Falta en Hortaleza poner nombre a una generación extraordinaria que creció en torno a nombres como Amejhor, Jóvenes del Parque, El Olivar, Alacrán, La Torre o Fray Escoba. Ellas y ellos comparten edad y un modo de estar en el mundo. Es el caso de Carmen Bengoechea.

Hasta conocerla, solo sabía de profesores de Filosofía y de mi amigo Paco, aficionado a salir en viajes organizados, donde se presentaba como filósofo, aunque es médico, pero lo hacía para evitar preguntas y escuchar retahílas de enfermedades.

Carmen sí lo es. Es una filósofa con la identidad y vocación más claras y sorprendentes que he conocido. Cuando se lo oí, me produjo extrañeza. “¿Profesora de instituto!” me dije, pero no. Ella es filósofa de profesión y a cada instante. Miré en internet y, efectivamente, allí estaba.

Hemos quedado en el estudio 2 de Radio Enlace. Pelo corto, cuello de cisne y, en el estrecho habitáculo, Carmen despliega sus criaturas del pensamiento: Vinosofía, Filosofía para Libre, Filósofa por un día

PREGUNTA: ¿De dónde eres?

REPUESTA: De Hortaleza de toda la vida. Nací en 1976 y mis padres ya estaban aquí en el barrio de la UVA de Hortaleza. El barrio de la UVA siempre está en tu corazón.

¿Dónde has estudiado?

Yo he pasado por todo el barrio. He estudiado en el Filósofo Séneca, en el Rosa Chacel y en la Autónoma.

¿Una filósofa en el Séneca?

Cuando era pequeña y entraba en el cole, veía «Filósofo Séneca» y pensaba que Filósofo era el nombre y Séneca el apellido. A lo mejor eso me pudo influir a hacerme preguntas. (Risas)

¿Una escritora en el Rosa Chacel?

Antes era el Hortaleza I. Yo estuve ahí cuando vino Rosa Chacel. Nos convocaron en el patio de atrás, nos juntamos y vino ella. Era ya muy viejecita y fue el momento ese en el que el Hortaleza I pasó a ser el Rosa Chacel. Fue muy bonito.

¿En la Autónoma, Filosofía?

Antes, Salud Ambiental, porque siempre me ha interesado mucho la biología, el medioambiente… Mi parte científica la tengo muy desarrollada. Hice Formación Profesional de Salud Ambiental y las prácticas las hice en la Confederación Hidrográfica del Tajo. Me tocó ir a tomar muestras a los ríos, a la central nuclear y, uno de los días peores, al matadero de cerdos… Yo en esa época era vegetariana.

¿Sigues como ambientóloga?

No me vi trabajando en un laboratorio porque estás rodeada de sustancias tóxicas y yo, con lo social que soy, no me veía todo el día con tubos de ensayo y bacterias. En ese momento, no había muchos técnicos de salud ambiental y se rifaban. Me estuvo llamando varias veces mi tutora de prácticas para ofrecerme trabajos.

¿Qué dijeron en tu casa?

Era trabajo y mis padres preguntaban: «¿Estás segura?».

¿A qué se dedicaban tus padres?

Rompo ahí los moldes. Platón era filósofo porque tenía esclavos que trabajaban para él. En mi caso, mi padre fue albañil y mi madre costurera, dos personas con trabajos muy humildes, con las ideas muy claras de que es esencial que sus hijos tengan una educación para poder elegir su profesión, porque ellos no pudieron elegir por no tener estudios.

"Mi padre fue albañil y mi madre costurera, dos personas con trabajos muy humildes"

¿Y tus hermanos?

En nuestro caso, sí que quisimos estudiar los tres y fue porque nuestros padres siempre nos han apoyado, siempre.

¿Chica de barrio?

Lo he vivido muchísimo, sobre todo cuando estuve de monitora de tiempo libre en la asociación juvenil Fray Escoba. Tengo muchas vivencias muy positivas, me conozco muy bien el barrio, a la gente…

¿Relacionada con la iglesia?

