El considerado el mayor festival de música de España ya no lo es tanto. Al menos en cifras de asistencia. En su segunda edición en Hortaleza, el cartel plagado de grandes nombres del pop y rock internacional del Mad Cool atrajo a 186.128 asistentes durante las cuatro jornadas en las que se prolongó entre el 10 y el 13 de julio.

La cifra parece abultada, y se festejaría en cualquier otro evento, pero supone que decenas de miles de personas han dejado de acudir al festival en comparación al año pasado, cuando volaron todas las entradas y se apelotonaban 80.000 asistentes cada día en el recinto del norte de IFEMA ubicado en el barrio de Valdebebas.

Entrada al recinto del Mad Cool, en la ampliación del IFEMA de Valdebebas. SANDRA BLANCO

Esta vez, las estrellas del cartel no fueron tantas ni tan deslumbrantes, sin unos Pearl Jam que provocaran peregrinaciones multitudinarias, y el bajón de público repercutió en la comodidad de todos los que sí decidieron pagar la entrada, que pudieron disfrutar de los conciertos y pasear por el recinto sin la desasosegante sensación de hacinamiento del año pasado.

Mad Cool atrajo a 186.128 asistentes durante las cuatro jornadas en las que se prolonguó el festival

Sin embargo, fuera del recinto se han repetido las quejas por los ecos del festival, que volvieron a desvelar al vecindario en muchas zonas del distrito, por donde se propagaron de madrugada los potentes graves de The Chemical Brothers o se escucharon nítidamente, en el salón de casa, los identificables estribillos de Vetusta Morla.

‘NO NEWS, GOOD NEWS’

Al llegar a Hortaleza, el Mad Cool arrastraba la terrible muerte ante los ojos de miles de personas del trapecista Pedro Aunión en la última edición del festival en la Caja Mágica, en 2017. Su traslado a Valdebebas el pasado verano es recordado por el caos organizativo y la imagen de un autobús pendiendo sobre un puente de la M-11.

En esta ocasión, se impuso la máxima periodística «no news, good news», y la ausencia de incidentes cedió todo el protagonismo a las más de 70 actuaciones programadas durante cuatro largas jornadas de música en directo.

Una niña, aupada para ver un concierto en el festival. SANDRA BLANCO

Cuatro porque los organizadores del festival insertaron el miércoles 10 de julio una fiesta de bienvenida con precios más asequibles (el abono del Mad Cool supera los 150 euros) y un line up que rejuveneció la edad media del público con el irresistible reclamo de Rosalía.

La presencia de la artista catalana resultó sorprendente en un festival alérgico a las tendencias actuales de la música urbana y cuyos organizadores señalan el reguetón como una línea roja. Porque con ella sonó reguetón en el Mad Cool, con la interpretación de ‘Con altura’, canción compartida con J.Balvin que es uno de los éxitos mundiales del año. También Las Grecas, de las que rescató el himno de extrarradio ‘Te estoy amando locamente’.

Atarceder en Valdebebas durante la actuación de Rosalía. SANDRA BLANCO

Fue lo más subversivo de una actuación tan milimétricamente diseñada que resultaba rígida a pesar del despliegue de movimiento, que encendió a sus seguidores (y a sus ‘smartphones’, que formaron un mar de plástico bajo el escenario) pero que dejó muy fríos, por lo robótico del espectáculo, a los escépticos.

NOSTALGIA NOVENTERA

La crónica musical del Mad Cool es inabarcable. La sucesión de conciertos requiere una capacidad de omnipresencia para no perderse nada. En esta edición se redujeron los solapamientos de actuaciones, aunque fueron molestos.

Dos de los escenarios principales acogían conciertos de forma simultánea, y sus estelas de sonido se cruzaban en perpendicular. Aquellos que anhelaban la visita de Lauryn Hill escucharon tanto a Iggy Pop como a la antigua integrante de The Fugges, y así todo el rato.

El público del festival, durante el concierto de Prophets Of Rage. SANDRA BLANCO

Iggy, que cumplidos los 70 años sigue luciendo mejor torso que muchos usuarios de gimnasio, fue uno de los mejores alicientes de un festival que dejó una gran de colección de momentos vinculados a la nostalgia, como las canciones de Oasis de Noel Gallagher, el noventero repertorio de The Smashing Pumpkins o los trallazos de Rage Against The Machine que rescatan Prophets Of Rage.

Aunque la nostalgia alcanzó el paroxismo con The Cure, la indiscutible protagonista del festival. Sin embargo, a la formación de Robert Smith no se le puede reprochar vivir de las rentas: regaló más de dos horas de impecable concierto que acabó entusiasmando más allá de su nutrido grupo de fanáticos, que en Valdebebas demostraron ser legión.

Robert Smith, de The Cure, durante su actuación en Mad Cool. JAVIER PORTILLO

 

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