Eduardo Mangada (Anna, Valencia, 1932) es un político y arquitecto que ha marcado un antes y un después en el urbanismo de la ciudad de Madrid y de toda su comunidad. Ha militado en el PCE, en el PSOE y recientemente llegó a presentarse al Senado por Podemos. De 1979 a 1982 fue primer teniente de alcalde y concejal de Urbanismo con Enrique Tierno Galván. En 1983, Joaquín Leguina le reclamó para el primer gobierno de la Comunidad de Madrid y fue titular de la Consejería de Ordenación del Territorio, Medio Ambiente y Vivienda. Y desde 1987 a 1991 añadió también Obras Públicas y Transportes.

Antes de la entrevista le entregamos un ejemplar de nuestro periódico y se interesa por si hay más periódicos vecinales en Hortaleza. Nuestra respuesta es que en la actualidad, hecho por los vecinos solo está este y tuvo un predecesor, Unión de Hortaleza, creado en 1977 y donde fue entrevistado en varias ocasiones. “O sea que el periódico Unión de Hortaleza es de 1977 y los Ayuntamientos democráticos comenzaron en 1.979”, comenta.

PREGUNTA: Fuiste concejal de Obras y Servicios de Urbanismo…

RESPUESTA: (Interrumpe) No, no, fui concejal de Urbanismo, nunca de Obras. De hecho el que llevaba Obras y Servicios, del PSOE, no me gustó como trabajaba y conseguí echarle del Ayuntamiento.

En 1977 la Coordinadora de Entidades Ciudadanas de Hortaleza elaboró un documento con diez puntos para cambiar un distrito. Sin embargo hasta 1979 que entran los Ayuntamientos democráticos no tienes una reunión en Hortaleza. Fue ese mes de junio y a la reunión asistieron Ángel Hernández, concejal de Acción Vecinal, otra concejal, Carmen Añón, Nacho Quintana como Gerente Municipal de Urbanismo, Valentín Medel, primer concejal de Hortaleza, cuatro arquitectos de COPLACO y la Coordinadora nuestra para pasar revisión al Plan de Actuaciones Inmediatas (PAI). ¿Que recuerdas de aquella reunión?

Como no había dinero para todo propuse seleccionar los tres problemas más urgentes del PAI había que dar prioridades porque Gerencia no podía responder a todas las demandas. Y luego, haríamos una segunda fase hasta el remate final. Estos problemas afectaban a todos los distritos, se hizo entre diferentes equipos que formamos para atender a todos ellos. De Hortaleza recuerdo la UVA (Unidad Vecinal de Absorción), rehabilitándose, que no sé si se habrá acabado ya.

No, aún quedan alrededor de 500 viviendas de realojo por entregar.

También recuerdo la batalla que tuvimos por un parque que tenía un teatro…

Sí, el Clara Eugenia.

Pues nos costó muchísimo pero al final conseguimos que pasara a titularidad pública. Tuvimos broncas y batallas con la familia Banús, que tenían el Parque de Santa María. No recuerdo si era con el hermano o el primo, llevaban también el barrio de Mirasierra y acabamos venciéndoles. Conseguimos derrotarles porque en aquella época nos tenían miedo a los rojos. Ahora, no. Ahora ni a rojos ni a semirrojos. Debo reconocer que de aquella época es lo que recuerdo de Hortaleza.

También estaban mal las comunicaciones. El proyecto de autopista Cuzco-Barajas atravesaba el distrito y se cargaba el Pinar. Al final no culminó el proyecto.

De ese asunto solo recuerdo que cuando dejé la concejalía y me sustituyó Enrique Bardají llevó a cabo el bulevar (la actual Gran Vía de Hortaleza).

Pedíamos un Ayuntamiento democrático, con participación y control de los vecinos…

La participación de los barrios, más que de los distritos, dependía de la dirección de quien estuviese al frente, de quien los moviese. Había barrios como Hortaleza, El Pozo del Tío Raimundo, San Pascual u Orcasitas con Félix López Rey. Los líderes consiguieron centrar los debates, seleccionar los temas como hemos comentado antes. Lo más destacado fueron los PAI que hemos hablado anteriormente. Se hicieron por distritos. A mí me tocó Arganzuela y luego tuve que finalizar el de Tetuán.

En 1979, sin estar aún constituidas las Juntas Municipales, tuviste una intervención en la Comisión Permanente del Ayuntamiento porque Luis Enríquez de Salamanca y José Luis Álvarez Álvarez, ambos de Unión de Centro Democrático (UCD) habían dicho…

(Interrumpe) Eran el Gerente Municipal de Urbanismo y el albacea del alcalde.

Bueno, pues Luis Enríquez de Salamanca dijo que se iban a expropiar 850 hectáreas del Anillo Verde en Hortaleza porque habías trabajado mucho como arquitecto en la zona y José Luis Álvarez Álvarez aseveró que el haberse fijado en Hortaleza una de las expropiaciones más importantes se debía a que Nacho Quintana fue líder vecinal en Hortaleza. Tú dijiste que ambas informaciones eran mentira. A partir de ahí se solicitó que ninguno de los dos fuera concejal de Hortaleza. ¿Cómo viviste esta situación anecdótica?

