Superar un siglo de edad puede ser sorprendente, incluso un poco angustioso. Pepa, la mujer que más años llegó a cumplir en Hortaleza, fallecida hace menos de una década con 107 años de edad, decía que los cambios que había visto eran “¡como si hubiéramos vuelto a nacer!”.
Alguien que vio la luz en 1926 o antes en Hortaleza contempló cómo pasaba de pueblo dedicado al cereal y el vino a suburbio residencial. Lo que parecía magia se hizo realidad, como el agua en cada casa o la sustitución de los pozos negros por el alcantarillado. Pudo observar cómo se abría y se cerraba un lavadero municipal que aún sigue en pie. Hoy, para viajar a Madrid ya no se va en burro: autobuses y después metros sustituyeron la fuerza animal. Incluso, siendo jóvenes, pudieron ver cómo la ciudad se comía al pueblo para convertirlo en un distrito que ha multiplicado en este tiempo su población por más de 200.
Todo ha cambiado, pero hay cosas que se mantienen 100 años después: siempre podemos fiarnos de la codicia de los caseros (y de la inacción de los gobiernos). Hace un siglo Madrid crecía, se alzaban nuevos edificios, “suntuosas moradas para los hombres del dinero”, decía una crónica de la época titulada Madrid, ciudad para ricos. La descripción que hace del alquiler en Madrid la podríamos firmar ahora mismo en el imperio de Ayuso: “La ley del dinero echa a los que no pueden pagar los alquileres”.
“Toda la vida gira en torno del dinero; los progresos, las ventajas, las facilidades y la organización de la capital: todo tiende a hacer grata la vida del poderoso”
Aquello llevó a muchas personas expulsadas del centro a vivir en chabolas o cuevas, en zonas como Las Ventas, entonces perteneciente a Canillas (“Primero ha sido un empujón desde los barrios céntricos hasta los barrios extremos: pronto será un nuevo lanzamiento desde los barrios extremos a los suburbios”, señala el artículo). Desde allí, décadas después fueron expulsados al Poblado de Absorción. Siempre huyendo de los precios de los alquileres, que entonces, en los años veinte del siglo pasado, causaban protestas de los socialistas o la famosa huelga de alquileres de Barcelona de 1931.
Un siglo después, una mujer de 87 años, Maricarmen, que atravesó la mayor parte de esos 100 años en un piso de alquiler que podría haber estado en Hortaleza, y que nunca dejó de pagar, vio cómo la expulsaban de su casa. “La vida, toda la vida gira en torno del dinero; los progresos, las ventajas, las facilidades y la organización de la capital: todo tiende a hacer grata la vida del poderoso”. Eso se escribió en 1927, casi un siglo antes de que la Comunidad de Madrid comprara un ático de lujo como “inmueble institucional de carácter residencial”, signifique eso lo que signifique, más bien parece que era un ático de lujo para la Quironesa. Desde luego, no sirvió para alojar a una anciana en silla de ruedas que ha tenido que morir en un hospital. Así seguimos, ¿eh, Isabel? Esa es tu libertad.



