“No había nada de nada”, coinciden en expresar con las mismas palabras un fundador de la asociación vecinal de Portugalete, José María Julián, y uno de La Unión de Hortaleza, Antonio Novoa. Y lo mismo diría cualquier persona que conociera el distrito de Hortaleza en los años setenta. Un diagnóstico similar al de otros barrios populares, sobre todo periféricos, de Madrid y del resto de España. Hortaleza estaba muy abandonado y sus gentes no podían seguir permitiéndolo. A la recuperación de la democracia tras la muerte del dictador Francisco Franco se llegó gracias al trabajo de políticos y sindicatos, pero también a la labor, más anónima, de vecinos y vecinas que se organizaron en colectivos y asociaciones para mejorar sus barrios y acabaron conquistando derechos y libertades. En esa lucha, Hortaleza estuvo en primera línea.

José María Julián no podía ni plantearse la democracia cuando comenzó su andadura la asociación vecinal de Portugalete en 1973 con él como presidente. Este barrio de casas bajas, que se extendía desde la Ciudad Lineal de Arturo Soria hasta el poblado de Canillas, “era muy desigual, con calles sin asfaltar, sin apenas alumbrado público y con numerosas carencias”. También “contaba con 200 infraviviendas”, y en palabras de José María Julián, “había que intentar formar un tipo de asociación que abordase estas necesidades, y ahí se chocaba con la dictadura”. Fue un sacerdote, el cura Manolo (Manuel Fernández), el impulsor de esta pionera asociación, en la que participó Santiago Martínez, que recuerda como el franquismo imponía que “las asociaciones de vecinos fueran asociaciones de cabezas de familia, y las de amas de casa, de hogar”.

José María y Santi evocan por enésima vez el milagro de los murales de Portugalete, una originalísima iniciativa celebrada en el verano de 1975 para protestar contra un demoledor plan urbanístico convirtiendo el barrio en un museo de arte contemporáneo, con obras de algunos de los mejores pintores españoles realizadas sobre las humildes viviendas amenazadas por la piqueta. Desde allí se extendió por Madrid el lema “El barrio es nuestro”, escrito en una de aquellas paredes, y también se pudo contemplar, reproducido con las mismas dimensiones en la tapia de una casa, el Guernica de Pablo Picasso cuando el cuadro todavía permanecía exiliado en Nueva York. En 1976 Portugalete estrenó la Casa del Barrio, local pionero en el desarrollo de talleres y enseñanzas para todas las edades. “El local siempre ha sido algo fundamental para las asociaciones”, apunta Santi.

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Una mujer camina por las calles sin asfaltar del barrio de Portugalete, con alguno de los famosos murales al fondo. ENRIQUE PERAL

A la asociación vecinal Villa Rosa, que surgió también en 1973 de una reunión en la parroquia de Santa Rosalía, le costó pasar por un pequeño piso, un local alquilado en un bajo y una caseta en un polideportivo hasta estabilizarse en su actual sede de la calle Provencio, como relata Juana Sánchez, una de las fundadoras de esta histórica asociación de Canillas. Su primer presidente fue Luis Iparraguirre, miembro del Partido Comunista de España (PCE), y años después ocuparía el puesto Paco Caño, del mismo partido, que llegaría a liderar la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) entre 2005 y 2007. Las asociaciones de Villa Rosa, La Unión de Hortaleza y Portugalete estuvieron entre las 25 que promovieron la FRAVM tras su legalización en 1977. Iparraguirre es un buen ejemplo de militante de partido de izquierdas que se dedicó de lleno a la política cuando llegó la democracia. Aunque las adscripciones políticas ni trascendían ni interesaban. De hecho, el grueso de los socios no militaba en ningún partido.

En marzo de 1976 se celebró en Canillas la primera manifestación autorizada en Madrid tras la muerte de Franco

Canillas arrastraba uno de los problemas más importantes en los barrios de la periferia: la falta de transporte público. A este barrio solo llegaba la camioneta P-1, donde los viajeros iban como “sardinas en lata”. La camioneta fue sustituida en 1974 por la línea 73 con unas frecuencias desesperantes, por lo que el vecindario secuestró el autobús en varias ocasiones como protesta. Además, la artería principal del barrio, la carretera de Canillas, estaba llena de baches. La primera manifestación autorizada en Madrid tras la muerte del dictador, celebrada el 13 de marzo de 1976, fue precisamente la que organizaron la asociación vecinal Villa Rosa y otras entidades para luchar contra el estado de esta vía.

