En invierno abundan los días con niebla en Valdebebas. Por las mañanas, circulando despacio en coche –no hay otra manera de recorrer estos espacios inhumanos–, se intuyen las grúas de mil promociones, las urbanizaciones cerradas, blancas, impolutas: los soberbios alcázares de la clase media entre la bruma. Al bajar la ventanilla se huele la humedad y al fondo se oye el trasiego del aeropuerto de Barajas.

Cerca ya del dónut, ese edificio que queda como único testigo sobre la Tierra de la estafa de la Ciudad de la Justicia (las liberalidades de Aguirre, otra mamandurria), la gigantesca T4 está más presente que las viviendas.

Las ferias de Ifema pronto crecerán en predios abrumadores donde no hace mucho se oyó a Depeche Mode en el Mad Cool. Lo que iba a ser un hervidero de togas y lo que será un hormiguero de tenderetes pasarán a ser parte del distrito de Barajas, mientras las urbanizaciones, esas corralas con pretensiones, se quedan en Hortaleza.

TÚ HORTALEZA Y YO BARAJAS

El Ayuntamiento ha decidido mover los límites entre los dos distritos que une la niebla. Miriam lo agradece: “Al menos hay un autobús que lleva de Valdebebas a Hortaleza”. Miriam vive en Estanislao Pérez Pita, una de esas calles que alguien colocó en un mapa sin pensar que una acera sería parte de Hortaleza y la otra de Barajas.

Miriam vive en Estanislao Pérez Pita, una de esas calles que alguien colocó en un mapa sin pensar que una acera sería parte de Hortaleza y la otra de Barajas

A ella le tocó Barajas. Desde su calle podía ver cómo los vecinos de enfrente tenían recogida de basura orgánica (se introdujo en Hortaleza hace más de un año) mientras ellos seguían como siempre. Si tiene una urgencia sanitaria o debe ir a su hospital de referencia, Miriam no puede ir en transporte público. Valdebebas, ya dijimos, no es lugar para peatones. Hay mucha zona verde, mucho carril-bici, pero casi ninguna infraestructura. Miriam desgrana sus peticiones: guardería, colegios e institutos públicos, centro cultural con biblioteca, semáforos…

Mirta Veigas, presidenta de la asociación de vecinos de Valdebebas, cree que el cambio de límites es un buen paso si se confirma. Pero repite el lamento por la carencia de dotaciones: un colegio para 6.500 niños, dos líneas de autobús para más de 20.000 habitantes que pagan un IBI del 100% (unos 1.000 euros anuales de media).

Porque hablamos de un barrio habitado por propietarios. Las calles anchas, tan vistosas, contemplan un desfile de urbanizaciones cerradas y videovigiladas. Sus vecinos, salvo excepciones como Miriam o Mirta, son PAUers autosatisfechos, living Valdebebas encerrados con sus pádels y sus piscinas.

Valdebebas no es lugar para peatones. Hay mucha zona verde y mucho carril-bici, pero casi ninguna infraestructura

FAMILIA CORT

Valdebebas es un ensanche modélico cuyo origen, curiosamente, se encuentra en su propio callejero. César Cort Botí (1893-1978) da nombre a una vía del barrio. Fue arquitecto y el primer catedrático de urbanismo en España. Siempre defendió una ciudad orgánica, el equilibrio entre ciudad y campo. Pasó la Guerra Civil refugiado en la embajada de Noruega mientras escribía sobre Campos urbanizados y ciudades rurizadas. Valdebebas avant la lettre.

Sus ciudades soñadas tenían, como Valdebebas, la cualidad de ser hogar de propietarios. Autodefinido como liberal, la acción del Estado en la vivienda le parecía la antesala del comunismo (un visionario, Cort, también en esto).

Su elitismo lo hacía despreciar al hombre común y sus chanchullos: los pelotazos y las recalificaciones. Pero su fe en el mercado (era un soñador, pero con un ojo bien abierto) lo llevó a comprar muchas hectáreas de terreno en el este de Madrid. Por eso, él y sus descendientes eran los mayores propietarios de tierras en Valdebebas. Cuando se construyó el nuevo barrio, los Cort se forraron. Un pelotazo, vamos.

Muchos vecinos de Valdebebas eran partidarios
de unificarlo en un nuevo distrito con otros barrios
como Las Tablas o Montecarmelo

La estirpe de Cort es popular por varias razones. Uno de sus nietos, también llamado César Cort, fue trending topic tras colgar la madre de todas las banderas de España en uno de sus edificios en construcción en Valdebebas. 732 metros cuadrados de bandera, más del doble de la de Colón. Este César Cort es, sí, presidente de la Junta de Compensación de Valdebebas y dueño de la promotora Valenor.

Otros nietos del benemérito urbanista son los mayores morosos individuales con Hacienda en España. Deben al fisco decenas de millones de euros. Uno de ellos, Luis Cort, dice que se le apareció la Virgen (las relaciones de la Virgen con Valdebebas son legión). Consagró su vida a María. Pagar impuestos es, sin duda, más terrenal.

CIUDAD DE PROPIETARIOS

Valdebebas es hoy, como soñaba Cort Botí, una ciudad de propietarios: 500.000 euros de media por vivienda y un comportamiento electoral que dio a PP, Vox y Ciudadanos un 70% del voto el 10N.

Tal vez por eso, aunque muchos vecinos de Valdebebas (como la propia Miriam) eran partidarios de unificarlo en un nuevo distrito con otros barrios aspiracionales, como Las Tablas o Montecarmelo, el Ayuntamiento ha preferido mantenerlos en sus antiguos distritos. Algunos malintencionados pensarán que diluir la pureza ideológica de Valdebebas en un distrito más amplio garantiza que los partidos que ahora gobiernan ganen durante muchos años en todo Madrid.

A media mañana, el sol disipa la niebla que cubría un barrio que ya tiene unos límites menos delirantes que los anteriores. Cuando llega la noche no hay un alma en sus avenidas desproporcionadas. Sus habitantes se encierran en sus urbanizaciones. Los coches duermen tranquilos en los garajes. Todo está en orden.

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