Estamos haciendo memoria de Arturo Soria, visionario incomprendido. Con su muerte en 1920 quedó bloqueado el proyecto de la Ciudad Lineal. La avenida actual y su hermoso ámbito es sólo un reflejo de aquel proyecto grandioso de ciudad jardín con implicaciones sociales y culturales. La Ciudad Lineal, construida en el ámbito de los pueblos de Canillas y Chamartín, estaba limitada por dos vías paralelas al eje central, la Posterior Occidental y la Posterior Oriental, que es la actual calle Asura. Más a oriente estaba el término del pueblo de Canillas (unido a Madrid en 1950, como Chamartín y Hortaleza) y el campo abierto, inmensidad de tierras de labor, propiedad de la familia Cavero, en gran parte por herencia de los generales del siglo XIX. Los nombres de la familia multiplicados en el eje de Arturo Soria son un recuerdo de esta presencia.

En este territorio se fueron asentando, en especial después de las guerras (1939 y 1945) las oleadas de emigrantes que llegaban huyendo de la pobreza y atraídos por el desarrollo de la capital. Así como también gran número de conventos. Y aquí se definía el barrio de Portugalete, llamado así por el título de Marqués de Portugalete, uno de los muchos que confluían en la familia Cavero, como el de Duque de Bailén, Conde de Orgaz, Barón de Carondelet y otros.

El barrio se situaba en las lomas, en altitud de 720 metros, de la cresta de Madrid divisoria de las cuencas del Manzanares y el Jarama. Por esta cresta discurría el Camino de la Cuerda (ahora, en esta parte, es la calle Puerto de Santa María) camino de arrieros bordeando Madrid y puede suponerse vieja vía pecuaria por donde pasaban los rebaños trashumantes en los viejos tiempos de la Mesta. Discurría y discurre el gran canal ahora entubado, que desde el depósito de Pinar del Rey aporta agua al depósito de San Blas y al de Vallecas abasteciendo al este y sur de la ciudad de Madrid. Había agua en el subsuelo con pozos en muchos lugares y restos de algunos arroyos con aportación de aguas residuales, como el de la calle Laurín que bajaba hacia el arroyo Abroñigal, luego Avenida de la Paz y hoy M-30.

LA ASOCIACIÓN Y EL BARRIO

Portugalete en los años setenta quedaba delimitado en el norte por los nuevos barrios de Canillas: el Poblado de Absorción, de la Obra Sindical del Hogar (desde 1954), de construcción muy precaria, ya derruido y remodelado; y el Poblado Dirigido (desde 1956), gran muestra de arquitectura moderna. En el sur por el Parque Conde de Orgaz, con una frontera, una alambrada ahora eliminada, con sus guardas y su garita que subsisten.

En Portugalete, la ordenación urbana era rudimentaria. Había algunas calles, hotelitos con su jardín, y 200 chabolas y otras infraviviendas, entre ellos los funestos Patios del Abogado, alojamientos mínimos de muy mala calidad, con servicio para entre 10 y 15 familias. Había también, dispersas por el gran descampado, casitas construidas con su trabajo y sudor por los vecinos, que habían comprado una pequeña parcela a los Cavero o a los Padres Paúles. Previo paso, en muchos casos, por los Patios.

Los vecinos eran población migrante, procedente de las dos Castillas (de las que luego Madrid se independizó), de Andalucía y Extremadura. Los oficios era con frecuencia agrícolas en su origen, con toda la variedad, en el caso de los hombres, como albañiles, carpinteros, herreros (un caso de gran artista forjador fue Inocencio Pola, también danzante de Majaelrrayo), fontaneros, peluqueros, policías y otros empleados del Estado. Con historias personales variadas que incluían viejos recuerdos de la guerra, paso por cárceles o por el Valle de los Caídos (como León Casado) y más recientes del servicio militar obligatorio. La ocupación de las mujeres era la habitual en el trabajo de casa, cuidado de niños, en el servicio doméstico y tareas como el tejido de jerséis y semejantes. Y con la aportación de las fiestas, costumbres populares y variadas gastronomías.