El humorista gráfico Forges la apoyó y escribió a modo de lema en una de sus características viñetas la frase “Carretera de Canillas, 200 baches por milla”. Paco Caño fue uno de sus promotores y el abogado José Javier Benavides, que meses después sería asesinado por pistoleros de extrema derecha en la matanza de Atocha, animó a convocarla desde su función de asesor jurídico de gran parte de las asociaciones del distrito. Hubo unos 600 asistentes, que contaron 272 baches, y el Ayuntamiento no tardaría en reformar la carretera.

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Imagen de la pancarta de la manifestación contra los baches de la Carretera de Canillas del 13 de marzo de 1976. AGENCIA PYRESA – AGA

El permiso para la manifestación lo solicitó Marta Hidalgo en nombre de la asociación Amas de Hogar de Esperanza. Nadie sabía que pertenecía, además, al PCE. “El delegado del Movimiento, al darnos los papeles, sacó una pistola del cajón y nos dijo: espero que no la tenga que utilizar con ustedes, que ya sé cómo se las gastan”, recuerda Marta, que sitúa los orígenes de la asociación en una manifestación de mujeres y niños en octubre de 1973 por la falta de calefacción en las casas del barrio de Esperanza.

Las asociaciones de amas de casa del distrito desarrollaron un gran trabajo en tiempos todavía difíciles para las mujeres, con apoyo a vecinas y sus hijos, charlas y coloquios y publicación de folletos didácticos. La de Hortaleza solicitó los permisos para las cabalgatas de Reyes de 1976 y 1977 junto a La Unión. El machismo, desde el mismísimo uso del lenguaje, seguía muy presente en la sociedad. Las propias asociaciones de vecinos no cambiaron su nombre a vecinales hasta bien entrado el nuevo siglo. Juana de Villa Rosa fue de las mujeres que porfiaron hasta conseguirlo en 2005.

REIVINDICAR CON LO LÚDICO

Una figura clave en el movimiento ciudadano madrileño durante la Transición fue Ignacio Quintana, también miembro del PCE y primer presidente de la asociación vecinal La Unión de Hortaleza. “Era una zona muy variopinta, incluso interclasista, y aquella experiencia fue una maravilla”, manifestó en sus memorias. “Hacían falta tantas cosas en los barrios que realmente la labor fundamental era preparar papeles, estudios, informes de situación y todo era claramente reivindicativo. Lo primero es que me arreglen el barrio, pero además los festejos o la cultura. Organizábamos la cabalgata de Reyes o la hoguera de San Juan. Y la gente se volcaba”.

La combinación de lo lúdico con lo reivindicativo se convirtió en una de las señas de identidad de la cultura en los barrios. Nacho Quintana, que impulsó el mercadillo de la UVA de Hortaleza, sería después gerente de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid de 1979 a 1982, con Eduardo Mangada de concejal y Enrique Tierno Galván como alcalde. Estuvo en los primeros años de elaboración del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1985, con el proyecto y eslogan ‘Recuperar Madrid’ como aportación más valiosa.

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Vecinos y vecinas bailan la conga en una de las fiestas del barrio de la UVA de Hortaleza celebradas a finales de los años setenta. FÉLIX UGARTE

”Nacho Quintana era totalmente movimiento ciudadano”, aclara Asunción Asanza, también fundadora de La Unión de Hortaleza y de ideas próximas a Cristianos por el Socialismo. La lucha de Asun y de otras mujeres se centró en la enseñanza para adultos en la antigua Cátedra José Antonio de la UVA, que se reconvertiría en un Centro de Enseñanza para Adultos. En aquellos años existía mucha población del cinturón madrileño que no sabía ni leer. “El trabajo político de los partidos era en los barrios”, sostiene al detenerse en los primeros tiempos de la asociación. Asun recuerda lo que denomina con humor “la toma de la Cátedra”, alcanzada cuando observó cómo el equipo directivo del centro recogía los retratos de Franco y José Antonio y la cruz fijados en las paredes del despacho e iba abandonando el edificio.