Bueno, es que Luis Enriquez de Salamanca estaba muy ligado al sector inmobiliario y Hortaleza era una zona de grandes expectativas. Había mucho suelo disponible, incluso infravivienda que podía convertirse en suelo nuevo. Todo el norte de Madrid, en especial Hortaleza y Chamartin era muy goloso para el sector inmobiliario.

"Hortaleza era una zona de grandes expectativas. Había mucho suelo disponible, incluso infravivienda que podía convertirse en suelo nuevo"

El primer Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) tengo dudas si es de septiembre de 1983 o 1985.

El Plan se aprueba, técnica y socialmente, en septiembre de 1983 y, legalmente, la aprobación definitiva se produce en 1985. Hubo mucho debate entre mi Consejería en la Comunidad de Madrid y el concejal del Ayuntamiento, Jesús Espelosín. Le he visto recientemente porque está metido en el tema de Chamartín.

Estábamos en posiciones encontradas y una cosa absurda es que al fallecimiento de Tierno Galván, lo que había sido una colaboración plena entre Comunidad y Ayuntamiento, derivó en que este hombre tuvo una competencia con Juan Barranco (alcalde que sustituyó a Tierno) para ver quien mandaba más. Recientemente publicó un artículo donde decía que se llevaba mal con Eduardo Mangada. Después le vi y me quería dar un abrazo, y le dije: “Oye, es que en esa entrevista dijiste…”. Y me contestó que el que vale, vale y si no para concejal. Y me sentó muy mal.

En marzo de 1988 te entrevistamos en el periódico Unión de Hortaleza, a Álvarez del Manzano también, sobre el Ferial de Madrid. Dijiste que iba a ser muy positivo. ¿Qué piensas ahora?

Del Ferial de Madrid recuerdo todo perfectamente. Aunque no soy muy partidario de las ferias, en Madrid se celebraba IFEMA en el pabellón de la Casa de Campo. Las Ferias en Europa (Fráncfort, Rotterdam o Birmingham) tienen muchísima importancia económicamente en la ciudad, porque atraen a mucha gente, dándolas cierto nombre y prestigio. Y están dirigidas por las Cámaras de Comercio.

En aquel momento IFEMA estaba dirigido por Adrián Piera. De las grandes ferias en España, Madrid estaba perdiendo presencia porque las más importantes se celebraban en Barcelona. Para competir con ellos, este Adrián Piera me propuso hacer una gran feria en Madrid. Se eligieron los terrenos donde está ubicada actualmente porque estaban cerca del aeropuerto, tenían buena accesibilidad y ya se estaba construyendo la M-40 y se preparó un proyecto importante, incluyendo el auditorio. Al principio los concejales del PSOE se opusieron porque pensaban que Adrián Piera, dirigiendo esta obra, lo que pretendía en último extremo era presentarse para la alcaldía de Madrid. Les dije que la responsabilidad era mía y de Nacho Quintana. Tuve una comida con Tierno y me dijo que adelante con Adrián Piera y salieron los feriales.

Se hizo un concurso público, delegando las obras en Ignacio Solana, hermano de Javier, el ministro. Este gran arquitecto, amigo de Nacho y mío, ya había trabajado para el Ayuntamiento en el Plan General y organizó el concurso para su construcción, que ganaron varias empresas. Y esa fue mi gestión, empujar para sacar el proyecto adelante, hasta la finalización del concurso.

Esto estuvo mal visto por la izquierda más extremista porque decían que estábamos facilitando el trabajo a los empresarios. Yo les argumentaba que estamos en un mundo donde las ciudades compiten y tienen que tener su atractivo. Eso lo defendí y lo sigo defendiendo. Otra cosa es que no he pisado nunca una feria porque no me gustan. Solo he ido alguna vez cuando me han invitado a la inauguración o a la clausura, chorradas de esas. Luego ha servido de coladero para poner al frente a ineptos como Álvarez del Manzano.

El arquitecto, en el estudio de su domicilio durante la entrevista. SANDRA BLANCO

Hablemos de la Operación Chamartín. En julio de 2018 escribes en El País que el suelo público ferroviario tiene que estar a disposición de la ciudad y no como parte de un gran negocio especulativo. Fuiste crítico con la Operación Chamartín de Ana Botella y aplaudiste la nueva propuesta del Ayuntamiento del verano de 2016. Luego hubo un paso atrás con el nuevo acuerdo del Ayuntamiento en julio de 2017.

Creo que Manuela Carmena ha dejado una herencia nefasta en Madrid. Le ha dejado preparados los grandes negocios a la derecha. Y lo lamento. Fui consejero de Urbanismo de la Comunidad de Madrid hasta el año 1991. Joaquín Leguina no me echa pero me invita a que me vaya. Fundamentalmente porque la Consejería tenía mucho poder y a los alcaldes socialistas que ya les empezaba a gustar el inmobiliario, no les gustaba Mangada, que actuaba como un sheriff diciendo: “Esto no, esto no”. También había decidido irme porque tenía 59 años y bastante claro que o me iba en ese momento o iba a tener el resto de mi vida que depender de los partidos. Y no he querido vivir nunca de un partido porque acabas pegando codazos y matando, con tal de ir en las listas. Y como tengo una profesión, un buen nombre y llegué a la política cuando había sido Premio Nacional de Urbanismo, no tuve ningún problema para volver a mi casa.

