La Virgen María tuvo un fin extraño. De acuerdo con el dogma católico, siendo anciana, experimentó la Dormición, una especie de sopor en el que, según algunos autores murió y resucitó instantáneamente, pero con la peculiaridad de que cuerpo y alma unidos fueron transportados al cielo. Es lo que se conoce como la Asunción de María.

Pero en los muchos siglos transcurridos desde entonces la Virgen ha vuelto a esta Tierra en las circunstancias más variadas. Para sus apariciones tiene querencia por los niños, mejor si son pastores, a los que transmite mensajes que van desde la exigencia de mayor celo religioso hasta los avisos de males por venir: guerras, catástrofes o anuncios de persecuciones a la Santa Madre Iglesia.

En Hortaleza la Virgen ha aparecido en un pinar de Valdebebas. Esta vez no se trata de una revelación a unos pastorcillos, sino de la erección de una estatua en su honor en medio del Parque Forestal, la mayor zona verde de Madrid tras la Casa de Campo. Aunque en esta historia no hay de momento signos prodigiosos sí aparecen misterios dignos de los Milagros de Nuestra Señora de Berceo.

APARICIÓN MARIANA

Todo comienza en la primavera del año pasado. A finales de febrero de 2017 Valdebebas era noticia por la consulta ciudadana que decidió quitar el nombre de Felipe VI del Parque Forestal. Unas semanas después, nadie sabe concretar si en marzo o en abril, un grupo de vecinos de Las Cárcavas sin determinar aparentemente pidió a la Dirección General de Gestión del Agua y las Zonas Verdes del Ayuntamiento de Madrid la instalación de una estatua de la Virgen en el pinar conocido como Los Cenagales, dentro del parque.

Los Cenagales del Parque Forestal de Valdebebas, con la Virgen vallada a la izquierda / Foto Sandra Blanco

Según esa Dirección General era eso, una petición vecinal. La relación de esos vecinos con la parroquia de San Antonio de Las Cárcavas es, como buena parte de todo este asunto, borrosa. El actual párroco, Miguel González, asegura ignorar los detalles de la iniciativa, aunque sí reconoce que es alguna persona de esa parroquia quien tuvo la idea.

El Padre González relaciona la estatua con una romería que al parecer (hay pocas certezas en todo este embrollo) se habría celebrado durante décadas desde Hortaleza hacia ese pinar a principios de octubre. Allí los devotos habrían transportado alguna imagen de la Virgen a la que veneraban para devolverla posteriormente al lugar donde se custodiase. Esa presunta tradición, perdida en los últimos años, es la que querrían recuperar estos fieles con la instalación de la estatua.

El problema es que, mientras tanto, el pinar se ha convertido en parte del Parque Forestal de Valdebebas, un lugar público en el que el montaje de elementos relacionados con las creencias particulares de algunos vecinos choca con el carácter no confesional de la administración pública. Ciudadanos musulmanes, budistas o incluso ateos podrían solicitar su rincón del parque con este precedente. Pero esa amenaza no acobardó a la dirección del Parque ni a la susodicha Dirección General, que no sólo aceptó la propuesta, sino que colaboró activamente con ella.

ESCULPIDA EN UN PINO CENTENARIO

Así, la materia prima de la estatua es el tronco de uno de los añosos pinos del lugar, talado, al parecer, por el peligro que suponía por su excesiva inclinación. Para llevar a cabo una idea en ese contexto—es digno de ver el entorno del pinar con un manantial cuyo rumoroso sonido invita a la introspección— se necesitaba un creador con méritos suficientes para la tarea.

Resultó ser Jesús Arévalo, un escultor de prestigio, autor entre otras obras de relieves en la fachada principal de la Catedral de la Almudena o de un conjunto escultórico en la capilla del Arzobispado de Madrid compuesto por la talla directa en troncos de árboles.

La talla ha sido obra del prestigioso escultor Jesús Arévalo / Foto Sandra Blanco

Es esa especialidad, la talla directa, la que llevaría a Jesús a este proyecto. Durante más de cuatro meses en 2018 ha esculpido una Maternidad de la Virgen en Valdebebas a tamaño natural. El trabajo, asegura, no ha sido fácil, por desarrollarse a la intemperie en un clima que este año ha sido especialmente lluvioso, pero le compensa porque, afirma, este tipo de esculturas tienen más personalidad: al tratarse del tocón de un pino está literalmente enraizado en el parque. Arévalo habla de un tronco de unos 140 años en el que ha encontrado varias balas y otros elementos incrustados.

¿QUIEN LO HA PAGADO?

