“Cuidar a nuestros cuidadores” lo hemos escuchado entre aplausos no hace tanto. Se les aplaudía a la puerta de sus centros de trabajo o desde los balcones. Unos los llamaban héroes, otros insistían en que trabajadores.

En los barrios hemos sentido más de cerca a los sanitarios de los centros de Atención Primaria, “el único estamento de la administración a la que el paciente tiene acceso directo”. Pese a su cercanía, no es fácil encontrar quien esté dispuesto a hablar a un medio de comunicación.

DE DÓNDE PARTIMOS

Antes de la pandemia las encuestas al personal sanitario de medicina y enfermería reflejaban un alto nivel de desgaste profesional en Atención Primaria. En febrero, la plataforma de médicos AP se Mueve intentaba una denuncia judicial por incumplimiento de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales.

Una de las “demandas eternas”, nos decía un facultativo del centro de salud Benita de Ávila, “es que nos den tiempo para atender al paciente”. Los cupos son otro de los problemas porque, “si un compañero se jubila, su plaza desaparece”. Tampoco es problema menor el de la limitación de pruebas. Hay pocos especialistas y “no puedes esperar seis meses para empezar a hablar”. Aquí no acaban las demandas, claro.

PANORÁMICA DEL DISTRITO

En Madrid hay un Área Única Sanitaria, sistema que se organizó, según nos explican, para derivar pacientes “a la medicina privada financiada con dinero público”.

Son seis los centros de salud ubicados geográficamente en el distrito: Benita de Ávila, Mar Báltico, Monóvar, Sanchinarro, Silvano y Virgen del Cortijo.

Los seis centro de salud de Hortaleza cuentan con 215 profesionales sanitarios para atender a una población de 194.842 personas

Por historia y demografía, como la propia Hortaleza, esos centros son diversos y en ellos confluyen todos los estratos sociales de nuestra sociedad con una población de 194.842 para 215 sanitarios entre médicos de familia, pediatras y enfermeros.

LA COVID-19

A finales de junio, se publicó en Redacción Médica una entrevista a Marta Sánchez-Celaya, gerente de Atención Primaria de la Comunidad de Madrid. Hubo sanitarios que comentaron que “habla claro sobre lo vivido y de cómo estamos”, pues reconoce la necesidad de plantilla y el “bache emocional” de sus profesionales.

Quien nos envió esta referencia decía que “estamos agotados física y emocionalmente, pero responsables con nuestro trabajo y comprometidos con nuestros pacientes”. Sin duda, han sido muchas vivencias y los sanitarios de nuestros centros de salud han vivido en primera línea y en carne propia una auténtica “catástrofe”, como calificó su gerente. Hubo muchos momentos de crispación en los que se escuchó hablar de masacre y se presuponían unas cifras mucho peores que las oficiales.

“No recortes las manos que te cuidan”, reivindican los trabajadores del centro de salud Sanchinarro. SANDRA BLANCO

Salvo Virgen del Cortijo, se mantuvo la actividad habitual de lunes a viernes en los centros de salud y en los domicilios. Parte del personal fue en fin de semana a reforzar las guardias del servicio de urgencias de Mar Báltico y al hospital temporal de Ifema: “han hecho una selección y han ido los más jóvenes”.

Estos médicos y enfermeros eran conscientes de que muchos pacientes necesitaban seguir yendo de forma presencial, porque, como nos decían en Benita de Ávila, “nosotros no solo hacemos medicina, damos apoyo emocional”. En el Silvano, la gente preguntaba “cuándo vais a ver de verdad”.

Hubo médicos que se plantaron para permanecer en los barrios. Algunos “amigos cerraron sus consultas y fueron a los centros a apoyar y sentirse útiles”. Allí seguían infecciones urinarias, cólicos biliares y renales, ictus… y, “en medio de todo, mucho susto, miedo, radia, tristeza y soledad”.

“En Atención Primaria, no solo hacemos medicina, damos apoyo emocional”

Se generalizaron las llamadas y encontraron pacientes que habían fallecido, aunque no por la COVID-19, sino “porque las enfermedades se habían agravado”, como confirma una enfermera de Mar Báltico, porque el miedo a la pandemia ha retrasado que se vieran pacientes en procesos solucionables.