En el barrio de Portugalete no había agua corriente en las casas ni alcantarillado, el suministro eléctrico era precario, y las calles no tenían pavimentación, aceras ni alumbrado público

Las casas tenía la dotación que cada familia había podido conseguir, pero había carencia general de servicios urbanos. No había agua corriente en las casas, con pozos en alguna, raras fuentes públicas. Suministro eléctrico precario, con frecuentes apagones. Sin alcantarillado, funcionaban los pozos negros con su descarga periódica. Sin pavimentación, aceras ni alumbrado público. Teléfonos pocos, que servían para los vecinos. Tiempo de las bombonas de gas repartidas por camiones. Escombreras, abundancia de moscas y mosquitos. Carencia de servicios sanitarios, educativos, culturales.

Prestaban gran servicio algunos pequeños comercios de ultramarinos donde se vendía todo tipo de mercancía, casi todo a granel, como aceite, legumbres, sardinas y arenques en típicas cajas redondas de madera, bacalao seco al corte, lecherías, panaderías o mercerías. Comercios donde las madres nos mandaban a comprar y luego ellas iban a pagar cuando podían. Y unos pocos bares, algunos con patio donde se organizaban bailes los fines de semana, otros más pequeños (como el Portugalete) lugares de reunión y convivencia. También venta ambulante, la churrera, el mielero que venía desde Guadalajara y estuvo visitando el barrio hasta los años noventa, el afilador, los que vareaban la lana de los colchones, los lañadores de cacharros de cocina. Teníamos un taller de bicicletas y un herrero donde venían con los caballos para herrarlos. Era habitual que pasara el pastor con las ovejas, el cartero que vendía anillos y pendientes a plazos como alternativa al escaso sueldo, compradores de pelo, el botijero con el borrico cargado de alfarería de Salvatierra de los Barros, vendedores de hielo para las neveras, un par de carbonerías y también teníamos un cine de verano, el Ruferco, donde podíamos comer pipas o cenar un bocadillo, y cine ambulante en la pared de la peluquería del señor Pulpillo donde teníamos que llevar la silla y pagar una pequeña cantidad para ver la película que proyectaban desde una camioneta.

Existía una carencia de transporte público. El más cercano era el tranvía de Arturo Soria, número 70, la “maquinilla” que llevaba hasta la Plaza de Castilla, con una parada cercana al barrio, la parada 9 donde estaba el restaurante Barahona. Pero era la parada 10 la que constituía el centro de la zona y punto de conexión para el autobús 9 hacia Madrid. Allí había farmacias, la pastelería de Hortensia, ferretería, el cine Ciudad Lineal (todavía está el rótulo), restaurantes, bares y los quioscos: el de la Felisa y el de las gallinejas que quedaban en medio del bulevar entre las vías del tranvía.

Un rebaño de ovejas pasa delante de las personas que pintaron los murales de Portugalete en 1975.

Con el aumento de población, el Obispado constituyó en Portugalete una nueva parroquia, San Pablo de la Cruz (incluyendo el Parque Conde de Orgaz: para la iglesia no había distinción de clases). En ella algún cura y “teólogos” en la línea de los curas obreros metidos en la lucha social se propusieron dinamizar el barrio, tomando conciencia de todas sus necesidades. Y en especial con la amenaza del Plan Parcial de Ciudad Lineal de 1972, promovido por el Ayuntamiento (y por los potentes especuladores inmobiliarios). El plan proyectaba un cruce de autopistas, la construcción de bloques, el arrasamiento del barrio y la consiguiente expulsión de sus habitantes.

Entonces se formó una comunidad cristiana que junto con los grupos de jóvenes, las fuerzas comunistas y otras fuerzas políticas y sindicales (clandestinas, por supuesto) impulsaron la constitución en 1973 de la Asociación de Vecinos del Barrio de Portugalete. Asumió su gestión un equipo entusiasta que despertó la solidaridad de un barrio dormido, con los lemas “Viviendas para todos y aquí” y “Crear barrio, crear comunidad”. El proceso de formación y de legalización fue muy difícil. Con la asociación de Villa Rosa fueron de las primeras de Madrid en los últimos años de la dictadura.

El HITO DE LOS MURALES

La asociación se situó al principio en los propios locales provisionales de la parroquia, en la conocida como “La chabola ardiente”. Y se articuló una poderosa colaboración con arquitectos, educadores, psicólogos, sanitarios y abogados, colaboración importante y peligrosa (Luis Javier Benavides, abogado asesor de la de asociación de Villa Rosa murió asesinado en la matanza de Atocha de 1977).

