José Luis es profesor de educación vial jubilado y un vecino preocupado por el bienestar de la ciudadanía. Por eso, el pasado 7 de julio, cuando caminaba por el paseo Miguela del Burgo, también conocido como “paseo del colesterol” en Hortaleza, no dudó en llamar a la policía al toparse con un enorme agujero en la pared lateral del voladizo construido sobre la M-40 para proteger al barrio de San Lorenzo del ruido del tráfico en la autopista de circunvalación.

“Era un agujero enorme por donde cabía perfectamente un niño”, explica José Luis entre preocupado y enfadado. “Vino la policía. Llamaron a los bomberos. Vinieron y colocaron unos paneles sujetos con una estructura de hierro. Y eso fue todo”.

Convencido de que tras colocar ese parche volverían los operarios para solucionar definitivamente el problema, se olvidó del asunto hasta que semanas más tarde comprobó para su sorpresa que el agujero seguía como estaba, apenas remendado por esa estructura, que amenaza con caerse en cualquier momento.

En agosto, tras llamar al teléfono de la Junta de Hortaleza, José Luis consiguió que enviaran una furgoneta. Pero nuevamente para su sorpresa, se limitaron a precintar el área afectada. Consciente del peligro que supone ese agujero, ha logrado contactar con varios medios regionales y nacionales, como Telemadrid, que han dado cierta cobertura a su denuncia.

Pero a día de hoy las condiciones en las que se encuentra el voladizo siguen sin mejorarse: cuarenta kilos de piedra, hierro y madera se inclinan peligrosamente sobre el carril derecho de la M-40 donde pasan a diario miles de coches a cientos de kilómetros por hora.

ESPACIO DEGRADADO

El estado del paseo de Miguela del Burgo, renombrado en 2019 en homenaje a esta maestra recordada en Hortaleza, se encuentra enormemente deteriorado: desconchones en el firme que ya ha provocado la caída de ciclistas, jardineras secas, suciedad y grietas. A pocos metros de donde se encuentra el agujero, botellas, cigarrillos y latas vacías se apilan dando cuenta de quiénes frecuentan esa zona al atardecer.

Dos chicas se acercan para pedir que nadie se aproxime a la pared afectada. Tienen miedo de que aquello se desmorone en cualquier momento y provoque una tragedia. José Luis se despide con una mueca de preocupación bajo la mascarilla. Hasta que lo arreglen, lo seguirá denunciando, afirma convencido: “Por los vecinos, por los conductores y por los niños”.

Maceteras llenas de residuos en el paseo Miguela del Burgo de Hortaleza. ÁNGEL SÁNCHEZ

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