En 1993 era, y soy, muy amigo de Pepe Borrell, aunque en las distancias cada uno va por su lado y su actitud tampoco está próxima a mis ideas. Cuando fue ministro de Obras Públicas y Transportes colaboré en varios asuntos y surgió el tema de Chamartín. Y en ese año 1993 publiqué el primer artículo contra el proyecto. Creo que se llamaba ‘Chamartín a las sombras de Kio‘ y era cuando se acababan de terminar las torres. Y le puse a parir, que era una vergüenza que suelo público se entregase a un banco, público en ese momento, y que ese suelo se utilizara para financiar a un Ministerio en lugar de servir para mejorar los barrios del entorno. Esto me supuso un enfrentamiento muy fuerte con el ministro. Desde entonces he escrito 17 artículos en contra de Chamartin.

Y alguno a favor como en mayo de 2016.

Uno solo. Y además ya me había sentado mucho con Carmena y le había dicho: “Esto tienes que pararlo, es un desastre políticamente, no es un proyecto de izquierda, es puramente especulativo y de derecha”. A partir de ahí Pepe Borrell buscó una justificación, quería sacar dinero de los terrenos de Renfe para mejorar la estación.

Nunca he sido partidario de que los terrenos públicos se utilicen como moneda de cambio para financiar una mala gestión. Está bien un proyecto público para un banco público (entonces Argentaria), pero Felipe González apoyaba a su querido y nefasto asesor Carlos Solchaga (ministro de Economía y Hacienda), que ese año escribió un artículo diciendo que los propietarios del suelo son los únicos que pueden decidir qué, cuándo y cómo deben construir y la administración no debe intervenir. ¡Y era un ministro socialista!.

Lo peor es que cuando deja el PSOE el gobierno y viene el PP eso se convierte en una negociación terrible, donde aparece un operador, el BBVA, y va entregando prebendas y prebendas. Y lo que inicialmente pudo tener una justificación de financiar acabó siendo una entrega al sector privado de tres millones de metros cuadrados construibles, en la zona más prestigiosa del norte de Madrid. Y por eso escribí: «Después de engañarnos no le llamemos Chamartín, ni Operación Chamartín. Llamémosle Cortijo BBVA».

Y para más dolor, es que acaba entregándolo un gobierno de izquierda, al que he votado, he defendido y he hecho el programa como el de Manuela Carmena, conociéndola desde la clandestinidad contra Franco. Y me duele que se entregue desde la izquierda el sector inmobiliario más fuerte de Europa al sector privado. De hecho es tan importante que ya ha habido reuniones de fondos cataríes con el presidente del Gobierno para que BBVA se lo pase a ellos. Sobre Chamartín hay presiones inmobiliarias de todo el mundo. Meramente es un negocio especulativo. Y sobre el problema de la vivienda en Madrid tengo también un artículo sobre un ministro que tampoco me cae bien, Ábalos, “el cabroncete”.

"Manuela Carmena ha dejado una herencia nefasta en Madrid. Le ha dejado preparados los grandes negocios a la derecha. Y lo lamento"

En mayo de 2016 publicáis un artículo en el diario Nueva Tribuna, tú, Félix Arias, Eduardo Leira (arquitecto y marido de Carmena) y Jesús Gago, aplaudiendo el nuevo planteamiento de Manuela Carmena, dando vuestro apoyo y colaboración con la operación Chamartin. ¿Qué pasó para que dierais un cambio tan radical?

Pues sucedió que en esos momentos, Carmena hizo público en un Pleno que se paralizaba el plan actual y se iniciaba un nuevo plan como habíamos solicitado desde el sector público, con un consorcio entre la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento para solucionar los problemas más acuciantes de vivienda en Madrid y no para crear un macrocentro de oficinas de lujo en el norte de Madrid. O sea mayor peso del sector público y menor edificabilidad.

Pero esto no duró mucho y se volvió a la situación anterior. Y este es el gran drama. A Carmena, con la que tengo relación desde la clandestinidad en el año 1972, le dije y está publicado: “Este asunto te va a costar muchos votos”.

Y quién crees que es el responsable de estos bandazos con Chamartín, ¿quien asesoró tan mal a Carmena?

Su principal asesor, que es el culpable de todo esto es José Manuel Calvo. Que ahora, en lugar de ser concejal de Urbanismo es concejal de Desarrollo Urbano y Sostenible. Tócate los cojones. Bueno, pues este hombre además de la Operación Chamartín es culpable de los principales desastres urbanísticos de Madrid. De la Operación Canalejas del sinvergüenza de Villar Mir, del derribo del estadio Vicente Calderón no para hacer parques sino para hacer dinero y especular y ha conseguido, con la oposición de los ecologistas, que la estrategia del sureste, que es la invasión dada al sector privado, les entregue un suelo para construir 250.000 viviendas desde el Manzanares hasta la carretera de Barajas. Claro, cuando pierden el Ayuntamiento le dejan hecho el trabajo al PP, le dan besos a José Manuel Calvo. Y digo todo esto porque yo soy rojo, marxista-leninista. Es de los pocos honores que me quedan.

Imagina que decimos que este hombre también es rojo.

Bueno, es que a última hora se apuntó a Podemos, manda cojones. Es muy grave. Y lo más grave de la Operación Chamartín es que el Ayuntamiento tolera que tres millones de metros cuadrados de la mejor zona de Madrid se le entregue al sector privado, siendo la única operación estratégica, con la de Campamento, para que especulen y no de respuestas a los problemas reales de vivienda, las necesidades de los barrios o al proyecto de Eje Verde que conecte el centro de la ciudad con El Pardo y la salida al Norte.