La intervención de la Asociación de Artistas Plásticos fue de máxima importancia. Con su presidente Arcadio Blasco, vecino del barrio, y con ocasión de las fiestas que se celebraban en junio de 1975, hubo una gran movilización de pintores. El propio Arcadio Blasco, junto a artistas como Juan Genovés, Lucio Muñoz, Ángel Aragonés, José Vento, Salvador Victoria, Tino Calabuig, Alfredo Alcaín, Zamorano, Salvador Soria, Poblador, José Duarte, y con escritores y poetas como Aurora de Albornoz, Horacio Guarany, José del Hierro, M Conde y muchos otros, escribieron sus poemas sobre las paredes del barrio, como el de José Caballero Bonald sobre el mural de Lucio Muñoz: “Esto es un muro que respira. Aquí sólo se quedan los que nunca vuelven”.

Algunos de los murales de Portugalete que pintaron importantes artistas plásticos en las tapias del barrio.

Todos ellos pusieron en marcha, con la colaboración de los equipos del barrio, la gran creación de los murales de Portugalete sobre las tapias de un barrio de casas bajas convertido en un gigantesco museo pictórico-poético para sorpresa de autoridades que no sabían qué estaba pasando y sin entender qué se estaba expresando en esas paredes, donde vecinos de todas las edades participábamos de una manera o de otra. Las mujeres llevaban una tortilla para el aperitivo y los más pequeños buscaban botes para las mezclas de color: en una comunicación directa con los artistas muchos descubríamos el color y nuevas formas de expresión y el amor por un barrio del que nos sentíamos orgullosos.

La última noche y como colofón se celebró una asamblea única de artistas plásticos, escritores y vecinos para debatir sobre arte y cultura popular con una asistencia muy numerosa teniendo en cuenta que el barrio de Portugalete era el barrio más pequeño y con menos habitantes del distrito de Hortaleza. Los murales fueron una acción pionera con gran repercusión en España y en Europa, como lo muestra la visita del Wolf Biermann, cantautor y activista político alemán, al que luego se vio con su guitarra en lo alto del muro de Berlín cuando fue derribado en 1989. En esas fiestas dio un concierto Alberto Cortés sobre el camión del vecino Mariano que sirvió para traer el piano de la vecina Saturnina. El mismo camión hizo las veces de escenario. En años posteriores conseguimos un escenario del Ayuntamiento y las sillas.

También fue un hito el diseño y montaje de hábitats de emergencia para las fiestas de arte popular de un mercadillo auto-construible (popularmente se denominaron jaimas en recuerdo del pueblo saharaui), proyecto del premio Nacional de Arquitectura en 1974, José Miguel de Prada Poole. Fueron fruto del trabajo colectivo donde participaron vecinos y vecinas de todas las edades cosiendo y montando finalmente un mercado de cerámica, libros y artes gráficas. Acabadas las fiestas se guardaban en la casa del barrio para volver a montarlas el año siguiente. Entonces en las fiestas disfrutamos también de actuaciones memorables como de Nuevo Mester de Juglaría.

A la izquierda, las jaimas diseñadas por el arquitecto José Miguel de Prada Poole. Al fondo, el mural del ‘Guernica’ de Picasso pintado en Portugalete en 1976.

Con los murales el ámbito de la lucha se amplió: más allá de la demanda de vivienda y de la derogación del Plan Parcial, se proclamó sin expresarla la defensa de la democracia en aquellos años finales de la dictadura. Portugalete acogió reuniones de vecinos de otros barrios del distrito que no disponían del local para organizar y fundar asociaciones en sus barrios (como La Unión de Hortaleza, Esperanza, Canillas o Pinar del Rey), y también las primeras reuniones de la Junta Democrática, de trabajadores en huelga o de los estudiantes del instituto Conde de Orgaz. Y constituyó una pequeña fuerza en el gran momento de la Transición. Como expresiones más simbólicas recordamos el homenaje de Lucio Muñoz a Arturo Soria, la reproducción en 1976 del Guernica de Pablo Picasso, cuadro entonces exiliado en Nueva York, y el mural de Arcadio Blasco, el último destruido, en el que se puede leer el lema “Proyecto ornamental de toro cercenador de dedo decisorio vergonzantemente agigantado”. Esta lucha tuvo continuidad en una gran variedad de movilizaciones de reclamación y protesta, como la manifestación con velas para pedir iluminación en las calles, con la presentación de escritos y alegaciones ante los Ayuntamientos de todo color a lo largo de los años.

