“Un bar es trabajar y trabajar; no se miran las horas”, nos cuenta Florencio Elipe, fundador de Casa Florencio, recordando los casi 60 años de historia de unos de los bares más antiguos de Hortaleza. Ahora, cuando apenas ha iniciado su sexta década, los hijos de Florencio han decidido crecer y ampliar el negocio con el local contiguo en la misma calle Mar Caspio.

Florencio nació en plena Guerra Civil y muy pronto tuvo que ayudar en pequeñas tareas en la casa de su abuela. Recuerda compartir pupitre en La Humanitaria con su amigo y quinto Luis Aragonés, aunque reconoce que al colegio iba poco porque siempre había que echar una mano en la tienda y taberna de la familia en la actual calle del Mar Negro. Después aprendió el oficio de albañil, y consiguió fichar como profesional en un equipo de fútbol de tercera división en La Mancha tras jugar varios años como defensa central con Luis en el Pinar de Hortaleza.

DEL BALÓN A LA BARRA

Florencio cuenta la vida de su bar con exactitud de historiador mencionando los detalles de cada momento clave de una vida ligada a nuestro barrio. Recuerda que, al acabar la temporada en 1963, vuelve a Hortaleza y sus primos, que regentaban uno de los bares del pueblo, le proponen que coja el traspaso de otro establecimiento. Con 50.000 pesetas prestadas por sus primos y otras tantas del banco, Florencio se lanza a la aventura.

Para poner en marcha el negocio, se trae a otro primo camarero y él mismo trabaja de albañil con los materiales que obtiene a cuenta del almacén de Román a muy pocos metros del bar. “Estos edificios se construyeron con las tejas y los ladrillos que traía Luis Aragonés del tejar de su madre en la calle Mar de Kara”, recuerda Florencio al hablar de la apertura de su bar, que ahora alberga la sede de la peña atlética que recuerda a su amigo y leyenda del fútbol. «Justo en aquel año habían empezado las obras del cine de verano que estaba casi enfrente para construir el salón de proyecciones, y los albañiles y escayolistas venía a tomar café o unos vasos de garnacho».

“Estos edificios se construyeron con los ladrillos que traía Luis Aragonés del tejar de su madre” Florencio Elipe

En un primer momento solo dispensaban bebidas y raciones, pero pronto pusieron un salón comedor en el piso de arriba para servir comidas. Poco a poco, el negocio fue creciendo y durante los veranos Florencio contrataba a más camareros para servir hasta 25 mesas que ponía en la terraza.

Actualmente, sus hijos regentan un negocio con ocho empleados y muchas más mesas. De la cocina sale una tortilla maravillosa que alegra el café de media mañana del vecindario y de muchas personas que se acercan al centro de salud de Mar Báltico. Allí se mezclan oficinistas, comerciales, jubilados y viandantes que se acercan a Correos o simplemente pasean por el barrio. A punto de cumplir 60 años, Casa Florencio goza de muy buena salud y ha salido de la pandemia fortalecido y con ganas de crecer y seguir haciendo las delicias de los vecinos y las vecinas de Hortaleza.

Casa Florencio

Florencio Elipe, en su establecimiento, en una imagen de archivo. SANDRA BLANCO