“El miedo cuesta la vida; y la ignorancia e ineficiencia, dolor, ruina y muerte”, de esta forma nos lo contaba una doctora de Monóvar. Tres días atrás le llevaron a una anciana que llevaba cuatro días aguantando el dolor porque sus hijos no se atrevían a llevarla por temor a que se contagiase: “nada más verla, el diagnóstico era fractura de cadera con alto riesgo de tromboembolismo”.

En Silvano, quedaron tres médicos para urgencias y cuestiones no relacionadas con el coronavirus. En esas circunstancias, había que tomar decisiones vitales. Como define uno de ellos, “se globaliza la atención y es una atención de guerra”. Y es que “en Atención Primaria se suponen cosas leves, prevención de la salud, hipertensión, diabéticos… a criba: quién necesita ir al hospital, quién necesita una atención urgente, a quién podemos dejar tranquilo en su casa a ver si no contamina y se le pasa…”.

Vecinos y vecinas aplaudiendo al personal sanitario del centro de Mar Báltico en Hortaleza. SANDRA BLANCO

Las pruebas eran vitales y en ese centro de salud a los sanitarios les hicieron los test de serología a los 70 días y empezaron a pedir PCR a los 80 días. En época de máximo estrés, “no llegaban equipos de protección individual ni máscaras y las que llegaban era malas”.

A la falta de medios, se sumaban los momentos de saturación cuando “sabías que el hospital estaba lleno y tenías que mandar solo lo que realmente estaba muy jodido y la limitación de si estaba muy mal y era un abuelo muy abuelo o que tenía un cáncer terminal…”.

El miedo a la pandemia ha retrasado que se vieran pacientes en procesos solucionables

“Las instrucciones cambiaban cada día”, nos comentan. Para un profesional médico o enfermero, que le envíen un PDF cada día solo supone saturación. Uno de los médicos puntualizaba con gesto de resignación que muchos de los protocolos llegaban sin firma para evitar responsabilidades: “el día que quieran tirar de la manta, hay manta para tirar”.

Aún hoy sigue la preocupación de si “esas neumonías van a dejar secuelas”. La nueva normalidad queda pendiente de qué va a pasar con “los episodios de fibrosis pulmonar; los vasos cerrados, si son vasos cerebrales, generan deterioro cognitivo, demencia, pérdida de funciones…”.

A muchos han sorprendido las llamadas de sus médicos de cabecera. Han estado y están atentos al seguimiento de sus pacientes. En ocasiones, usaron la plataforma informática HORUS para realizarlo, incluso de los que estaban en los hospitales: “y a la gente que no puede acompañar al familiar porque da COVID-19 positivo la llamas cinco minutos para decirle que la neumonía va mejor, que los análisis…”.

Los profesionales sanitarios del centro de salud Monóvar se suman a los aplausos.
SANDRA BLANCO

Esto ha creado mayor complicidad y ha habido muchas muestras de agradecimiento, más allá de los aplausos que sistemáticamente se les dedicaban todas las tardes durante muchas semanas. Pero hay de todo, como una paciente de Monóvar que se empeñó en entrar sin mascarilla y la facultativa se lo impidió; la reacción fue poner una denuncia a la médica para que le abrieran un expediente.

¿QUÉ VA A PASAR?

El pasado 27 de junio, los médicos de Atención Primaria avisaban en nota de prensa de que siguen “sin suplentes, sin refuerzos y llega el verano”; recordaban que hay centros que continúan cerrados y se cerrarán durante esta estación la mitad de las consultas. Hablan de plazas sin cubrir, de falta de seguridad, materiales e infraestructura. “¡Nada ha cambiado!”

Para algunos facultativos del barrio, no queda claro cómo se va a trabajar y si la telemedicina se impondrá. Los médicos siempre tienden a ver en persona.

Nos cuentan en Benita de Ávila que “se van a hacer obras”. El ladrillo vuelve a ganar, pues han contratado empresas para hacer obras en los centros de salud. Todo menos “más personal a los centros que tienen que atender”.

“Somos la mano barata de la sanidad para cubrir urgencias, hospitales fantasma…”

Si hay un rebrote en otoño, saben que van a “tirar de Atención Primaria porque somos muchos y estamos acostumbrados a pasar consultas supermasificadas.” Con cierta tristeza, nos hablan de que son “la mano barata de la sanidad para cubrir urgencias, hospitales fantasma…”.

Hay voces que alertan de que “van a por la Atención Primaria y a sacar tajada de la sanidad”. De algún modo, reconocen que no son un colectivo que reivindique, pues “tenemos que seguir atendiendo a los pacientes porque está en nuestro ADN”.

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