Hay que ver qué nombres tan largos tienen los parques en este distrito: Juan Carlos I, Parque Forestal de Valdebebas-Felipe VI (si les sobra algo de sitio en los carteles podrían poner: “vendo coche de segunda mano, buen estado, 30.000 km”). Todo se explica por el furor monárquico del Partido Popular. Vamos a contarlo desde el principio.

Las monarquías suelen ser un asunto poco agradable de señores con espadas, siervos trabajando para ellos y familias que se atornillan en el trono durante generaciones. A veces se ponen tan cerriles que las cosas terminan en revoluciones que traen repúblicas, y en ocasiones, hasta guillotinas.

Hortaleza, en cambio, puede presumir de haber conseguido la verdadera monarquía democrática. Tenemos reyes (magos) porque queremos; salen el día del año que nos conviene; y van por donde nosotros decidimos, y no por donde le da la gana a un ayuntamiento autoritario.

Y es que otra característica de las monarquías es que suelen tener un origen oscuro. En el distrito hay vecinos que recuerdan que hace ahora medio siglo decidieron organizar su kermés de regalos y caramelos y de ilusión en los barrios. Casi todos los que vivimos aquí hemos experimentado en estas cinco décadas al menos una de esas noches de frío y magia, churros y alegría.

Aquí la Cabalgata de Reyes no pasa delante de quien más paga, sino por allí donde viven quienes más necesitan la magia

Como en todas las buenas historias de reyes y magos, hay brujas y seres maléficos. Aquí, Elena Sánchez Gallar, concejala del PP, el partido de la obsesión monárquica, decidió privatizar la esperanza de los vecinos. Han vendido tantas cosas que todo les parecía posible. En su cabeza Reyes Magos S. L. era un tremendo negocio.

Montaron su propio recorrido, pusieron mucho más dinero y esperaron. Pero se encontraron con un vecindario de uñas. Aquí, se les dijo, la Cabalgata de Reyes no pasa delante de quien más paga, sino por allí donde viven quienes más necesitan la magia. Los protagonistas no son mercenarios, sino vecinos, niños, personas migrantes. Son nuestros reyes, que seguramente no se van a parecer a los que les gustan, los que dan nombre a esos parques.

Y como muchas de estas historias populares, también esta tiene final feliz. Los vecinos no dieron su brazo a torcer, y fue el mismo Ayuntamiento el que claudicó ante una realidad que hay que decir susurrando con firmeza: sus Reyes Magos no existen.

En Hortaleza, los reyes, en vez de bailar valses y minués, se mueven al ritmo de las batucadas. Nuestros reyes son los reyes del mambo. Y este año, con un envidiable medio siglo a cuestas, volverán a traer lo que no se vende: ilusión libre de papel de celofán. A disfrutarlo.

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