Yo hice la comunión en su día, pero ya no volví a tener relación con la parroquia. Ni sabía que había ahí una asociación.

Cuando voy a Fray Escoba, descubro que hay personas vinculadas con el movimiento de Cristianos de Base, pero hay otras personas que no. Yo soy muy respetuosa, pero no lo practico. Luego tienes muchos valores en común. Había respeto y eso me gustó mucho.

¿Mantienes relación?

Con Paloma y con Sonia Jiménez. Con Gloria y con Cristina Sandoval, compartí muchos campamentos entonces. Y con los vecinos y vecinas también me sirvió para conocer a gente que, si no hubiera sido con la asociación, no los habría conocido.

¿Y también con los chavales?

Hay chavales que conozco desde que tenían 10 años y te siguen saludando con cariño.

¿Has influido en sus vidas?

A lo mejor, en alguna de ellas, sí; pero, desde luego, ellos en la mía sin lugar a dudas. He conseguido yo más aprendizajes que lo que yo haya podido aportar.

¿Qué son las asociaciones?

Las asociaciones son escuelas de participación, es un concepto muy hermoso. En una asociación, aprendes a analizar la realidad de manera muy potente, a todo lo que tiene que ver con el trabajo de equipo y, sobre todo, en el tema de política.

Yo siempre hablo de política de Estado y política de las personas. Las asociaciones son política de la personas. Ahí es donde realmente se descubren las necesidades del barrio, en el espacio, y en contacto directo con quien lo está pasando. El político de despacho solo se interesa cuando llega el momento de las urnas. En cambio, en la asociaciones, se hace política porque estás constantemente mejorando la vida de las personas. En una asociación, aprendes a ver de otra manera el barrio.

"Las asociaciones son escuelas de participación, es un concepto muy hermoso"

¿Qué es ser filósofa?

Ser filósofa es una actitud vital y, por otro lado, activa, o sea, que yo no solo digo que tengo un título, que no tengo ni enmarcado, sino que no dejo de ser filósofa cada día de mi vida. Siempre estoy haciendo algo por la filosofía.

¿Qué es la filosofía?

Los rasgos son la problematización, la radicalización, la metacognición y yo estoy incluyendo la metaafectividad.

Hacerse buenas preguntas forma parte de la filosofía, pero el rasgo específico es ser capaz de identificar dificultades en tu entorno o en tu interior, ponerles un nombre, clasificarlas y, algo muy importante, buscar soluciones. Pensemos que todo problema tiene una solución; si no tiene solución, es una tragedia.

¿Cómo se hace una filósofa?

El paso por la facultad es ese humus necesario, pero luego tienes que trabajar mucho. Tienes que seguir tu formación, pensar por ti misma y, sobre todo, es un trabajo a posteriori. Sobre todo, cuando empiezas a poner en práctica ensayo y error. Has de darte cuenta de que, a veces, en lo que te han dicho, te han mentido.

¿En qué?

A veces, en la escuela, no te enseñan todo lo que necesitas saber. Por ejemplo, para montar un negocio, yo que he montado dos y sé un poco del tema. Te enseñan a repetir información, la vuelcas en un examen y te ponen una nota que no significa que hayas aprendido lo que te dicen que tienes que saber. Y, sin embargo, hay otras habilidades del pensamiento, competencias filosóficas, que no se desarrollan.

¿Cuándo empezaste a ser filósofa?

Yo empiezo a ser filósofa cuando monto con otra amiga la primera cooperativa de filosofía. Ahí le digo: «Ana, yo no voy a decir soy licenciada en Filosofía, yo me siento filósofa». Estábamos llevando la filosofía a la calle, sacándola del ámbito académico. La filosofía es mucho más: es acción, afectividad.

Siempre recordaré en mi primer año de carrera a un profesor –que, al año siguiente, falleció– que pidió que escribiéramos por qué habíamos elegido esa carrera y cuando nos dijo: «Habéis elegido algo que os va a acompañar el resto de vuestra vida, no vais a poder dejar de ser filósofos».