Jesús Leonés, fundador también de La Unión, militante del PCE y dedicado a los problemas en la UVA, revela que el primer acto público de la asociación fue una queja para intentar frenar los últimos fusilamientos del franquismo en septiembre de 1975: “Salimos a la luz pública pidiendo que no se ejecutaran esos fusilamientos”. En la UVA tenían mucho que reivindicar: no había casi farolas y sí muchas calles sin asfaltar, patios sin pavimentar, ratas y chiches, escombros y faltaban mejoras vitales en las viviendas. Pese a todo, sus fiestas eran algo fuera de lo normal, muy animadas y multitudinarias. Al principio las reuniones se hacían en la parroquia de San Martín de Porres, en la propia UVA, y luego en el local de la calle Uría, una casa baja en el barrio del Carmen.

BARRIOS UNIDOS

Hortaleza era un ejemplo de buena vecindad y funcionamiento democrático. La Unión la integraban comisiones de nueve barrios: UVA, Santa María, El Carmen, Orisa, Virgen de la Salud, Los Alpes, Virgen del Henar, San Miguel y Pueblo de Hortaleza. Y luego estaban las comisiones sobre temas concretos, como las de Urbanismo y Enseñanza, como subraya José Luis López, redactor jefe del periódico de la asociación, surgido en 1976, y actualmente compañero en Hortaleza Periódico Vecinal. El periódico Unión de Hortaleza, promovido por Nacho Quintana, alcanzó una tirada de 20.000 ejemplares y constituye en la actualidad una joya para indagar en lo que fue el movimiento vecinal en Hortaleza durante la Transición. Al igual que La Voz de Villa Rosa, la publicación iniciada en Canillas en 1979, otra excepcional fuente de información histórica.

“La democracia no vino de los políticos, vino de la gente”, sentencia José Luis López. Antonio Novoa, que simpatizaba con Cristianos por el Socialismo, destaca que en la junta directiva de La Unión hubo cuatro o cinco miembros, incluido él, afines a este movimiento, mientras que José Luis rememora con especial cariño a Juan Rey, cura que dejó la sotana y fue presidente de la asociación y uno de los artífices principales del nacimiento de la Coordinadora de Entidades Ciudadanas del distrito de Hortaleza. Este espacio de encuentro lo integraron inicialmente las asociaciones vecinales Fuente de la Mora, Manoteras-Querol, La Unión de Hortaleza, Cárcavas-San Antonio, San Lorenzo, Pinar del Rey, Canillas-San Fernando, Portugalete, Villa Rosa, Barajas, Alameda de Osuna y Barrio del Aeropuerto (las tres últimas de Barajas, que desde 1970 hasta 1988 pertenecía al distrito de Hortaleza), más la asociación Amas de Casa de Esperanza.

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Folleto que denunciaba las pésimas condiciones de las infraviviendas del barrio de El Carmen de Hortaleza.

En marzo de 1979, ante la celebración el 3 de abril de las primeras elecciones municipales tras la dictadura, la Coordinadora presentó un documento titulado 10 puntos para cambiar un distrito, donde evidenciaba su madurez democrática frente a la inexperiencia y general falta de conocimiento de los barrios de la nueva clase política. La Coordinadora reclamaba un ayuntamiento democrático y cercano a los ciudadanos, con participación y control del vecindario a través de las asociaciones ciudadanas. Y denunciaba además las dificultades para vivir bajo techo en un distrito con inmobiliarias que practicaban la ley de la jungla, en el que se contaban más de 2.000 chabolas, mientras otras tantas viviendas carecían de agua corriente o retrete.

Era un distrito “arrasado por el planeamiento urbanístico”, porque en aquel tiempo la especulación amenazaba con hacer desaparecer el barrio de Portugalete, pero también enclaves históricos como Huerta de la Salud y el Hogar Isabel Clara Eugenia, o naturales como el Pinar del Rey. Por entonces ya vivían 200.000 personas en un distrito con una alarmante carencia de servicios colectivos, porque en Hortaleza no había ni un solo ambulatorio, tampoco ningún polideportivo, por ejemplo. Si todo aquello cambió, fue gracias al movimiento vecinal.

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Calendario reivindicativo del año 1977 editado por la asociación vecinal La Unión de Hortaleza.

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