Era un acto en el Ateneo. Nos cruzamos, le pedí una entrevista y me dictó su número. Pasaron varios meses. Su presencia en los grandes medios de comunicación renacía. Me dije que para un periódico vecinal de barrio ya no iba a tener tiempo. Entonces le envié un tímido wasap. ¡Claro que respondió! “El sábado a las doce en mi casa”.

Hace no mucho estuvimos en el chalé de al lado probando las magdalenas. Hoy llamamos al timbre dos veces. Me espera en la puerta. Al verla ahí y no a través del plasma, me parece más irreal. ¿La estaré viendo con los ojos de la fama? Me digo que estoy aquí porque es vecina del barrio.

Tras la breve senda del jardín, el salón se abre cálido y cargado de libros, imágenes y objetos que dan testimonio ordenado de una vida rebosante, como su palabra. Hoy pensaba dedicar la mañana a la costura. Su hilo es uno de los que zurció agujeros de opresión al final de la dictadura y cosió el nuevo traje de libertad y democracia que aún vestimos. Es un hilo largo e inagotable, un hilo que llega hasta el final de la puntada, aunque se la quiera interrumpir.

PREGUNTA: ¿Realmente te conocemos?

RESPUESTA: Lo que digo es lo que opino. No disimulo nada ni invento nada.

¿Desde cuándo eres de Hortaleza?

Yo vivo aquí desde el año 73.

"Lo que digo es lo que opino.
No disimulo nada ni invento nada"

¿En Portugalete?

Era el más reivindicativo cuando me vine aquí.

¿En casa mejor que en piso?

Busqué expresamente un chalé. No quería tener vecinos. Vine aquí alquilada y cuando ese otro (chalé) se quedó vacío, llamé a Manuela (Carmena).

¿Algún otro motivo?

Me vine aquí por las amenazas que tenía después de la muerte de Carrero Blanco. Con el juicio 1001, me dije: “voy a cambiar de casa para que se molesten en ver adónde me he ido”. Era más conocida que nada porque vivía al lado del Supremo y todo el mundo lo sabía.

"Me vine aquí por las amenazas que tenía después
de la muerte de Carrero Blanco"

¿Más motivos?

Cuando organizábamos una juerga, la casera llamaba a mi madre. No vas a estar a los 30 años llamando a tu madre… (risas).

Eres extremeña.

Recuerdo Badajoz como mi infancia. Era una niña muy feliz allí y Madrid me parecía horripilótico. Me encerré en una habitación porque no quería venir.

¿Mantienes tu acento?

Cuando vine a Madrid, me moría de risa porque todas las niñas hablaban ora pro novisss. Yo me vine con 12 años, pero mantuve un interés porque seguía yendo todas las vacaciones a Badajoz. Cuando voy a Extremadura, me dicen: “Me gusta oírte hablar porque sabemos que eres extremeña”. Tengo expresiones como ¡ay, que me caes.

"Cuando voy a Extremadura, me dicen: 'Me gusta oírte hablar porque sabemos que eres extremeña'"

¿Y Madrid?

Yo estoy integrada en Madrid y me encanta porque ha sido mi vida.

¿Eras la rebelde de la familia?

Soy la tercera. Las tres primeras somos chicas, luego vienen dos chicos y luego otra hermana. Mi padre era un hombre muy derecho. Cada una tiene la rebeldía en lo que quiera.

¿Apegada a la familia?

Somos muy piña. Nunca he faltado a unas Navidades. Los últimos ocho años no estuve viviendo aquí porque me fui a vivir con mi madre. Le faltaban dos meses (para el siglo). Lo que más me ha gustado ha sido estar con ella y haber sentido que se iba haciendo tan mayor y tan deliciosa. “Mamá, a ver cómo me llamo”, “pues no me acuerdo, pero sé que te quiero mucho”, “pues llámame Te-quiero-mucho, que es muy bonito”.

¿Y tu padre? Estuvo preso.

¡Preso por los rojos! Era más de derechas que Franco. Yo no sabía nada y, cuando llego a la universidad, es cuando se me pone la verdad. Mi padre no me habló de la guerra. Afortunadamente, no me metió odio.

¿Te cambió la universidad?

Mi vida casi empieza cuando llego a la universidad. La otra es la vida que te han ido dando, pero aquí empiezo sola. Desde los 17 años que llegué a la universidad, no he perdido ni un día de mi vida.

¿Qué destacas de esa época?

