Hortalino de adopción, el escritor Isaac Rosa (Sevilla, 1974) echa de menos que sus colegas de oficio le hagan la competencia. “Lo raro es que un escritor mire por la ventana para ver lo que ocurre en su barrio, y sin embargo sucede”, lamenta el novelista, que hace un año, cuando decidió contar una historia sobre desahucios, temía que su nueva obra se diluyera entre un aluvión de publicaciones dedicadas a este drama cotidiano.

HPV28 Portada libro Isaac“Y resulta que no”, dice sorprendido ahora que ha llegado a las librerías su nueva novela, Aquí vivió: historia de un desahucio (Nube de Tinta), tan similar a las anteriores por su trasfondo social y, sin embargo, completamente distinta. En esta ocasión, no bastaba con las letras. Y algo tan negro necesitaba color, aunque fuera un sencillo contraste de azul y blanco, los tonos que inundan las viñetas de la dibujante barcelonesa Cristina Bueno en la primera novela gráfica de Isaac Rosa.

“Tenía ganas de escribir sobre desahucios y buscaba la forma de contarlo. El cómic te permite mirarlo de otra manera, conecta muy bien con los lectores, también con los jóvenes y tiene una forma de empatía especial —explica Isaac—. Tampoco queríamos caer en lo previsible, en las imágenes duras, sino conocer la otra parte, el reverso de ese problema, la parte luminosa y positiva, que es la lucha contra los desahucios, una de las mejores cosas que nos han pasado como sociedad en mucho tiempo.”

Manoteras y la UVA

Si Isaac Rosa pide a sus colegas escritores que se asomen a la ventana, lo hace predicando con el ejemplo. Él no se asoma; baja a la calle. Para construir este relato de ficción, quiso absorber historias reales. Y empezó la búsqueda en su propio barrio.

“No queríamos ponerle la etiqueta de ‘basado en hechos reales’ —precisa—, pero el libro está lleno de un montón de historias que hemos recogido de asambleas. La primera que visité fue la Oficina de Apoyo Mutuo de Manoteras (OFIAM), y fueron muy generosos. Iba a decir eso de que me abrieron su asamblea, pero mentiría, porque la asamblea es siempre abierta, que es algo importante a subrayar. Todos deberíamos asistir a una asamblea de vivienda para escuchar y aprender, debería ser parte de tu aprendizaje como ciudadano.”

Ese trabajo previo lo llevaría después a barrios como Tetuán o Vallecas, incluso a Barcelona, donde brotó la inmensa red de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Pero, en Aquí vivió: historia de un desahucio, Hortaleza se dibuja con nitidez.

En sus páginas, se perfila el barrio de la UVA, símbolo de la lucha por la vivienda digna. “Yo quería ese guiño al barrio —reconoce el escritor—, porque aquí no tenemos solo desahucios, que son la punta del iceberg, sino el problema de la vivienda por extensión, que tiene distintos rostros: las familias que okupan, los que tienen la casa, pero están al límite para pagar la hipoteca, los que han tenido que volver a casa de los padres o los que les venden la casa a un fondo de inversión.”

El caso de Patricia

Tras la viñeta que dibuja el barrio de la UVA, hay otra imagen reconocible: la de un policía sacando a rastras a los activistas que participan en una sentada pacífica para evitar que una familia pierda su hogar. Eso le ocurrió a Patricia en un desahucio en Manoteras en el 2011.

Durante este tiempo, sobre esta joven de Hortaleza ha pesado la amenaza de cárcel. “En el caso de Patricia, hay una clara intención ejemplarizante por parte de las autoridades y de advertencia a otros activistas”, denuncia Isaac, aunque prefiere espolear frente al miedo y el olvido. “Pensamos que hemos pasado página, que los desahucios forman parte de los peores años de la crisis, pero no, sigue siendo un problema diario que necesita de medidas urgentes. Si hay voluntad política, se soluciona mañana mismo. Y, para que haya voluntad política, hay que seguir presionando”, sentencia.

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