Una riada de gente bajaba por la cuesta de los Paúles, en la calle Mar Adriático, entonando consignas. También soplaba el aire y llegaba el murmullo de los coches atascados en Mar de Cristal. Pero entre el gentío, se escuchaba nítida la conversación de una pareja de mayores. «Hay que ser como un martillo pilón, insistir, insistir, insistir…», decía ella. «Porque la sanidad pública no nos la ha regalado nadie», añadía él.

Y como un martillo pilón el vecindario de Hortaleza volvía salir a la calle por la sanidad pública. Esta vez como manifestación itinerante después de incontables concentraciones desde el comienzo de la pandemia del coronavirus. Primero fueron actos multitudinarios frente a los centros de salud del distrito atiborrados de aplausos de agradecimiento al exhausto personal sanitario. En los últimos meses, han pasado a convertirse en protestas por el prolongado cierre de las urgencias en el distrito, un servicio que utilizaban 2.800 personas al mes y permanece clausurado desde hace dos años.

Más de 8.000 vecinos y vecinas han firmado reclamando la reapertura de este Servicio de Urgencias de Atención Primaria (SUAP), que se sumaron a las 90.000 firmas en total que diferentes organizaciones ciudadanas entregaron el pasado mes de febrero en la Asamblea de Madrid para exigir que los 37 SUAP cerrados en toda la región vuelvan a atender pacientes. Sin embargo, el Gobierno de la Comunidad de Madrid presidido por Isabel Díaz Ayuso sigue sin atender esta demanda.

Manifestantes al principio de la protesta por las calles del pueblo de Hortaleza. RODRIGO MÍNGUEZ

Así que toca insistir. La Coordinadora de Entidades Ciudadanas de Hortaleza, que integra a las principales asociaciones vecinales y culturales del distrito, decidió dar un paso más en sus movilizaciones convocando la manifestación de este pasado jueves desde el centro de salud Mar Báltico, donde se encuentran las urgencias cerradas en marzo de 2020, y recorrer el barrio hasta el centro de salud de Silvano, en Canillas, haciendo una parada intermedia en el centro de especialidades de Emigrantes.

Gritos de “sanidad pública”, “urgencias sí, sinvergüenzas no”, entre otros cánticos, acompañaron el camino hasta el centro de Atención Primaria de Silvano, donde se leyó el manifiesto final. Además de hacer un repaso a los gastos en el hospital Zendal, mientras no se hacía “ni una sola obra en los centros de salud”, también se habló de los contratos adjudicados “a dedo” a empresas “de amiguetes” y el impulso a los seguros privados. “Ya hemos llegado a un punto en que, de cada dos euros que invierten en sanidad, uno es para la privada”, cifraban los convocantes, alguno de los cuales llevaba el dato pintado en sus chalecos.

Un joven asistente, portando una pancarta. RODRIGO MÍNGUEZ

También se habló de la Ley Omnibus, un batiburrillo de decretos regionales aprobado en plenas navidades que modifican sustancialmente infinidad de leyes. Por ejemplo, explicaban, gracias a esta ley se creará una Agencia de Contratación sanitaria que “podrá realizar contratos de bienes y servicios sin control parlamentario ni ciudadano”. Para que se hagan una idea, “del contrato con el hermano de Ayuso no nos habríamos ni enterado”, explicaba megáfono en mano una de las convocantes.

Esta reivindicación coincidió con las organizadas en otros distritos madrileños como Villaverde, Usera o Carabanchel, en una fecha muy simbólica que coincidía con el despido de los 6.000 sanitarios con contratos Covid en la Comunidad de Madrid, en un momento en el que, según cifran los sindicatos, hay 814.000 pacientes esperando entrar en un quirófano, que les hagan una prueba diagnóstica o les vea el especialista. Gota a gota, jueves a jueves, las quejas ciudadanas van calando.

Lectura del manifiesto en el centro de salud Silvano. RODRIGO MÍNGUEZ

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