En España existen pueblos sin colegio, pero todos tienen alguna iglesia y un cementerio. De Hortaleza y Canillas han sobrevivido sendos templos y camposantos como testimonio que recuerda los municipios que fueron antes de ser engullidos por la gran ciudad.

En Canillas, el tamaño del cementerio de la calle Silvano contrasta con la pequeña localidad a la que pertenecía, aunque delata que en su término municipal se aglomeraban miles de personas en barrios como Ventas o Ciudad Lineal. El cementerio de Hortaleza, ubicado actualmente en la calle Chiquinquirá y que antaño estaba conectado al pueblo por la vereda que llevaba a Canillejas, revela las dificultades económicas que tuvo siempre el antiguo municipio.

Entrada del cementerio de Hortaleza / Foto Sandra Blanco

SIN DINERO

“Tenía una crisis económica brutal”, hace saber Aquiles Obispo, el autor del libro Más de cien años de historia de Hortaleza, en el que apunta la existencia de una ermita donde se enterraba a los difuntos en el emplazamiento actual del cementerio, aunque en 1834 ya quedaba hueco para más sepelios.

En las arcas del Ayuntamiento de Hortaleza no había dinero para ampliar el cementerio. La corporación municipal estaba de acuerdo en construir uno nuevo, siempre que lo pagara la Iglesia. El cura, que también lo era de Canillas, consiguió 200 escudos de los fondos destinados al mantenimiento de la iglesia del pueblo vecino, para costear el camposanto, lo que suponía la mitad del presupuesto. Sin embargo, el Ayuntamiento no tenía capacidad para asumir su parte, y se tuvo que recurrir a una derrama vecinal.

Así se construyó la primera parte del cementerio de Hortaleza, que se ampliaría después en 1863 sufragado por José Romero, dueño entonces de la finca de Huerta de la Salud. Además, a finales del siglo XIX, se construyó el aledaño ‘cementerio de las monjas’ para enterrar a las religiosas del Palacio de Buenavista.

El errático origen del cementerio de Hortaleza generaría constantes problemas legales y dudas sobre su propiedad, de la que rehusaba el antiguo ayuntamiento, que siempre lo consideró parroquial. Así, tras la anexión de Hortaleza a Madrid, fue gestionado durante décadas por la parroquia de San Matías, que en 1991 negoció con el Ayuntamiento de la capital su definitiva clausura.

Interior del cementerio de Hortaleza el pasado 1 de noviembre / Foto Sandra Blanco

REACCIÓN VECINAL

La noticia generó la inmediata reacción de las familias del antiguo pueblo, que se rebelaron contra la decisión de convertir el camposanto donde descansaban sus ascendientes en un terreno urbanizable. Las protestas salvaron el cementerio, y desde entonces lo gestiona el propio vecindario a través de una comisión que se encarga, de forma altruista y desinteresada, de su mantenimiento y limpieza.

“Cuando lo cogimos estaban abandonado completamente, muy deteriorado”, explica Anselmo López, de 79 años y responsable de la comisión desde hace 27 años. Tantos que busca reemplazo. “Ya he dicho que lo dejo, pero esto no lo coge nadie”, se queja. Quizás porque durante su gestión ha conseguido lo que nunca nadie había logrado antes: que el cementerio de Hortaleza esté impecable.

El denominado ‘cementerio de las monjas’ del camposanto de Hortaleza / Foto Sandra Blanca

 

(Visited 391 times, 1 visits today)

Comparte este/a entrada