En Tijuana (México) esperan respuesta del centro cultural de Manoteras para traer tres compañías en septiembre: “Ya tenemos boletos y donde quedarnos”. El omnisapiente Google sitúa el citado centro cultural en el número 1 de la calle Vélez Rubio, pero no vaya, es una vivienda privada.

En lo que ahora es el parque de Manoteras, sí hubo un local en el que brilló la cultura. Justo frente a ese fantasma de centro cultural. Allí estuvo el primer local de la asociación vecinal, en un gran almacén que habilitaron los vecinos y en el que hubo fiestas y se soñó el centro cultural. Se podría decir que aquel local se autoinmoló porque allí se planificó el actual parque y ello implicaba la demolición del local.

Desde entonces, Manoteras ha estado reclamando un centro cultural. Este equipamiento se encontraba recogido en el proyecto original del barrio, sin embargo, la parcela destinada para ello, en el número 61 de la calle Somontín, sigue siendo un descampado, a veces embarrado, donde aparcan coches.

Para este centro, ya en 1991 se propuso, por estar junto al instituto Arturo Soria (creador de la Ciudad Lineal), el nombre de Ildefonso Cerdá, fundador del urbanismo moderno. En el estudio en detalle de Manoteras que el arquitecto Daniel Zarza realizó por encargo de la Gerencia Municipal de Urbanismo en 1986, definía este barrio como “un viario anular, colgado peduncularmente del escaso viario rural de Hortaleza, reforzando su segregación e imagen de ghetto social”.

Ya en 1991 se propuso para este centro cultural el nombre de Ildefonso Cerdá, fundador del urbanismo moderno

Ghetto era el nombre de un barrio judío de Venecia en 1516 pero Manoteras prefiere ser pequeña Florencia, como muestra su vecindad en Las Noches del Huerto, los certámenes literarios, las exposiciones de pintura, los recitales poéticos, los cinefórum o las tertulias literarias y la danza, por solo nombrar algunas de las actividades que se realizan.

No fue inocente el diseño en la construcción del barrio. Como en otras zonas de Madrid, las entradas y salidas de Manoteras facilitaban que, con pocos efectivos, hubiera un fácil control policial. Era una población joven que llegaba a la capital como mano de obra y era mejor que se secara trabajando a que se encendiera con la cultura y exigiera sus derechos.

RECLAMACIONES

Como recordaba la entonces presidenta de la asociación vecinal, María Teresa Lucas, al alcalde Alberto Ruiz-Gallardón en una carta fechada en noviembre de 2007, en Manoteras se venía reclamando un centro cultural desde 1977. A Gallardón le decían que las asociaciones representadas en el Consejo Territorial y todos los grupos políticos de la Junta Municipal de Hortaleza, incluido el Partido Popular, “han apoyado de forma clara este proyecto, siendo una de las prioridades de la Agenda 21 para Hortaleza”.

Sin embargo, por aquellas fechas, Manoteras volvía a ser marginada porque la partida presupuestaria se destinaba al centro cultural de Sanchinarro, un barrio nuevo que, “sin duda, necesita también este equipamiento”, pero Manoteras llevaba ya cuarenta años pidiéndolo. Ahora Manoteras vuelve a quedarse sin su centro cultural porque este se levantará en Valdebebas.

Los nuevos vecinos tienen derecho a ello y a más servicios, ya que siguen sin centro de salud. Pero quienes construyeron el barrio de Manoteras han comenzado a decir adiós sin ver cumplido el derecho de un centro cultural, y este solo es un fantasma en el mapa de Google. Entre tanto, hoy se lidia por una sala de estudio y se edulcoran los servicios públicos con planes integrales de barrio en una apuesta de cartón piedra por la cultura que de poco provecho resulta.

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