Cuando se estrena un pantalón, como si se estrenara un barrio, lo que nadie espera es que con un par de puestas ya tenga un agujero en la entrepierna. Algo así ha sucedido en Sanchinarro con la rotonda de la avenida de Niceto Alcalá Zamora. Que se trabajara mal en la construcción del nuevo barrio es una hipótesis que debe preocupar a la luz del agujero negro que ha quedado al descubierto y al que la ciencia y la judicatura deberán dar explicación.

Evidentemente, cuando los científicos anunciaron que en el 2018 iba a ser posible fotografiar por primera vez un agujero negro, no se referían al socavón de Hortaleza, sino a Sagitario A, el agujero negro de nuestra galaxia. Sin embargo, hay similitudes y, del mismo modo que la relatividad general definía un agujero negro como un punto en el espacio tiempo donde la densidad gravitacional es máxima, la relatividad vecinal explicaba el caso de Sanchinarro como un punto en el espacio tiempo donde la densidad de tráfico es máxima, ya que es una de las pocas salidas del nuevo barrio. ¿Cuál de los dos es más problemático? ¿Y si surgen nuevos agujeros negros en el universo barrial?

De agujeros, rotos y descosidos está llena la vida y el refranero. Así, de igual forma que “albañil chapucero tapa en falso el agujero”, “bien está cada piedra en su agujero”. Y si no es piedra, al menos ladrillo, porque falta va haciendo que finalicen las obras del nuevo colegio de Valdebebas y que la libertad de elección de centro se haga realidad. Bien están mareando desde la Consejería de Educación al vecindario de los nuevos desarrollos.

Sigue siendo mala noticia en el distrito otra clase de agujero negro que parece no tener fin. Nos referimos a los centros de acogida de menores de nuestra Hortaleza. Los trabajadores denuncian la falta de plazas y el hacinamiento a la par que se reduce la plantilla (300 plazas en 10 años).

El vecindario ha salido a la calle para pedir responsabilidad, pero las administraciones se tiran los trastos a la cabeza y la tutora legal de los menores, la propia Comunidad de Madrid, dice que le “excede en sus competencias” y pide que no se hable del tema. Si unos padres tuvieran esta actitud, la Fiscalía actuaría de inmediato. La vergüenza de estos agujeros no se puede ni debe esconder.

Sin embargo, estamos en verano y tratamos de huir de los agujeros en las cuentas y en la dignidad. Para ello, lo más refrescante es la piscina y, ¡vaya!, también hay agujeros, ya que sus bares están cerrados. ¡Con el solazo que está cayendo…! No obstante, los científicos vuelven a darnos buenas noticias.

El agujero de la capa de ozono se va reduciendo año tras año. ¿Será que los humanos nos estamos haciendo responsables? Por si acaso, sigamos usando protección solar para cuidar cada poro, cada agujerito de nuestra piel porque dicen que tiene memoria, algo que nos falta para la historia, pese a la Ley que dice llamarse así.

Nada se detiene en verano y menos los microagujeros del machismo, una de las clases de agujeros (también en las neuronas) sobre los que por fin la ciencia y la sociedad han puesto la lupa. En Hortaleza, esta lente ya tiene su lugar, el Espacio de Igualdad, un motivo para brindar y pensar en un nuevo curso con menos agujeros y más ilusión.

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