Pasarán los años y no nos explicaremos cómo permitimos que sucediera. Las escenas de la película que cuente lo que pasó en 2020 empezarán con militares vestidos como astronautas entrando a sacar ancianos muertos y abandonados en residencias, fumigando como si estuvieran en el infierno a quienes supuestamente se cuidaba con amor.

Porque este año, en Madrid, murieron unos 6.000 ancianos de covid en las residencias. Y no porque no hubiera avisos de cómo era la situación en esos presuntos hogares que se habían convertido ya antes en campos (privatizados) de la muerte. Pongamos un ejemplo en Hortaleza.

Desgraciadamente, la residencia Los Nogales del distrito se hizo famosa en toda España cuando se sacaron de allí 82 cadáveres de ancianos. Pero es que hablamos de una residencia que un año antes había salido en todos los medios cuando familiares de personas internadas allí publicaron imágenes de cómo se vejaba a esos ancianos. Empleadas del centro denunciaron las condiciones de trabajo, la incapacidad para gestionar el día a día. Esa residencia acumuló varias multas por, entre otras cosas, “abandono notorio en el cuidado de los usuarios”.

Y a ese paraíso llegó el virus. La respuesta de la Comunidad de Madrid fue:

– No trasladar a los mayores enfermos.

– No medicalizar las residencias.

– No enviar a los mayores a hospitales privados (excepto a quienes tenían seguro, claro)

Como siempre con el PP de Ayuso, la espectacularidad fue por delante de todo. Que nada estropee un buen titular. Montemos un hospital de campaña en Ifema. Ambulancias, uniformes, luces.

La Comunidad de Madrid trasladó, en todo el tiempo que estuvo abierto ese hospital de campaña, a 23 mayores con síntomas leves.

Cuando el consejero del ramo, aterrado por lo que estaba sucediendo, llamó al Gobierno central para pedir ayuda y, si era necesario, acudir a los militares, Díaz Ayuso le retiró las competencias. La ropa sucia se lava…

Finalmente todo queda en Hortaleza: cientos de cadáveres, muchos de ellos residentes que no pudieron despedirse de sus familiares antes de fallecer, fueron trasladados a la morgue improvisada en la pista de patinaje del Palacio de Hielo.

El remate, junto al distrito, es el hospital Isabel Zendal. 153 millones de euros de coste, según las últimas informaciones. Ni siquiera tiene un quirófano. Atiende personal trasladado forzosamente en su mayoría.

En la última visita de Isabel Díaz Ayuso a un hospital madrileño miraba fijamente a un maniquí que simulaba ser un paciente. No pudo salir corriendo. El maniquí, por supuesto.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Dí­az Ayuso, observa un maniquí­ durante su visita al hospital 12 de Octubre. ALEJANDRO MARTÍNEZ (EUROPA PRESS)

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