En primero de facultad, en el verano del 62, me fui a hacer una campaña de alfabetización de cortijeros a Alhama de Granada con el SUT (Sindicato Universitario de Trabajo), que era del sindicato vertical. En el invierno del 62, me fui al Pozo del Tío Raimundo a hacer también una campaña de alfabetización. Lo que más importaba a las mujeres era poder poner sus firmas porque les daba vergüenza que les sacaran el tampón.

"Mi vida casi empieza cuando llego a la universidad. La otra es la vida que te han ido dando, pero aquí empiezo sola"

¿Y entraste en política?

En el 61 entré en la universidad y en el Partido Comunista en el año 64. Vivíamos todo tipo de represión y tenía que defenderme de que mi padre no se enterara. He estado en todo el proceso de descomposición y de lucha. Cuando terminé la carrera, empecé a ejercer en el año 66 para defender a presos políticos y trabajadores, que no tenían ni leyes ni sindicato, porque se legalizaron en el 77.

¿Tu primera vez en Hortaleza?

Yo siempre he militado en abogados. Vino Santiago Carrillo y empezó a territorializar el partido. A mí me tocó Hortaleza, pero aquí no llegaba ni a dormir porque estaba todo el día en el Colegio de Abogados.

¿Entonces algún reproche?

Uno me dijo: “No te hemos visto freír chorizos”. Le dije me lo hubiera pasado mejor friendo chorizos que teniendo que defender chorizos.

"Empecé a ejercer en el año 66 para defender
a presos políticos y trabajadores, que no tenían ni leyes
ni sindicato, porque se legalizaron en el 77"

¿Qué ambiente había?

De todos era sabido que este era un barrio con mucho contenido democrático y cultural. Éramos gente muy amiga, estábamos en la asociación y hacíamos lo que podíamos. Aquí detrás vivían el ceramista Arcadio Blasco y Lucio Muñoz.

¿Con quién has tenido más contacto?

En el barrio, sobre todo, con Santi (Martínez). Santi siempre ha sido una referencia en el barrio.

¿Hay conciencia de barrio?

Solo cuando hay un problema gordo. Para decir tengo mi barrio, tengo una asociación, me enriquezco culturalmente…, es muy poca gente. Cuanto más tienes, te vas saliendo de tu identidad, olvidas los orígenes y el compromiso. El barrio sí lo siento como barrio. Es un barrio tranquilo, pero no de conciencia vecindaria.

"De todos era sabido que este era un barrio con mucho contenido democrático y cultural. Aquí detrás vivían
el ceramista Arcadio Blasco y Lucio Muñoz"

¿Por qué Fuencarral y no Hortaleza?

Yo no quería ir a las elecciones, pero me obligó el partido. Me pidieron que fuera a Fuencarral porque para otros sitios había voluntarios, ya me entiendes. Cuando estuve en Fuencarral, era la que más sabía del barrio porque siempre estaba recibiendo. ¡Una comunista con lo fachas que eran en Fuencarral…! Cuando me echaron del Ayuntamiento, yo me quería ir.

¿Por qué te expulsaron?

Me echaron del partido en el año 81 porque convocamos un acto al que venían Lertxundi y Onaindia, y empezó el zorocotroco porque cómo íbamos a unirnos. Después me llamaron para fundar Izquierda Unida. Es cuando hicimos Nueva Izquierda y Anguita nos echó.

¿Se arrepintieron?

Decía Carrillo: “Con Cristina me he equivocado”. No te has equivocado conmigo, te has equivocado con pensar que los que te criticaban eran los malos y los pelotas…, ¿esos eran los buenos? ¡Venga ya! Eso no hace avanzar a nadie, sino solamente para que cojan puestos los más inútiles.

¿Qué es lo mejor que te ha pasado?

Para mí, la toma de conciencia. Sentirme una mujer de izquierdas es lo mejor que me ha pasado.

¿Qué es lo que más te preocupa?

La debilidad de la democracia, el desencuentro que hay en la democracia. No hay alternativa y la tenemos que hacer desde nosotros mismos.

¿Cómo llevas el apellido del alcalde?

Cuando ponía “Carmena, Almeida no te quiere”, me ponía a morir. Se llama Martínez-Almeida. Llamadlo Martínez todo el mundo.

"Me preocupa la debilidad de la democracia,
el desencuentro. No hay alternativa y la tenemos
que hacer desde nosotros mismos"

¿Temes a la soledad?

Mi soledad es mi auténtica compañía porque tengo que estar conmigo misma de vez en cuando, que estoy siempre por ahí.

¿Qué vas a hacer ahora?

Me voy a poner a coser.

 

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