LA CASA DEL BARRIO

Con los mismos lemas se inició en 1975 en una nave alquilada de la calle Estrecho de Torres que había sido fábrica de hielo y de gaseosas, la construcción de La Casa del Barrio, la obra más grande de la historia asociativa. Con el trabajo material de los vecinos, en sus diferentes oficios y la colaboración de todos, hombres y mujeres, mayores y jóvenes. La Casa del Barrio tenía espacio para una gran sala, un pequeño despacho para secretaría y reuniones de pequeño formato, la escuela taller de artes plásticas, una biblioteca importante con muchos libros donados por la editorial Siglo XXI que estaba en el barrio y donde trabajaba Nacho Quintana, fundador posteriormente de la asociación La Unión de Hortaleza. Había un pequeño botiquín donde Dalmacio y el padre Manolo tomaban la tensión y ponían inyecciones incluso a domicilio: una imagen habitual era ver a Manolo por el barrio con esa cajita de latón con los utensilios para las inyecciones porque en aquellos tiempos si el médico de cabecera te mandaba inyecciones tenías que buscar un practicante y la gente del barrio era de pocos recursos por lo que fue muy útil.

Y en ella o desde ella se organizaron exposiciones, conciertos de José Meneses, Adolfo Celdrán, Elisa Serna, y charlas de todo tipo, un amplio abanico de actividades culturales y sociales que se prolongó largos años, y también se organizó una semana de la juventud con otros clubs juveniles del distrito (Aleph de la Esperanza) con charlas, proyección de cine, exposición homenaje a Miguel Hernández, culminando con el primer concierto del grupo de rock Leño recién formado, en el salón de actos del colegio de monjas Cabrini.

Las fiestas se continuaron celebrando en la puerta de La Casa del Barrio dando a grupos de música del barrio la oportunidad de tocar ante un público respetuoso y receptivo a las propuestas que programábamos, como Los Ministers, Ática, Skanillas o Trepa Luna. También con actuaciones de los grupos de teatro y de danza de la asociación o malabaristas de la escuela de circo Carampa, siempre buscando la diversidad y lo más cercano a los vecinos del barrio siendo un referente en todas nuestras actividades para las demás asociaciones.

La escuela taller dirigida por Carmen Perujo y Arcadio Blasco para dibujo, pintura, cerámica, serigrafía, grabado y telares se autofinanciaba con la venta de las obras que se realizaban. La Casa del Barrio albergaba además actividades de teatro con actuaciones de varios grupos del barrio como el infantil de Club de la Amistad y otro con vecinos de todas las edades y de grupos de teatro independientes a los que les prestábamos el local para los ensayos y nos obsequiaban con la premier. También había clases de danza, proyecciones de películas en 16 milímetros, cine fórum, con películas de Chaplin, de los hermanos Marx y muchas fuera de catálogos comerciales que se alquilaban para poder proyectarlas. Recordamos que el barrio tuvo siempre un toque cinematográfico. Quizá por la cercanía de los Estudios CEA, en los terrenos de la actual calle Silvano se montó un gran decorado para el rodaje de Doctor Zhivago, ocasión de confluencia del barrio: la gran nevada de plástico, el viejo tranvía de la línea de Avenida de la Habana y un figurante, Luzzatti, vecino nuestro, moribundo en Moscú.

En La Casa del Barrio hubo una importante Escuela de Adultos, en un tiempo en que se contaban todavía muchas mujeres sin alfabetización. Allí se impartían clases de mecanografía, de apoyo escolar, además de charlas sobre política, ciudadanía, mundo laboral, sexología, cultura, o sobre cuestiones jurídicas y fiscales. Se editó a lo largo de los años, tirado a ciclostil, un boletín con la colaboración permanente del dibujante José María Ponce. Y en el barrio había también tiempo para el deporte, en particular de la natación (en la piscina Jiménez, con centenares de niños a lo largo de los años). Todo ello con varios modos de convivencia: Club de la Amistad, Club Infantil, viajes y excursiones: memorable la que desplazó a Mallorca a más de 200 personas, o los campamentos de niños y jóvenes como el de El Espinar y el de Añe buscando la convivencia con los vecinos de los pueblos.

