Imagínate que te compras un pisazo en Valdebebas con su piscina y su pádel y su gimnasio y su gastrobar y sus cosas de Valdebebas en general. Y qué bien, oye, qué a gustito se está. Un día la criatura (porque en Valdebebas, o niño o perro, pero se va uno allí a criar) se pone mala, unas decimitas, y ya vamos mal. Expedición a Hortaleza o a Barajas para que te atienda el médico, con posibilidad, eso sí, de disfrutar por el camino y desde el coche de la admirable arquitectura de las urbanizaciones de diseño, qué construcción escalonada, qué bonitas las curvas de los edificios, qué blanco es todo, y mientras el crío llorando camino de Mar Báltico.

Incluso, gracias a las bondades del PP, puedes irte a cualquier barrio, bendita libre elección, a que te atiendan en el centro de salud, siempre que no sea uno de esos barrios que se han quedado sin centro de salud porque a Ayuso no le da la gana contratar personal, esas pequeñas cosas que hacen de Madrid un lugar chispeante. Pero, en cualquier caso, en Valdebebas no, porque se ve que allí un hospital que no sirve para nada sí que mola, pero un centro de salud, ¿para qué?

Un centro de salud, ¿a quién se le ocurre?, que seguro que estropea el canon estético del barrio o se te llena de funcionarios de esos que piden derechos

Los medios de la derechona no paran de contar las bondades del nuevo Valdebebas: Ciudad de la Justicia, dos estaciones de metro, intercambiador, pero no te pongas malo, coño, que eso es de pobres. Un centro de salud, ¿a quién se le ocurre?, que seguro que estropea el canon estético del barrio o se te llena de funcionarios de esos que piden derechos.

Y claro, si las decimitas llegan a una fiebre más seria, si la cosa es en horario de noche, apaga y vámonos. Concretamente vámonos a Ramón y Cajal, porque lo de las Urgencias de distrito ya no existe. Otra cortesía del fantástico mundo de colores de Ayuso. En lo de cargarse las Urgencias de distrito, eso sí, hay democracia en el reparto del dolor: no hay Urgencias en ningún lugar. Colapsemos los hospitales, que así subimos un puntito más la cólera de la población con la sanidad pública y con unos profesionales que han remado como galeotes en la pandemia (¿recuerdan aquellos aplausos?).

Si no fuera porque no quiere uno pensar mal de las intenciones de Ayuso, deduciría que quiere beneficiar a la sanidad privada, que no ha parado de ganar contratos en la Comunidad, mientras que la sanidad pública se ahoga en recortes. Pero no, hombre, eso sería de mala gente.

Dice el Florilegio o ramillete alfabético de refranes y modismos que parecer un hospital robado se aplica a la vivienda o paraje en que los muebles y chismes se hallan en el mayor desorden y confusión.

Pues eso.