¿Cómo es ahora tu relación con Eduardo Leira, arquitecto y marido de Carmena?

A ese también le he contestado. Después de su último artículo le he dicho que miente y que es lamentable, además de desleal y otro de los culpables que ha ido llevando a Manuela Carmena por este mal camino.

Volviendo a José Manuel Calvo, en 2018 contestó a un artículo tuyo, que cómo no se iba a renovar un acuerdo de hacía 24 años. Que había que renovarlo sí o sí.

Pero si el acuerdo se ha ido renovando con la derecha. Alberto Ruiz-Gallardón y Ana Botella han ido inflando más volumen y menos cuota para el Ayuntamiento.

Lo extraño es que estando ellos tantos años no llegaran a cerrar la operación.

Pues te lo voy a decir. Ana Botella, con todo el cinismo, habiendo elecciones un domingo, convocó un Pleno extraordinario el jueves anterior para aprobar el plan. Afortunadamente hubo una funcionaria con decencia que dijo que faltaba un informe y se negó a firmar el acta. Solo por eso el plan no está aprobado. Intentó dejarlo atado y bien atado.

Y a continuación entró Carmena.

Sí y pecó de ser demasiado buena, siempre buscando consensos. El consenso es una mariconada. Si siempre buscas el consenso es porque no tienes claras tus ideas y entonces quieres quedar bien con todo el mundo. Un día me indigné mucho con ella. Me dijo que había ido al despacho del presidente del BBVA a una entrevista. Y le dije que cuando yo era concejal, me tenían que pedir audiencia y se la daba en mi despacho. El del banco tiene que venir al Ayuntamiento y no al revés.

Y más cuando ya no se tiene tanta dependencia de la banca porque se estaban saneando las cuentas municipales.

Sí, y para terminar con Chamartín creo que ha quedado como la gran hipoteca del futuro, porque en manos de la derecha van a obtener aún más beneficios. Hoy Chamartín es la pieza mas golosa y codiciada del mundo inmobiliario en toda Europa.

Sucede igual en Campamento. El suelo es militar, por tanto público. Y se ha vendido una parcela del Taller de Artillería, enfrente de El Corte Inglés, a una cooperativa para construir pisos. Y el Batallón y la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos se lo dijimos: esto es ilegal. Afortunadamente Ecologistas tiene un buen equipo jurídico y les ha ganado el juicio. Pero ha ganado cuando ya está destruido el edificio y formada la cooperativa. Y de nuevo el responsable es José Manuel Calvo.

"Lo más grave de la Operación Chamartín es que el Ayuntamiento tolera que tres millones de metros cuadrados de la mejor zona de Madrid se le entregue al sector privado"

¿Tuviste alguna intervención en la M-40?

En el Plan General se tocó, pero ese asunto no le llevé.

Era por si recordabas como la dejaron tan próxima a las viviendas de los barrios de San Lorenzo y Santa María.

No lo sé. Eso no lo llevaba el Ayuntamiento, era el Ministerio de Obras Públicas. Primero expropiaban y después miraban las consecuencias medioambientales. Y fueron las reivindicaciones de estos barrios las que obligaron a poner esas bóvedas de hormigón para evitar el ruido inmediato.

De los trenes de Cercanías me dijiste que no eran de tu competencia.

Del Cercanías defiendo todo. Nosotros hicimos el plan Felipe para el área metropolitana de Madrid. La mayor inversión que se hizo nunca en España en ferrocarriles de Cercanías fue para Madrid. Desde el Consorcio de Transportes se consiguió que los pueblos del sur de Madrid, con 1,5 millones de habitantes, utilizaran este transporte. Se renovaron los trenes, se actualizaron las estaciones y la unificación de tarifas. Y además, entre las 6 y las 9 de la mañana, la frecuencia de los trenes era cada tres minutos.

En cuanto a los PAUs (Sanchinarro, Montecarmelo…) en algún momento dijiste que eran un invento del PP, que ya estaban en el Plan del año 1985, con algunas diferencias.

Hay algunas diferencias, en el 85 no eran como los de ahora. Una de las broncas que tengo con Jesús Espelosín (también fue concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid) porque yo defendía que todos los PAUs eran un sistema de expropiación pública por expropiación. Recuerdo que los del Ensanche de Vallecas, Montecarmelo y Carabanchel estaban en marcha y estaban comenzando Sanchinarro y Las Tablas. Este último fue un desastre total, con dificultades de saneamiento, de accesibilidad, de todo. Eran de promoción pública y estaban dedicados a cooperativas como Madrid Sur.

Cuando heredé Tres Cantos en Coplaco, se estaban vendiendo los pisos por cinco millones de pesetas. Había allí dos cooperativas, que luego se fusionaron, la de UGT (PSV) y la de CCOO (VITRA). Hago un inciso porque la cooperativa de UGT estaba dirigida por Carlos Soto. Y este hombre que fue un buen militante comunista, se convirtió en un monstruo por la corrupción. En esta misma mesa que estamos ahora le dije: “Sabes lo que quiero, meterte en la cárcel porque has destrozado un proyecto político por el que he luchado contra el mismo Felipe González que no era partidario de las cooperativas sindicales. Y yo le dije que me arriesgaba”.

