A Rajoy y a Fernández Díaz, no les gusta que la gente salga a la calle, pero llenan la calle de gente a la que echan de su casa. Hubo elecciones hace 100 días y seguimos sin un gobierno que borre los desahucios o los cortes de luz por impago. Ya lo canta Estrella Morente: «En lo alto del cerro de Palomares / unos dicen que nones y otros que pares, y en esas estamos, esperando que se pongan de acuerdo«. Mientras ellos discuten, seguiremos movilizándonos. Así se ha salvado Amejhor, que se quedaba sin local.

Unos sufren por encontrar un local donde ayudar a los niños del barrio y otros eligen dónde pasar el rato, su ocupación favorita.

Ecos de sociedad. Luis Bárcenas, de paseo por Punta Umbría. El exsenador, gerente y tesorero del PP disfruta de unos días de vacaciones en la playa en Semana Santa. La justicia no le permite disponer de los millones que parece que acumuló en Suiza y otros sitios de gente importante. ¡Qué tragedia! Pero él siempre encuentra un hueco para sus vacaciones en Huelva o en su casa del Pirineo. ¡Qué sería de la vida sin esas escapaditas! Hasta solucionar sus problemillas legales (que si financiación ilegal de un partido, que si malversación, que si posible cohecho) la justicia, magnánima, le da carrete y él firma en un juzgado cada 15 días. Si se ve amenazado, siempre hay algún papel que sacar, algún contrato que desvelar. Luis es fuerte.

Mientras, en Hortaleza, Rosa, una mujer discapacitada, puede quedarse sin su casa por la supuesta deuda de su marido, del que se separó hace 12 años. Que ella no sepa de qué le hablan o que el comprador que va a echarla sea aparentemente un profesional del desahucio de desprotegidos no puede nublar a la justicia: Dura lex, sed lex.

Otra mujer del barrio, Esther, espera a que un gobierno con encefalograma político plano le conceda el indulto. Robó ropa en una tienda. No era mucho, lo suficiente para casi superar sus ingresos mensuales, y le ha costado una condena de cuatro meses de cárcel. Si, finalmente, no hay indulto, pasaría un mes en la cárcel por cada una de las hijas que dependen de ella. Ya sabemos, la justicia no entiende de atajos.

Y es que los débiles no siempre lo son tanto. Pensemos en Patricia, que quería impedir pacíficamente otro desahucio en el barrio y terminó, según la Fiscalía, lesionando a uno de esos titánicos antidisturbios de la Policía Municipal que llenaban de orgullo al gobierno del PP —ahora, están consternados porque una de sus unidades tendrá que dedicarse a patrullar la calle, vaya por Dios—. Tres años de cárcel y casi 9.000 euros de multa le piden. Patricia, sé fuerte, como Luis.

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