El pasado mes de junio las excavadoras devoraron la humilde casita que resistía de forma numantina en el cruce de la calles Muria de Paredes y Toreno del barrio de Las Cárcavas. La vivienda, de solo una planta y paredes irregulares propias de la autoconstrucción, era uno de los contados vestigios de la antigua arquitectura de esta barriada levantada en 1927, cuando Pedro Tobar, propietario también de la Huerta de la Salud, decidió parcelar una finca que poseía en las afueras del pueblo de Hortaleza. La mayoría de las primitivas y precarias casas de Las Cárcavas han ido sucumbiendo en las últimas décadas, sustituidas por confortables chalets unifamiliares de dos o tres plantas. Los bloques de pisos que se han levantado en el barrio tampoco exceden las cuatro alturas para integrarse en un entorno que se había librado, hasta ahora, de las extremas verticalidades. Porque el Ayuntamiento de Madrid ha aprobado un proyecto privado para construir cuatro inmensas torres de apartahoteles, con 12 plantas cada una, en las dos parcelas contiguas que forman un triángulo entre las calles Emma Penella y Camino de Montoro, casi lindando con el extremo sur del parque de Valdebebas. Unos terrenos que hasta el año pasado eran propiedad municipal.

El Ayuntamiento de Madrid anunció en 2020, justo después de los peores meses de la pandemia, que ponía a la venta estas parcelas del remate de Las Cárcavas que permitían edificar casi 40.000 metros cuadrados de uso terciario como oficinas. No parecía el momento más idóneo para encontrar compradores, cuando el teletrabajo se había generalizado y el precio del suelo caía por la crisis del coronavirus. De hecho, el Consistorio no tuvo ninguna oferta hasta el año pasado, cuando la promotora Effenberg, filial del grupo suizo de inversión inmobiliaria Stoneweg, adquirió los terrenos por 45 millones de euros para concentrar allí casi 600 apartahoteles de entre 30 y 60 metros cuadrados aprovechando que el uso terciario permite la construcción de edificios de hospedaje. Un proyecto que se aleja del propósito anunciado por el Ayuntamiento con la venta de los terrenos. Hace un par de años, la entonces vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís (Ciudadanos), defendía la operación como una política de “sentido común a favor del interés de los vecinos”. Además, el Área de Urbanismo dirigida por Mariano Fuentes aseguraba que favorecería “la implantación de nuevos servicios dirigidos al conjunto de residentes de Valdedebas”.

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Estado actual de las obras en los terrenos entre las calles Emma Penella y Camino de Montoro. JAVIER PORTILLO

RECHAZO VECINAL

La familia de María Roldán se mudó hace nueve años a un reluciente bajo con jardín de la calle Camino de Montoro. “Fue la inversión de nuestra vida, porque queríamos vivir en un barrio tranquilo, sin torres, pero nos han engañado”, lamenta la mujer, que enumera una larga lista de equipamientos públicos prometidos que nunca llegan mientras las grúas preparan ya los cimientos, a apenas una docena de metros de su casa, de un “monstruo” que triplica la altura de su bloque.

“Esperábamos que aquí construyeran algo para el barrio, especulábamos con cosas buenas, nunca algo así, porque además aquí no vienen turistas”, apostilla su marido, Alberto Pieltain. En la calle de enfrente reside Paco Mengual, que supo del proyecto el pasado mes de mayo cuando le sobresaltó el inesperado ruido de las obras. “Empiezan a las siete de la mañana y en algunas casas se sienten temblores”, asegura. En apenas dos meses, la constructora Dragados, encargada de los trabajos, ha vaciado la parcela y empieza a pilotar los futuros edificios: en 20 meses pretenden tenerlos finiquitados.

Una empresa filipina quiere levantar otro 'macrohotel' de 736 habitaciones en la zona

“El tiempo corre en nuestra contra, pero queremos detener esto”, proclama David Castejón, otro de los vecinos organizados contra el “pelotazo” de la inmobiliaria Stoneweg, que también está detrás de las dos torres de cien metros y viviendas de lujo erigidas recientemente en el distrito de Tetuán. “Es una incongruencia que el Plan General establezca esta zona como de baja densidad y el Ayuntamiento permita la máxima densidad en esta parcela”, añade David. Todas las viviendas construidas en los últimos años al norte y el este de Las Cárcavas tenían una limitación de cuatro alturas más ático, como establecía el Plan Especial que permitió la urbanización del desarrollo de Valdebebas. Sin embargo, las parcelas en las que se construyen los apartahoteles quedaron exentas, en posteriores revisiones, de esa limitación. Desde el equipo de Mariano Fuentes, el exconcejal responsable de Urbanismo, se limitan a subrayar que el proyecto “cumple con toda la normativa”.

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Vecinos de la zona que se oponen al proyecto, frente a las obras de las cuatro torres. SANDRA BLANCO

TEMOR POR LA MOVILIDAD

Los vecinos de los bloques de la zona, la mayoría levantados como cooperativas de vivienda, denuncian el sigilo administrativo con el que se ha tramitado una operación que repercutirá en la movilidad de todo el barrio. Las calles de acceso a los futuros apartahoteles apenas tienen un carril por sentido, y la gran avenida de la zona ha perdido otros tantos con la polémica construcción de carriles segregados para la nueva línea Bus Rapid que conecta Valdebebas con el hospital Ramón y Cajal. Además, a solo medio kilómetro de los terrenos donde la promotora Effenberg construye 590 apartahoteles, la empresa filipina Hotel 101 quiere levantar un ‘macrohotel’ con 736 habitaciones que sería uno de los cinco más grandes de Madrid.

“El número de viviendas previsto en el Estudio de Tráfico del Plan Parcial de Valdebebas era de 11.400 en todo el desarrollo, pero todo parece indicar que esa previsión se triplicará, pues en los suelos terciarios, mucho más baratos que los de uso residencial, se están concediendo licencias para la construcción de apartamentos y hoteles que incrementarán de manera exponencial la densidad del barrio y complicarán su tráfico hasta el colapso”, sostiene María Roldán, que junto a otros vecinos estudian acciones legales para solicitar la suspensión cautelar de las obras y un reajuste del proyecto que armonice con el entorno. Mientras tanto ya han recogido más de 1.000 firmas y buscan el apoyo de las asociaciones vecinales de Valdebebas y Las Cárcavas-San Antonio. “La gente todavía no se ha dado cuenta de la que se nos viene encima”, concluye David Castejón.

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