Yo quería que los PAUs fueran un servicio del sector público, con colaboración del sector privado. Pero solo colaboración, ¿eh?. Con Espelosín y su amor por los mercados se inflaron los PAUs y aquí está mi ruptura política con el Ayuntamiento de Juan Barranco. Solo había que expropiar y hacer viviendas con cooperativas. Si es que son muy burros, podían haber obtenido beneficios económicos actuando decentemente.

En Sanchinarro, David Oliver, arquitecto del PAU, ha dicho que no está satisfecho con el resultado final de su trabajo.

Es que se cogen la minga con papel de fumar. Y no les gusta porque no es bonito.

La última relacionada con esta cuestión. En mayo de 2019 dijiste que en Sanchinarro, Montecarmelo y Las Tablas, Ciudadanos es el partido más votado. Son zonas aisladas, de alto valor del suelo, con población de renta media-alta urbana. ¿Puede el urbanismo crear una nueva clase social?

No, no. Mira, hay un librito del camarada Engels que habla del tema de la vivienda y dice que el problema de la vivienda se resuelve fundamentalmente con el salario. No haciendo de San Vicente Paúl viviendas para los pobres. La clave está en la lucha de clases.

Pero esto se explica con la anécdota relacionada con la herencia de Tres Cantos que recibimos de Franco. Aquí no era el caso hacer tantas y tantas viviendas. La Consejería que yo dirigía tenía el 75% del presupuesto de inversiones de la Comunidad de Madrid. Habíamos batallado tanto por algo tan fantástico como el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, el único parque en la Comunidad que queda sin tocar, que a La Pedriza y los pueblos de alrededor los encerramos en este parque. Y el Tercer Canto, que daba al Guadarrama, lo descalificamos y regalamos para ampliar el Monte de El Pardo. Rehicimos todo aquello, cambiamos la tipología y elaboramos un Plan.

Y como decía antes, se unen las dos cooperativas de CCOO y UGT en una Plataforma Sindical Unitaria. Yo tenía mucho respeto por este proyecto cooperativista, además era amigo de Nicolás Redondo (secretario general de UGT), pero el secretario del PSOE se resistía mucho. Le daba miedo pensando en los sindicatos alemanes que habían acabado con problemas económicos y corruptelas. Se estaban vendiendo los pisos por cinco millones de pesetas y a los sindicatos se les da por un millón de pesetas, importe inferior a lo que el módulo de viviendas de protección permitía.

Entonces se entregan 1.200 viviendas a UGT y 1.000 a CCOO, con las correspondientes protestas de estos últimos por la diferencia. Bueno, pues cuando ya estuvieron vendidas y entregadas todas las viviendas, en las siguientes elecciones gana el PP. Y me dice Leguina: “No hagas más viviendas para pobres que cada vez que haces una vivienda pasan los votos rebotados al PP.” Esta es la anécdota, y la pregunta, ¿puede sociológicamente el urbanismo crear una clase social? Bueno, se resume en una frase que se repite mucho, hasta Franco la dijo: “Hagamos propietarios y no tendremos proletarios”. En Estados Unidos, un presidente en los años treinta dijo: “Hagamos nazis y no tendremos comunistas”. Hoy en día la vivienda se ha convertido en el mecanismo de acumulación de capital más importante en el mundo.

Nacho Quintana, que fue primer presidente de la asociación vecinal La Unión de Hortaleza, después Gerente Municipal de Urbanismo y subsecretario de Estado en el Ministerio de Cultura en 1985, entre otros cargos, decía en 2012 en el diario La Nueva España: “Abandoné el PCE cuando quiso abaratarlo todo y acabar con el movimiento vecinal”.

En el antiguo PCE había gente como Nacho que provenían del FELIPE (Frente de Liberación Popular) e incluso del movimiento católico. En aquellos momentos de la clandestinidad en el PCE, el Colegio de Arquitectos, un colegio de señoritos derechosos, llegó a tener en la agrupación comunista hasta 54 afiliados con carnet. Y en las asambleas llegaban hasta 90.

Cuando llega Santiago Carrillo a España hay una confrontación entre los que habíamos trabajado aquí y la nueva dirección que viene de París con sus tics. Hay una primera fase cuando Carrillo desmonta las agrupaciones de ingenieros, de medicina, de arquitectura, con un proyecto que denomina territorialización. Teníamos que ir todos a las agrupaciones territoriales. En teoría la fuerza, la cultura y el trabajo juntos. Pero también hizo perder mucha fuerza a los colegios profesionales que tenían su importancia. Yo me opuse, pero aún así cumplimos las órdenes y llegué a ser secretario de la agrupación Carabanchel-Latina que tenía 3.000 militantes. Y en la agrupación me llevaba muy bien con Ariza, Simón Sánchez Montero o Marcelino Camacho.

Fue la primera confrontación organizativa con Santiago Carrillo. En los años 1967 y 1968 yo había trabajado en San Sebastián y conocía bien el País Vasco. Allí estuve con gente como Mario Onaindia. A nosotros nos llamaban centralistas-españolistas, pero nos querían. Y la verdad es que la presencia del PCE en Guipúzcoa era prácticamente nula mientras en Vizcaya, en la margen oeste del Nervión, había más presencia comunista. Pero sobre todo había mucho mando de los curas que son los que crearon a ETA.

