid también se prevé multitudinaria. “La Consejería de Educación no escucha a las familias. Así que, como la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña”, concluye Javier, de la Plataforma. Y todo esto ocurre en un barrio donde la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, cosechó hasta el 60% de los votos en las últimas elecciones autonómicas de mayo de 2021.

Familias de Valdebebas posan tras la bicicletada en el Nuria Espert del pasado 27 de noviembre. SANDRA BLANCO

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