El barrio se ha transformado radicalmente con la entrada al mercado especulativo, y ha convertido a Portugalete en un barrio de lujo con una gran transformación social

También se acogió un campamento gitano, con aspectos conflictivos, y tuvimos relaciones de proximidad, La primera cabalgata de reyes se celebró con los borricos prestados por esta comunidad y algunos de los niños fueron algún tiempo a las clases. La participación de las mujeres, siempre en igualdad, pero con desequilibrio numérico y en cuanto a campos de acción (arte, educación, convivencia), aunque se fue ampliando con el tiempo y las nuevas generaciones.

En lo urbanístico los logros se fueron sucediendo: pavimentación, agua, alcantarillado, liberación de las “contribuciones especiales”, alumbrado, zonas verdes como el Gran Paseo del Canal y el Jardín de Portugalete. En transporte se produjo la primera prolongación del metro hasta Arturo Soria y Esperanza y el primer autobús, el 87. Se consiguió la dotación de escuelas e instituto, así como los servicios sanitarios. Y se eliminó finalmente la más grave amenaza al activarse el Plan General de Urbanismo de 1985 que definió el barrio con Ordenanza de Vivienda Unifamiliar, quedando un polígono, Portugalete III, con mucha menor afectación y que se gestionó años después. Además, se obtuvo la asignación de parcelas municipales que dio lugar a la primera cooperativa vecinal de vivienda y a bloques de vivienda social con solución para más de 100 personas.

EL FIN DE LA ASOCIACIÓN Y SU LEGADO

Llegado el año 2000 las poderosas fuerzas adversas forzaron al abandono de La Casa del Barrio, que fue derruida. Y sigue así derruida, simbólicamente refugio de alguien sin hogar. La asociación ocupó después otro pequeño local pero tanto el nivel de las reivindicaciones como las circunstancias habían cambiado y el año 2007 quedó disuelta y amistosamente incorporada a la de Villa Rosa, que conserva el archivo y con la que mantenemos actividad.

Al quedar las fiestas ya imposibles de organizar y sin La Casa del Barrio se estableció la continuidad del legado de la asociación de diversos modos. Los murales han sido objeto de trabajos y exposiciones, como la que conmemoró su 40 aniversario en el centro cultural Carril del Conde, o las que se celebraron en la Universidad Complutense de Madrid y en la localidad de Portugaleteen Vizcaya. Además hemos colaborado en la exposición Letras Clandestinas en la Imprenta Municipal, en la bautizada 1968-1982 Madrid Activismos en La Casa Encendida y en la exposición Hortaleza, Historia en Imágenes celebrada en el Silo.

La continuidad de la cultura popular se ha configurado con un gran proyecto, el de los Encuentros Culturales Portugalete. En 2004, recién estrenado el centro cultural Carril del Conde, se empiezan a programar los conciertos mensuales centrados de modo principal en el jazz como forma de expresión y donde personas de distintas edades pueden descubrir la riqueza interpretativa de una música que por su carácter de improvisación y capacidad de fusión sintetiza una historia ligada a la cultura. Ha habido también algunos conciertos de guitarra clásica de grandes maestros internacionales, conciertos de música barroca y la colaboración con distintas agrupaciones del conservatorio profesional de música Arturo Soria.

En alguna ocasión, los conciertos han ido acompañados de exposiciones. En el 2011 con la exposición de fotografías sobre la maratón del Sáhara de Juan Manuel Bueno. En 2014, la exposición de carteles de los diez años de Encuentros y en el año 2015 en conmemoración de la realización de los murales, la exposición 40 aniversario con obras fotográficas y reproducción de los artículos de prensa de la época, proyección de documentales y reproducción del mural de Arcadio Blasco que se mantiene como telón de fondo en el Carril del Conde en los conciertos que allí organizamos. También ha habido eventos especiales como la proyección de la película El Chico de Charles Chaplin con música en directo a cargo de la orquesta Atanor de Rivas Vaciamadrid y la proyección del documental Kids and Music de Sant Andreu Jazz Band con la presencia del director Ramón Tort.