La influencia la tenía la jerarquía católica. A través de Mario Onaindia y Roberto Lerxundi surge algún pequeño contacto entre el PCE y ETA, con José María Bandrés como intermediario. Y surge la iniciativa de formar un partido vasco, Euskadiko Ezquerra, hijo del PCE, próximo al PCE y había que apoyarlo en Madrid porque aquí el partido tenía mucha reticencia y entonces Luis Dorado y yo conseguimos que nos cedieran la sala del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) e invitamos a Onaindía y Lerxundi a que viniesen a Madrid a presentar y apoyar ese proyecto.

"No he querido vivir nunca de un partido porque acabas pegando codazos y matando, con tal de ir en las listas"

Con Santiago Carrillo había un cariño mutuo, pero con este acto aprovechó la ocasión para decir que hubo una acción fraccional y se nos abre un juicio sumarísimo dentro del partido. Me desplazo a Roma para hablar con Berlinguer, secretario general del Partido Comunista Italiano (PCI) y decirle que aquello era una barbaridad. No consigo hablar con él pero sí con el presidente del Parlamento italiano. Me dijo que era un error lo que nos estaban haciendo pero que no podían intervenir.

Todo se enrarece tanto que al final nos piden que hagamos una confesión, como los estalinistas, diciendo: no lo volveré a hacer más, pedir perdón… Y hasta ahí podíamos llegar. Yo tenía muchos años y mucha dignidad para tragar con eso.

Cuando la cosa estaba muy enfrentada, habíamos hablado Palacín, Cristina Almeida y yo con Carrillo para intentar arreglar todo este asunto. En el interín hubo otra situación que molestó a Carrillo. Y fue que siendo yo primer teniente de Alcalde del Ayuntamiento, acusaron al segundo teniente de Alcalde, Alonso Puerta (PSOE), de irregularidades en la concesión de basuras. Me llamó Tierno, también estaba presente Álvarez del Manzano, y me dijo: “Como usted es primer teniente de Alcalde le voy a pedir que monte una comisión de investigación donde estén presentes los tres partidos (PCE, PSOE y PP)”. Le dije que si se constituía la comisión, como mucho en una semana tenía que estar resuelta. Yo presidí esa comisión, el tema era grave y cuando llegamos al final, se decidió su expulsión. Le dije a la representante del PSOE que hablara con Alonso Puerta y yo lo haría con Carrillo.

Y Carrillo me decía: ”Pero ha habido cheques o no”. Y le contesté: “Mira Santiago tengo un compromiso de secreto de la deliberación de la comisión, he investigado un tema interno de la comisión municipal y no te voy a dar ningún dato que no sea exactamente lo que voy a firmar como presidente de la comisión”. Y me dijo: “Entonces antepones tu palabra a tu militancia”. Y le respondí: “Si no tuviese palabra no sería militante”. Finalmente se despidió con un “bueno, a ver si tenéis suerte”. Cuando bajaba la escalera notaba como si tuviera la punta de un cuchillo en la espalda.

Total, que se fueron sumando cosas, pero la última causa formal de la expulsión fue por haber apoyado una acción fraccional, la fusión con Euskadiko Ezquerra. Después de una última reunión con el Comité, les dije que tenía más de 400 telegramas de cargos públicos en España apoyándome.

¿Y cómo quedó la situación en Madrid?

Pues de nueve concejales del PCE que éramos en Madrid, nos fuimos siete, entre ellos Palacín y Cristina Almeida. Y solo se quedaron Juan Antonio Pla y Julián Rebollo.

Magada fue militante del PCE, y tras su expulsión se afilió al PSOE. En los últimos años se aproximó a Podemos. SANDRA BLANCO

Y esa fue tu historia hasta 1982.

Sí hasta 1982, que fui expulsado del PCE con un telegrama el día de Nochevieja (ríe)

¿Y qué pasó los cinco años siguientes? Porque en el PSOE no entras hasta 1987.

Vuelvo a mi estudio de arquitectura con el socio de toda la vida, Carlos Ferrán, y trabajamos en temas de urbanismo. Estábamos haciendo el Plan de Cádiz y en esa época se empieza a constituir la Comunidad Autónoma de Madrid. Me dicen que Felipe González ha pensado en mí para llevar el gobierno de Coplaco (Comisión de Planeamiento y Coordinación del Área Metropolitana de Madrid) que presidía en ese momento Carlos Conde Duque. Les respondí que aceptaba Coplaco como germen de una futura Consejería y que venía a desmontarlo porque suponía un sistema centralista que había estado dominando la comunidad autónoma.

Por tanto en 1983 entro a formar parte del primer gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid y vienen conmigo Nacho Quintana, primero como gerente de Coplaco y luego como viceconsejero, y Jesús Morón (fue abogado de la asociación vecinal La Unión de Hortaleza sustituyendo a Luis Javier Benavides, asesinado en la matanza de Atocha). Así durante cuatro años, hasta 1987, fui consejero sin carnet del PSOE.

En 1987, Joaquín Leguina me dice: “Esto no puede ser, yo quiero que sigas, pero te tienes que afiliar al PSOE porque yo tengo muchas presiones”. Y es que en la Consejería no había nadie del PSOE, ni un solo director general. Otro día me llama Txiqui Benegas a vueltas con lo mismo. Y de nuevo Leguina, que no puede ser que vayas en las listas siendo independiente, y venga…. Total que le dije, si te viene bien que me afilie, lo hago. Y nos afiliamos al mismo tiempo Santi Alonso Zaldívar y yo. Y no pido el carnet, pero me lo entrega personalmente Felipe González.