¿Qué descubriste?

Había otra manera de entender la filosofía, no como algo teórico para lo que tenías que llegar a la universidad para entender a los grandes filósofos, sino que, en el fondo, todos y cada uno de nosotros somos filósofos desde que nacemos.

"Todos y cada uno de nosotros somos filósofos desde que nacemos"

¿Quién te enseñó a pensar?

Pues mi hermano mayor, Eugenio. Es con quien más diálogos filosóficos he tenido y, en parte, si he llegado a ser filósofa, ha sido por él. Creo que no he llegado a decírselo.

¿Te han influido otras filósofas?

Para mí, mi filósofa favorita muerta, porque vivas tengo también, María Zambrano, sin lugar a dudas. Mira que se habla de Ortega y Gasset, que fue su maestro, pero lo tengo claro: «María Zambrano le da una vuelta de calcetín a Ortega y Gasset».

¿Y viva?

Mira, yo siempre digo que mi querida Ana, Ana García Vázquez, que es con quien hice aquí en Radio Enlace Filosofando en las Ondas. Yo siempre se lo digo con mucho cariño: «Tú eres mi filósofa favorita viva».

¿Se puede vivir de la filosofía?

Hay personas que viven muy bien, a otras nos cuesta un poquito más, pero estamos en ese camino. Cuando digo que la filosofía es útil, muchas veces, me miran mal.

¿Qué aplicación práctica tiene?

En los Estados Unidos, un filósofo no está en paro, se lo rifan. De cada competencia filosófica puedes sacar una profesión. Se tiene que ver lo que hacemos. Si sabes lo que hago, me puedes valorar. Si no sabes lo que hago, no existo.

"En los Estados Unidos, un filósofo no está en paro, se lo rifan"

¿Algún ejemplo?

Lo que tiene que ver con mediar se nos da muy bien. La filosofía te da la base y, luego, tienes que ir formándote. El diálogo lo he aplicado mucho en salud mental o con familias.

El tema argumentativo es muy potente porque, para saber establecer un objetivo o si tienes que convencer, tienes que tener buenas razones para que el otro se anime a contratar tus servicios, comprar tu productos…

La competencia valorativa se refiere a la ética, todo lo que tiene que ver con tomar decisiones cuando se enfrentan nuestros valores, nuestros principios… En lo laboral pasa mucho. ¿Qué pasa si son incompatibles tus valores con los de la empresas?

En publicidad, hay mucho poeta y mucho filósofo porque relaciona la parte positiva, busca soluciones y da argumentos para convencer. Todo lo que tiene que ver con la retórica y la elocuencia porque tienes que ser capaz de dar buenas razones y enamorar.

¿Nos lo concretas?

Por ejemplo, el asesoramiento filosófico o la consultoría filosófica es una de las salidas profesionales que tenemos. Hay gente que va al filósofo de igual forma que hay gente que va al psicólogo. Si tienes un tipo de trastorno, un psicólogo o un psiquiatra te va a apoyar.

Pero ¿las crisis existenciales? Puede ser algo tan sencillo como que tus hijos se van de casa, lo que llaman el nido vacío, estás a punto de jubilarte y, de repente, piensas qué hago ahora con mi vida. Es una nueva etapa y un filósofo te puede hacer preguntas relacionadas con tu proyecto vital, qué sentido tiene ahora la nueva etapa en tu vida, y te va haciendo preguntas que te va colocando para tomar decisiones. Una filósofa te ayuda a hacer un mapa para saber dónde estás.

Otra de las cosas que también es muy interesante trabajar con una filósofa es el tema laboral. Hay gente que está en crisis en su trabajo. A veces, te falta clarificar si quieres seguir aquí. A veces, se necesita quien ayude a clarificar esas ideas.

¿Vives de la filosofía?

