La Ciudad Lineal fue la creación urbanística de Arturo Soria y Mata. Nos encontramos en un punto de no retorno, ya que están desapareciendo los últimos vestigios de una historia que es la nuestra. Ya no sirven los debates sino los acuerdos urgentes de todas las partes implicadas. Sólo eso la salvaría de su completa desaparición en los dos próximos años.

Debería estar protegida porque es un espacio único que nos recuerda nuestra capacidad creadora. Nos evidencia cómo, en apenas 20 años, Arturo Soria con el tesón de los accionistas de su Compañía Madrileña de Urbanización (CMU) y los primeros habitantes lo convirtieron un paraje hostil en un vergel, mucho más denso de lo que disfrutamos en estos momentos.

La llamaban la “Ciudad del Porvenir” y lo cierto es que está muy conectada a planteamientos urbanísticos como los de las «Ciudades de los 15 minutos», «Ciudades Verdes» o «Smart Cities» que están en todas las mesas de debate urbanístico a nivel mundial tras la pandemia ocasionada por la pandemia de la covid. Si revisamos el punto 11 recogido en los objetivos de la Agenda 2030 propuesto por la ONU, relativo a la ciudades y comunidades sostenibles, el proyecto de Arturo Soria abordaba y cumplía todos los requisitos para la población de 1900. Hoy hemos perdido mucha de esa densidad arbórea, pero era y es un modelo plenamente alineado a los objetivos que debemos conseguir.

Desde la asociación cultural Legado de Arturo Soria invitamos a que conozcáis esas señas de identidad. Estudiemos la forma de conservar este patrimonio arquitectónico, histórico, social, paisajístico, donde también tiene cabida el inmaterial.

Donde unos no ven más que cuatro ladrillos y cinco tejas viejas, otros vemos una huella de esta historia que nos pertenece a todos y en especial a las familias que vivieron allí. Esas casitas para la clase trabajadora que tuvieron la oportunidad de comprarla con mucho esfuerzo, a plazos, pero que al fin eran suyas en propiedad, con su huerta y su jardín, y a veces poco a poco iban ampliándolas, todas con agua corriente y electricidad. La armonía del conjunto la completan los hotelitos burgueses y las villas más lujosas. Es cierto que no solían tener materiales lujosos como mármoles u otras decoraciones ostentosas pero cada una tenía algo especial, empezando por un nombre. ¿Por qué será que hoy no ponemos nombres a las casas? ¿Será que no las sentimos nuestras?.

La Ciudad Lineal debería estar protegida porque es un espacio único que nos recuerda nuestra capacidad creadora

Ese espíritu de la Ciudad Lineal es el que en algunos rincones podemos encontrar y sorprendernos. Estudiarlos sobre el terreno, y no en los libros, nos da una visión mucho más completa de lo que representan. Pero están desapareciendo sin ningún tipo de consideración, solo atendiendo a leyes contrapuestas y a responsabilidades eludidas. Nadie es culpable pero todos consienten por omisión e inacción. Es una especie de espiral que lejos de resolver, ennegrece nuestra historia. Tener la oportunidad de ver las tres tipologías de viviendas con las que se pretendía dar solución al sempiterno dilema mundial de la vivienda social y al transporte colectivo eficiente. Una oportunidad para generar otro tipo de riqueza, que se evaporará entre demoliciones y ocupaciones indebidas.

Gracias a estos árboles y la estructura de la calle, cuando uno sale del metro tiene la sensación de haber escapado de Madrid. Se escuchan los pájaros , el aire es diferente, la temperatura, la visión de árboles en plural, componen otra experiencia al que visita o pasea. Esto es extensible a los distritos en Hortaleza, Canillas y San Blas, que hermanados a la Ciudad Lineal heredaron esa tradición arbórea y crecieron en su día en gran medida por la cantidad de trabajos que la CMU ofrecía en el ferrocarril tranvía, o en los tejares, canteras, u otros trabajos relacionados con la construcción y el comercio. Sin ir más lejos, el Pinar del Rey, fue plantado por los escolares y familias en las primeras Fiestas del Árbol.

Todas esas viviendas unifamiliares darán lugar a edificaciones modernas, cúbicas, con piscina, quizás sobrepasando los niveles de altura que limitaba a tres pisos en el proyecto original para evitar esa condensación visual. Serán casas sin nombre propio desprovistas de cualquier rasgo personal, prácticamente sin arbolado y cuyas vistas incluirán como mínimo un bloque gemelo enfrente.

Por suerte, existen algunos casos de éxito: La Junta Municipal de Hortaleza, la que fuera el Palacete de Villa Rosa, de Zacarías Homs y Cartaña. O empresas privadas que mantienen con esfuerzo estos emplazamientos singulares, como es el caso de Villa Sotera de la Fundación Maite León – Psicoballet.


Cristina Keller es fundadora de la asociación cultural Legado Arturo Soria

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