Concierto de Astrid Jones en los Encuentros Culturales Portugalete que se celebran desde 2004 en el centro Carril del Conde.

El barrio a lo largo de los años se ha transformado radicalmente. La misma Ordenanza del Plan, modificada en el 1997, junto a la nueva dotación de servicios ha abierto la entrada al mercado especulativo y ha convertido a Portugalete en un barrio de lujo con una gran transformación social. Aquellas intensas relaciones vecinales han desaparecido. Transformación que, de varios modos, se ha producido en otros barrios de Hortaleza.

Al mismo tiempo que la asociación de Portugalete se crearon multitud de asociaciones en Madrid, como en otros lugares de España, con objetivos semejantes. Y surgió la necesidad de coordinación y la creación de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos con la que Portugalete estuvo desde el primer momento vinculada. En particular, en el ámbito de Hortaleza se maduró la conciencia de que más allá de las necesidades de los barrios había necesidades más amplias que las condicionaban. Y así se constituyeron desde los años setenta organizaciones como la Coordinadora de Hortaleza, el Foro Ciudadano y plataformas diversas para actuar en el ámbito de distrito o incluso de Madrid. El núcleo inicial fueron las asociaciones vecinales que en tiempos cubrían el distrito. Por mucho tiempo la de Villa Rosa ha sido punto central. A lo largo del tiempo y siguiendo las transformaciones del país han desaparecido asociaciones y se han incorporado entidades ciudadanas y políticas variadas.

El trabajo persistente a lo largo de 50 años ha tenido una incidencia muy notable en la configuración actual de Hortaleza. Conviene recordar algunos campos. En zonas verdes, la lucha por mantener o recuperar el Anillo Verde de Madrid, diseñado desde los tiempos de Franco. Primero el del Olivar de la Hinojosa, ahora Parque Juan Carlos I, con el gran recorte del Campo de las Naciones. Luego, la Casa de Campo de Hortaleza, reclamada para 2.400 hectáreas y finalmente limitada al Parque Forestal de Valdebebas. Y otro más pequeño que cruza el distrito, el Gran Paseo del Canal que sigue incompleto. Como las otras zonas verdes está cumpliendo un hermoso papel en nuestra época de la COVID-19.

En vivienda, se lograron cooperativas y retomar la remodelación de la UVA y de poblados precarios como el de Canillas. En el ámbito sanitario se consiguieron centros de salud en el distrito, inexistentes hace décadas. En comunicación y cultura, sigue siendo imprescindible la creación de nuevas bibliotecas (el distrito solo cuenta con dos). Piezas importantes en la coordinación han sido Radio Enlace y Hortaleza Periódico Vecinal, con la variedad de sus campos de cobertura, unidas en los últimos años al gran desarrollo de redes telemáticas. En urbanismo, se consiguió suprimir la autopista Cuzco-Barajas, que estaba anunciada desde los años 40, finalmente sustituida por la Gran Vía de Hortaleza. En transporte, además de las prolongaciones sucesivas del Metro hasta cubrir el distrito, existe una gran demanda pendiente, con alguna realización parcial, como el cierre del anillo de ferrocarril de Cercanías desde Vicálvaro a Chamartín, con su dotación de estaciones, aparcamientos y enlaces. Tiene implicación marginal en el gigantesco proyecto Madrid Norte para remodelar Chamartín y su gran zona de influencia.

En el fondo del trabajo se ha mantenido desde los años noventa la elaboración del Catálogo de Necesidades periódicamente renovado. Más de 200 demandas para el ámbito del distrito, de la ciudad de Madrid y de la Comunidad, con fijación de prioridades. Queda pendiente su actualización teniendo muy presente el inmenso catálogo de la Agenda 2030 con sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, así como la nueva situación derivada de la COVID-19 que, por una parte ha forzado y ha hecho necesaria la igualdad pero también ha incrementado la terrible brecha social, la desigualdad. Y como instrumento para todo ello la demanda y la gestión efectiva de la participación ciudadana en todos los ámbitos.

José María Julián, histórico de la asociación de Portugalete (a la derecha de la imagen), sostiene el primer Catálogo de Necesidades de Hortaleza durante una reunión en 2019. SANDRA BLANCO

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