Sería deshonesto decir que yo vivo de la filosofía. A día de hoy, todavía no puedo decirlo en alto, pero estoy en ese proceso. Gran parte de mi trabajo diario, estoy en ello, pero a veces hay que complementarlo con otras cosas que no son específicas de filosofía. También soy educadora social.

Carmen Bengoechea librería de autoedición

Carmen Bengoechea, delante de la entrada de la Librería de Autoedición que abrió en 2022 en la calle Balaguer. JAVIER PORTILLO

¿Abriste una librería de autoedición?

Lo haces o no lo haces. El intento se queda en tu mente. Si ya lo has hecho, ya se ha hecho. Yo me siento muy orgullosa y yo quería hacerlo en mi barrio. Quería aportar al barrio algo distinto. Quería que fuera una librería distinta. Me habría gustado que hubiera aguantado. Los dos primeros años son los difíciles. Si sobrevives, ya tienes una referencia. Me dio mucha pena. Hice lo que tenía que hacer y me siento muy orgullosa.

¿Habías montado una cooperativa?

Esto no lo cuento mucho, pero hay que señalarlo. Tuvimos una experiencia piloto con personas mayores en centros de día. La experiencia fue positiva, tan positiva que la Dirección de Mayores nos propusieron hacer un proyecto de formación para poder aplicarlo en todos lo centros de Madrid. No llegamos a un acuerdo económico. El tema económico es importante porque, si tú no dignificas tu profesión, no lo van a hacer los demás.

Si eres capaz de hacer cualquier cosa por poco dinero o gratis, asume lo que va a venir después, porque te van a pedir las cosas gratis, pero, a final de mes, tienes que pagar la luz, el alquiler y la comida.

¿El altruismo tiene un límite?

Llevo una temporada larga que estoy diciendo no a cosas. El otro día, le dije a Aarón que tengo mi cuota de gratuidad cubierta. Hacía radio y pagaba la radio, doy charlas gratis en el CEPA Dulce Chacón, doy gratis tres libros… Entras en esa dinámica de gratis y, al final, las personas entienden que, para la filosofía, no hay que rascarse el bolsillo. La dignificación pasa por la remuneración.

¿Escribes y te autopublicas?

Hago libros para que la gente los pueda aplicar a su vida. Yo tengo mi comunidad lectora, que, cuando saco un libro, me lo compra, pero mi comunidad lectora es muy pequeña. Me gustaría que fuera más grande. La gente tiene que saber qué es la filosofía, la gente tiene que saber qué beneficios le aporta y cómo aplicarla en su vida.

"La gente tiene que saber qué es la filosofía, qué beneficios aporta y cómo aplicarla en su vida"

¿Qué es la vinosofía?

En España, el vino baña cualquier actividad. El vino me encanta y quise hacer ese maridaje. Una de las cosas que estoy haciendo y que me está dando la posibilidad de vivir con la filosofía son los talleres de vinosofía.

¿Sexo desde la filosofía?

¿Cómo no iba una filósofa a hablar de ello? La sexualidad es todo lo que tiene que ver con el cuidado, la parte emocional, los vínculos afectivos afectivos, cómo te relacionas con tu propio cuerpo, cómo te das placer a ti mismo y, luego, cómo te relacionas con los otros.

¿Escribes de todo?

Tengo un listado de libros que voy sacando. Me apetece cambiar de género. Estoy con una novela con la que voy a dar a la gente vidilla. Yo he tenido dos momentos: uno en el que he escrito lo que he querido y otro en el que estoy escribiendo libros que quiere la gente.

Cada vez que hablo con alguien, me da una idea. Me pasó con un libro de decisiones. Es que no nos enseñan a decidir, es que decidir es pensar. Una amiga estaba en un momento complicadillo y lo escribí pensando en ella y es un libro de decisiones.

¿Qué aconsejas al lector?

Saber quién eres para decidir cómo quieres vivir. Si no sabes quién eres, ¿cómo decides? Los demás van a decidir por ti. Si me necesitan en ese proceso, pues bienvenidos.

Carmen Bengoechea

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