Esto fue así, pero mi madre que era comunista, además de Stalin, estuvo un año sin hablarme. Cuando me echaron del PCE me dijo: “Algo malo habrás hecho”. Menuda era, se murió con 92 años y nos decía: “A mi me enterráis con la bandera de la hoz y el martillo”. Solo pude encontrar una bandera republicana y es la que le puse.

Y en el PSOE estuviste hasta el año 2014.

Estuve dos mandatos, de 1983 a 1987 y de 1987 a 1991. Y en 1991 le digo a Leguina que ya no quería depender de ningún partido, que tenía 59 años y quería volver a ejercer mi profesión. Entonces se dio la circunstancia de que no tuvieron mayoría absoluta y tenían que pactar con Isabel Vilallonga de Izquierda Unida. Y me dice que no me vaya, que con nosotros resulta más factible el pacto. Tuve una reunión con Jesús Morón y me dijo: “Hombre, irnos ahora que no estamos en mayoría parece que huyamos. A mi me viene muy mal pero si nos comprometemos todo el equipo a aguantar cuatro años más..”. Y dijimos, adelante.

Pero cuando le digo a Leguina que vamos a seguir, me dice que tiene que dividir la Consejería porque tiene demasiado poder. Le respondo que he unido Transportes y Urbanismo porque lo he aprendido de Inglaterra. No pueden ir por un lado las carreteras y por el otro el urbanismo. Además me quedo con un brazo cortado para que el ABC diga que con tal de quedarme renuncio a mis principios. Así es que lo siento pero no sigo. Y Leguina me argumenta: “Es que los alcaldes de los pueblos, del PSOE, están muy enfadados porque dicen que no les dejas hacer nada”. Mi respuesta fue que lo que no les dejo es hacer golferías.

Por eso cuando digo en broma que no me expulsaron, que solo me invitaron a salir, también me consta que a Leguina le dolió mucho y le creé un problema grave.

Ahora Leguina ha cambiado radicalmente.

Hace dos años me le encontré y le dije que era mejor que no nos volviéramos a ver. Para que nos íbamos a volver a ver.

Sin embargo tu salida real del PSOE fue en 2014, 23 años después, cuando devolviste el carnet, vaya.

Ah, sí, sí. Seguí en la agrupación. Había gente muy maja. Pero cada vez me sentía menos identificado con este partido, hasta que decidí escribirles una carta muy sencilla. “Queridos compañeros, os tengo mucho cariño, hemos trabajado juntos pero me he cansado, me voy. Contad conmigo para lo que necesitéis”.

Con el paso de los años me llevo bien con muchos compañeros del PSOE, no con todos. Apoyo todo lo que esté a la izquierda del PSOE, a su derecha nada. Cada vez me estoy volviendo más radical.

Y luego, en el 2015 te presentas por Podemos al Senado.

Me presento, no. Esa es otra historia que te cuento para que la cuentes. Creo que Podemos nace del 15-M. El mundo actual cada vez está peor, releyendo a Marx con más profundidad me estoy dando cuenta que el cabrón era más inteligente y tendría más razón ahora que en su tiempo. Es más necesario ahora para entender mejor esta sociedad. Hay que ser más marxista ahora que entonces. Y nace un movimiento que ocupa Wall Street, en Nueva York, es un momento de revuelta popular frente al predominio del liberalismo más opresor, con el mandato del dinero por encima de la política. Perversión y adulteración de las responsabilidades políticas frente al poder del dinero.

Hay tres lastras, tres carcomas que corroen la ciudad: la mercantilización de la ciudad, todo se transforma en mercancía; la privatización de lo público y la más grave, la contaminación ideológica de los responsables de la ciudad.

Una contaminación ideológica que somete la política al mercado y en ese momento hay una respuesta espontánea, pero muy espontánea, en muchos países, al grito, que me parece cojonudo, de “No nos representáis”, y es verdad. Hay una quiebra del capitalismo y sin embargo no pagan los bancos, lo pagan los marginados, cada vez más se ha instalado la precariedad, pero no olvidemos que el capitalismo necesita la precariedad y la pobreza para sobrevivir.

Hay una filósofa, Marina Garcés, que dice que la sostenibilidad del planeta son grandes reuniones y lo que le importa a mucha gente es la sostenibilidad del capitalismo y el capitalismo se sostiene matando el planeta. El planeta está en estos momentos en la peor situación de la historia de la humanidad. Se está destruyendo el planeta y se está matando a la sociedad. La precariedad se está instalando, aquí ya no va a haber un proletariado, se sustituye por desahuciados, que son el resto de los que no son ricos. El 1% tiene el 80% de la riqueza en el mundo, frente al 99% que son pobres.

En ese momento se dan cuenta los más jóvenes y comienzan esa gran revuelta que se une a las batallas de la primavera árabe. Este movimiento social tiene mucho éxito, aunque aquí es menos conocido, en Sudamérica, con un ideólogo, Laclau, representante de este movimiento efervescente, que tiene una parte muy buena, el populismo. Coño, más populista que era Franco, que quería todo de uno en uno, con la gente.