Un trabajo de esta calidad y con esta exigencia, por supuesto, debe ser remunerado como corresponde. ¿Quién se lo ha pagado? Arévalo señala al “Grupo Ortiz” o a la “Dirección de Medio Ambiente”. Seguramente, el artista se refiere a la empresa a la que la Dirección General municipal anteriormente referida tiene concedida la gestión.

Para entenderlo debemos remontarnos a 2013, cuando el Ayuntamiento de Madrid del PP privatizó la gestión de parques y jardines. Uno de los lotes, el del Contrato Integral de Mantenimiento de Parques Forestales (que incluye al de Valdebebas), se le concedió durante ocho años a la Unión Temporal de Empresas del Grupo Ortiz, Inditec y Eulen. Fueron nada menos que 77 millones de euros.

Detalle del tocón del pino centenario en el que ha sido esculpida la talla / Foto Sandra Blanco

Entre los indicadores para la concesión están la gestión y conservación del terreno o el ahorro energético y de consumo de agua. Aunque la “mejora” del Parque como propósito aparece en el pliego y es un concepto amplio (que puede englobar zonas caninas o los toboganes del parque) es difícil justificar que se incluya en ella la talla de una estatua de la Virgen, pagando al escultor y proporcionando la materia prima para la escultura.

VIGILANTES PARA LA VIRGEN

Y sin embargo ahí está… aunque no pueda verse. Una valla oscura rodea la hermosa escultura de la madre con el niño, la Virgen Theótokos de los ortodoxos. En el cercado, un cartel amenaza a posibles delincuentes si lo traspasan, pues, asegura, está activada una alarma que alertaría a los vigilantes del parque.

En el cartel resalta la figura de la diosa Atenea, simbolizada por una lechuza, emblema de la empresa Eulen, una de las adjudicatarias del contrato de mantenimiento del parque en 2013. Así que la misma empresa que podría haber pagado la escultura es la encargada de protegerla.

La escultura de Los Cenagales está custodiada por los vigilantes del parque / Foto Sandra Blanco

Para corroborarlo, poco después de sentarnos junto a la estatua aparece el vigilante de Eulen, que confirma que hacen ronda por la zona. Al parecer, como también apunta Jesús Arévalo, algún energúmeno disparó bolas de paintball contra la imagen, y desde entonces el servicio de vigilancia, además de las muchas hectáreas del Parque Forestal, se encarga con especial celo de patrullar la estatua de la Virgen que unos vecinos anónimos, respaldados por la Dirección General municipal, quieren instalar.

Esta administración subraya que no se trata de ningún oratorio, pero no es difícil imaginar lo que sucedería si algún otro exaltado dañase la imagen una vez retirada la vigilancia (parece que sólo restan algunos trabajos de protección de la imagen contra carcoma y los efectos de estar al aire libre).

EL AYUNTAMIENTO NO SABE

El misterio de la estatua de la Virgen de Valdebebas fue objeto de investigación por el movimiento vecinal, esta vez sí identificable como la asociación vecinal de Las Cárcavas. También llegó al pleno de la Junta Municipal de Hortaleza el pasado mes de julio. La respuesta oficial ante todas las dudas anteriormente presentadas fue tan poco concreta como se ha expuesto: nadie sabe quién encargó la estatua, quién pagó al escultor, quién decidió ceder el terreno público y custodiar esa talla con recursos municipales.

Desde Ahora Madrid se asegura que seguirán indagando el caso y que su propósito es que se proceda a la retirada de la estatua del parque para que los devotos de la Virgen puedan adorarla y custodiarla en algún lugar privado sin perjuicio de que se pueda traer y llevar para celebrar la peregrinación que, según sus promotores, se pretendía recuperar.

La retirada de la imagen implicaría, claro está, serrar el tocón para proceder al traslado de la escultura. La imagen de operarios municipales serrando una talla de la Virgen podría dar pie a titulares gruesos sobre el presunto anticlericalismo del Ayuntamiento de Manuela Carmena en medios de prensa conservadora, como reconocen esas fuentes de Ahora Madrid.

María, dicen los Evangelios, soportó al pie de la cruz la muerte de su hijo, y su figura recibiendo el cuerpo de Jesucristo crucificado es la expresión canónica de la Piedad en el arte occidental. Si apareciera ahora en alguna parte de la Tierra que abandonó en cuerpo y alma la lógica dice que debería ser en lugares como la frontera sur de Estados Unidos o el Mediterráneo, esa fosa común donde, como ella, hay madres que reciben cuerpos de hijos muertos por la desidia o la condena de los poderosos.

Y sin embargo se puede encontrar su imagen en un pinar de Valdebebas, bajo el ojo vigilante de Atenea, que en su día fue la patrona de la Filosofía y ahora sólo simboliza a una empresa privada que gestiona un parque que debería ser de todos.

Foto Sandra Blanco

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