Los viajes de agua eran unas galerías que iban a buscar el agua al subsuelo por medio de pozos en los que se hacían galerías normalmente por debajo de donde había manantiales o vías de agua, de esta forma el agua no brotaba a la superficie e iba por la galería canalizada. Para prolongar la galería, se utilizaban pozos que servían, además, para mantenerlas. Este sistema de abastecimiento era utilizado por los musulmanes y, durante siglos, Madrid solo recibió el agua de ellos hasta que se produjo la inauguración del Canal de Isabel II, a mediados del siglo XIX. Los viajes más importantes fueron: Alcubilla, Castellana, de la Reina, Bajo Abroñigal y Alto Abroñigal.
En el municipio de Canillas nacían los viajes de agua del Bajo Abroñigal (Ventas y barrio de la Concepción) y Alto Abroñigal (zona de San Juan Bautista y parte baja de Pinar Rey). El sistema de galerías permitía hacer diversos ramales para buscar nuevas fuentes de agua, con la única condición de tener siempre la pendiente a favor de donde se llevara el agua.
El estudio que hicieron de las galerías encontradas en el Metro de Pinar del Rey es concluyente al confirmar que la pendiente de los viajes era hacia el este, con algunos ramales que venían de norte a sur, por tanto, iban hacia Hortaleza o Canillas, no hacia Madrid.

Situación de los pozos encontrados durante la construcción de la estación del Metro de Pinar del Rey.
Dicho estudio indica que, según el modelo constructivo y los sedimentos hallados, la construcción del viaje puede datarse entre los siglos XVII y XVIII. Además, el viaje estaba justo debajo del arroyo del Quinto, que era la divisoria de los términos municipales de los dos pueblos. Los cascos urbanos de Hortaleza y Canillas se encontraban mucho más elevados que este viaje, por lo que el agua debía de ir a parar a la parte baja de los pueblos. Canillas nunca tuvo falta de aguas, su casco urbano era muy pequeño y se abastecía de sobra con los manantiales que tenía.
Sin embargo, Hortaleza tenía un casco urbano mucho más grande y su principal actividad económica era lavar la ropa para los residentes de Madrid, además de contar con dos o tres tejares que también consumían agua.
Los viajes de agua eran unas galerías que iban a buscar el agua al subsuelo por medio de pozos, de esta forma no brotaba a la superficie
Para confirmar esto, se ha buscado en los libros de actas de los ayuntamientos y en el registro de contadurías de Canillas y Hortaleza alguna referencia a este viaje de agua. En Canillas, aparte de los famosos Bajo y Alto Abroñigal, existían dos viajes de agua: uno donde estaba el abrevadero del casco del pueblo de Canillas, en la actual intersección de la calle Ramón Power con la avenida de Machupichu, y otro en el lugar llamado La Granja, que estaba por la parte baja de la actual urbanización Conde de Orgaz, donde había incluso dos grandes charcones en los que se podía pescar (datos del año 1860).
A modo de resumen, en los libros de actas de Hortaleza sobre las aguas se ha encontrado que, en julio de 1786, se hizo un reconocimiento de la mina de la fuente (los viajes de agua aparecen con el nombre de minas) y, en abril de 1791, se produjo un gran derrumbamiento en la mina de la fuente: por falta de fondos, se obtuvo un censo (préstamo) del Ayuntamiento de Berninches (Guadalajara) para pagar entre los cinco gremios.
En agosto de 1851, Joaquín de la Torre pide permiso para limpiar la mina debido a la acumulación de cieno (la finca era el palacio de Buenavista, actual parque Isabel Clara Eugenia). En febrero de 1913, el suministro de agua del Canal de Isabel II llegó a Hortaleza gracias a la Ciudad Lineal y se inauguró una fuente pública alimentada con esta agua en mayo de 1914. En junio de 1931, se inician los estudios para construir el nuevo lavadero. Además del viaje de agua del Metro de Pinar del Rey y los dos mencionados anteriormente, había otro en la Huerta de Mena.
Estamos convencidos de que el viaje del Metro de Pinar del Rey iba a la quinta del Quinto, actual Academia de la Policía Nacional que pertenecía a Canillas, aunque tenía casi la mitad de su terreno en Hortaleza. La mina era muy corta, la extracción de agua bajo el manantial conseguía un agua mucho más limpia y clara que si la cogieran de la superficie, además de poder aprovechar hasta la última gota de agua si hubiera sequía, y probablemente fue mandada construir por Javier del Quinto hacia 1836, que es cuando la finca tomó gran importancia.






