Hortaleza fue un pueblo sin iglesia. En 1855, se derrumbó su único y antiguo templo, y durante muchos años las misas se celebraban en una pequeña capilla del cementerio donde apenas cabían 20 personas. Tuvieron que pasar casi 25 años hasta que el 31 de mayo de 1879 se terminó la nueva iglesia de San Matías, una obra de estilo neomudéjar del arquitecto Francisco Enríquez y Ferrer, que todavía permanece.

Cuenta Aquiles Obispo en su libro Más de cien años de la historia de Hortaleza que el cura del pueblo llegó a temer la pérdida de fieles por la ausencia de un templo religioso, aprovechada por protestantes para predicar en el distrito. Incluso corría el rumor de que habían comprado un local para dedicarlo a una capilla evangelista.

Fue una falsa alarma, ya que los evangélicos han tenido que esperar más de 150 años para estrenar su primer templo en Hortaleza. El año pasado, se inauguró la iglesia evangélica Cristo Vive en la Gran Vía de Hortaleza, una avenida que ha sido bautizada como la milla del incienso porque también cobija, desde el 2013, la primera iglesia ortodoxa rusa de Madrid.

La basílica de Santa María Magdalena se ha convertido en uno de los iconos del distrito por las cinco cúpulas doradas y bulbosas que coronan el templo, que este año se ha convertido en la sede de la iglesia ortodoxa de Rusia para toda la península ibérica. Hortaleza, el pueblo que no tuvo iglesia, ya tiene hasta catedral.

El párroco Andréy Kórdochkin, en una imagen de 2015 / Foto Sandra Blanco

“Cuando se funda la comunidad ortodoxa rusa en España, en el 2000, no había ningún templo”, recuerda Andréy Kórdochkin, el párroco de Hortaleza. Entonces, los ortodoxos rusos de España formaban parte de una gran diócesis con sede en París que agrupaba cinco países.

“En España, tenemos 15 parroquias con sacerdote permanente, y diez más en Portugal, y al obispo de Francia ya le costaba viajar y administrar estas 25 parroquias, por eso el 28 de diciembre del año pasado tomaron la decisión de formar una diócesis para España y Portugal, y lo lógico es que el obispo viviera aquí, en la capital”, explica el párroco.

UN OBISPO DE VECINO

El obispo Néstor Sirotenko llegó al barrio a principios de año, y su primera decisión fue convertir la basílica de Santa María Magdalena en sede episcopal. Según Andréy, aún está haciéndose a su nuevo destino. “Era el administrador de nuestra diócesis desde Francia, ya le conocíamos, y todavía no habla castellano, aunque lo entiende, pero es bastante rápido en hablar los idiomas”, asegura.

El obispo aún no pasa mucho tiempo por el barrio. Viaja a destinos como Las Palmas y Oporto, pero una vez al mes hace el oficio en Hortaleza, en cuyo altar se posa el báculo como símbolo de que el templo es catedral. “Muchos vecinos no van a notar el cambio”, afirma Andréy. Quizá, en el repicar de las campanas, que sonarán cuando el obispo regrese a su nueva casa.

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