Y ahí surge Podemos, produciendo un enorme entusiasmo, porque además viene a alterar algo que se estaba anquilosando: el bipartidismo. Se había estado gestando una élite gobernante y aparece un discurso populista, poco marxista. De hecho sus líderes no lo utilizan en la práctica, solo en sus conferencias.

Volviendo a Podemos, fui con un compañero a dos actos y quedé entusiasmado, pensando que era la mayor promesa de regeneración política que he vivido. Para mí fue una gran incursión política y por ese entusiasmo, estando de vacaciones en Las Palmas, me llama Luis Alegre, uno de los responsables en Madrid y me dice que Pablo Iglesias tiene mucho interés en que me presente en sus listas para senador. Le dije que me diera tiempo a pensármelo, que estaba de vacaciones. Insistió al día siguiente y entonces le dije: “Sabes lo que he pensado, que con 83 años lo único que puedo ser ya, es senador”. Me pidió el currículum y le dije que hablara con mi hija, que es mi secretaría, mileurista y a la que tengo explotada (ríe).

Total, que me presento con entusiasmo, y previendo la bronca territorial que iba a haber en España, el Senado podía ser un buen sitio para que la izquierda estuviera presente. Entonces fui a las primarias, creo que éramos seis personas, pero no llegué a conocer ni a Iglesias ni a Errejón.

Decías que eras inscrito pero no militante.

Es que no sé si hay militancia, no lo he sabido nunca. No he tenido ningún carnet de Podemos. Pero termino con el tema. Vamos a las primarias y el que menos votos obtuvo fui yo. Bueno, pues yo sigo apoyándolos y votándolos. Hubo un momento en que me dicen que siga apoyándolos, a lo que respondo que ya lo estaba haciendo y me dicen que lo mío lo podían arreglar. Y les dije: “Oye, soy viejo comunista y creo que el que manda, manda. Vaya, que soy menos democrático que vosotros. Pero las primarias son las primarias, no me deis más la coña, que conmigo no vais a manipularlas”.

Y estoy con Podemos y sigo defendiéndolos, aunque me cabreé un huevo con Pablo Iglesias con lo de Cataluña. Pero mucho, mucho. Y con el niño Errejón más, el niño Errejón amamantado por Manuela Carmena es la hostia. Son la Virgen y el Niño Jesús.

En 2015 también dijiste que pactar Podemos con Izquierda Unida Madrid sería un suicidio.

En aquel momento, sí. Con Garzón ahora, no. Pero en aquella época con los dirigentes que había, así lo pensé electoralmente. El suicidio es lo que está pasando ahora y es que aparezcan dieciocho nombres de la izquierda. Que se pierda una baza fundamental en Cataluña, como es En Comú Podem de Ada Colau.

Sigo creyendo que Podemos ha sido la fuerza más inteligente, más digna y más vitalista que ha habido en los últimos años, con la que se ha renovado la política española. Lo que no sé es si los partidos tienen la facultad de corromper a los líderes y si cuando te vas haciendo líder dejas de ser militante. No es comprensible lo de Errejón con esto de inventarse Más País y Más Madrid.

Me pareció un éxito enorme conseguir Las Mareas en Galicia, En Comú Podem en Cataluña, cuando Compromís era una hijuela de Podemos en Valencia o Teresa Rodríguez en Andalucía con Anticapitalistas. Un día le dije a Carmena que había votado Madrid en Pie (candidatura de concejales díscolos de Ahora Madrid que se presentaron a las últimas elecciones municipales), porque era lo único decente que podía hacer en aquel momento. Te voy a contar una anécdota para definirme.

Había un cardenal brasileño, Helder Cámara, que decía: “¿Porqué cuando salgo a la calle y doy limosna a los pobres me dicen que soy un buen cardenal y sin embargo cuando les explico desde el púlpito porqué son pobres, me llaman comunista?”. Ahora no hay pobres, hay empobrecidos. El capitalismo, primero con Margaret Thatcher y luego a partir de 2008, se ha dedicado a empobrecer y a transformar el proletariado en esclavos. Y nos venden lo de los emprendedores. Nos ha jodido, la Botín puede ser una emprendedora o el niño al que le pone la mamá una tienda vegana. ¡Autónomos, una mierda de esclavos es lo que somos! Fíltrame un poco todas estas palabras soeces.

No los voy a filtrar, de eso ya se encargan los que me lo revisan arriba. Has hablado algo de tu madre. ¿Y tu padre?

Mi padre era comunista desde que fue a la universidad en 1928. Vivíamos en Colombia donde era un médico prestigioso. Cuando estalla la guerra civil mi padre y yo, con cinco años, entramos en 1937 por la frontera, con las Brigadas Internacionales, para defender la República.

Para terminar, ¿quieres rematar la entrevista?

Pues te diría que el radicalismo ya no es un problema de coherencia, es un problema de decencia. Como dice Raymon: “Diguem no”. No estoy en común con Pedro Sánchez, que le voy a hacer. Ni con Arrimadas ni con ningún otro. Últimamente hasta con Pablo Iglesias también me he cabreado y con Errejón, que había que darle un par de hostias al niño, por joder la marrana. Y no digo más. Introduce las mejoras que estimes oportunas. Confío en un compañero radical.

Eduardo Mangada, junto a José Luis López, durante la entrevista. SANDRA BLANCO

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