Bárbara y Carlos son hermanos y hacen turnos. Compaginan su vida familiar con la vida entre libros. Van de la realidad a la ficción con una sonrisa, lo hacen desde hace cuatro años. Es un sector que sonríe poco desde que la bestia Amazon se convirtió en la gran pesadilla. Bárbara es licenciada en Derecho, heredera de la vieja librería y papelería de su madre.

“Hemos crecido aquí, entre libros, desde 1986. Cuando mi madre se jubiló, le dimos muchas vueltas; Carlos estaba harto del mundo de las finanzas, él es economista, así que le dije: ¡venga!, si tú me ayudas nos quedamos con la librería”. Ambos se reinventaron. Hoy, la Librería Mar Negro (Calle Mar Negro, 6), a parte de tener un nombre muy novelesco, es un rincón de madera azul que rezuma historias, las de los libros y las del barrio.

¿Leen los hortalinos? Bárbara se ríe. “Sí, lo hacen, pero en este barrio vive gente de todo tipo, es un barrio muy diverso. Los que más leen son vecinos entre 30 y 40 años, luego hay un salto a los jubilados. Lo que más se lee es novela, pero curiosamente, en los últimos años vendemos mucho ensayo”.

MIMAR LOS LIBROS

Bárbara se queja de que su librería es pequeña. Echo un vistazo a la mesa de novedades. “Vendemos libros comerciales, claro, bestsellers, tienen una vida muy corta, apenas unas semanas”. Bárbara me habla de la renovación de Hortaleza. “Ahora es más joven, los clientes son más selectivos con la lectura y dedicamos más tiempo a seleccionar lecturas. Hace unos años comenzamos a elegir nosotros los libros que queríamos vender. Apostamos por editoriales pequeñas: Rata, Impedimenta, Capitán Swing, Acantilado, Blackie Books, Nórdica… Es un gusto. Cuidan mucho la edición. Me encantaría leerme todo lo que hacen. Tienen un gran respeto por el autor y el traductor”.

Bárbara tiene unos ojos azules claros que se abren e iluminan cuando habla de su librería y de su oficio. “Me encanta atender a clientes que puedan tener los mismos gustos que yo, me gusta recomendar lecturas, siempre recomiendo lo que he leído, no miento nunca”.

Interior de la librería Mar Negro / Foto Ángel Sánchez

Estamos rodeados de libros para adolescentes, sentadas en una mesa diminuta. “Los adolescentes van por delante de nosotros, no logramos tener todo lo que piden, es un mercado muy veloz. Los youtubers venden muchísimo, hay algunos terribles, y se agotan en Navidades. En ocasiones me da ganas de decir a algún padre o madre: ¡Oiga, no compre esto por favor!”.

Pregunto a Bárbara qué libro es el que más recomienda. “Ébano de Ryszard Kapuscinski, llevo recomendándolo años. Ahora estoy leyendo a un finlandés de nombre impronunciable, El año del hambre de libros del Asteroide”. Carlos se está leyendo el Elogio de la sombra de Junichirò Tanizaki. Irrumpe en la conversación un escolar de 10 años que se llama Manuel, mira la grabadora desconfiado, lee a Harry Potter, qué raro, le digo. “También me encanta Momo de Ende, y los libros de Alex Coll…”. Es simpático y durante el resto de la entrevista lee en un rincón.

UNIDOS PARA SALVARSE

Antes de irme les pregunto sobre los libros escolares, si salvan el verano y las cuentas del año. Los ojos azules de Bárbara se nublan y Carlos tuerce el gesto. Por lo visto, algo está cambiando. Bárbara, muy seria, cuenta que este año hay gratuidad de los libros de texto. La Comunidad de Madrid ha hecho un acuerdo macro para que las librerías surtan a los colegios de los libros.

“Las condiciones que nos piden para licitar no las podemos cumplir, son leoninas, es imposible que una librería pequeña pueda acceder a esta licitación. Hemos creado una plataforma para poder cambiar el sistema, por ejemplo, que sea a través de cheques. Sería interesante que cada alumno acudiera con su cheque a la librería de su barrio y no sean los distribuidores y las grandes cadenas las que se beneficien de este acuerdo”.

Carlos añade: “El sistema de hacer esto debería contar con todas las librerías, ninguna librería debería quedarse fuera, no es justo. La fuente principal de ingresos de muchas librerías se acabaría y tendrían que cerrar. Se ha creado una plataforma que se llama Salvemos las pequeñas librerías, estamos unidos para hacer más fuerza”.

Foto Ángel Sánchez

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