¿Qué hubiera puesto en boca de Sócrates su alumno Platón en un diálogo con Carmen Esbrí? En su república ideal, nuestra vecina hubiera sido una sus gobernantes y, en su diálogo filosófico, hubieran hablado de educación, sanidad y servicios públicos. Ambos hubieran estado de acuerdo en que un filósofo pudiera ser ministro de Sanidad y que un médico llevara Educación y Cultura. Lo básico es responsabilidad común.

Solo nos separa el parque del rocódromo, aunque la veo a través del plasma porque hemos quedado mediante videollamada. Estamos confinadas por la pandemia. Vamos a hablar de ella porque es hablar de lo de todos. “Su libro”, como diría Paco Umbral, son los servicios públicos.

Carmen es licenciada en Filosofía y Letras, especialista en Arte y editora. En la fotografía que difícilmente capta la cámara, es de principios austeros, muy independiente, puntual, inquieta, segura, “un poco contestataria” y con profundo sentido de lo común y de su defensa. No en vano es portavoz de la Mesa en Defensa de la Sanidad Pública de Madrid (MEDSAP), Marea Blanca.

Nos va a costar entrar en su mundo personal, pero estamos en el barrio y nos conocemos. Así, nos lanzamos de cabeza y corazón a la entrevista.

PREGUNTA: ¿De dónde eres?

RESPUESTA: De Madrid desde siempre. Nací en la calle Alfonso XII, al lado de El Retiro. De ahí a Alfonso XIII.

¿Eran monárquicos tus padres?

(Risas) En absoluto. Más bien al contrario. En mi familia ha habido una apertura de pensamiento amplia. Eso te condiciona una manera de ser y de pensar.

¿Tienes relación con la vedete Carmen Esbrí?

Es una prima de mi padre. Fue una vedete que tuvo bastante éxito, cantaba bien e hizo un montón de películas. La he llegado a conocer. Tuve un colaborador en una editorial enamoradísimo de ella y me hacía las cosas con un calor y una rapidez…

¿Cuándo llegaste a Hortaleza?

Desde hace unos cuarenta años. Viví en el Barrio de la Concepción y, de ahí, después a Manoteras.

¿Eras contestona de pequeña?

Más que contestona, inquieta. Planteaba siempre mi punto de vista como no viera que no me gustaba aquello, fuera lo que fuera.

¿A qué colegio fuiste?

Mi colegio fue San Estanislao de Kostka. Anteriormente estuve en el Isabel la Católica, donde recuerdo que con cinco años me hicieron un examen para poder entrar a los seis.

¿Y la universidad?

Pasé el Preu y entré en la Complutense. Me abrió un panorama muy rico de experiencias.

Tras el Mayo de 1968.

Ya te puedes imaginar las movidas que había dentro de la facultad donde entraban los grises, incluso a caballo, aporreando las puertas, pegando tiros dentro… Fue una etapa muy movida.

¿Tuviste que correr?

Yo nunca he corrido y la verdad es que tuve suerte. Sí he visto pegar tiros. Era la pura brutalidad.

¿Has militado en algún partido?

Mis primeras ideas, no afiliación, estaban en el entorno del Partido Socialista Popular de Tierno Galván. Después pensé que mejor sin partido porque ya me movía por mi cuenta. No quería estar sujeta a ningún corsé especial, sino más bien ser positiva donde pudiera estar. No renuncio a poder colaborar con nadie, pero sin perder mi manera de pensar.

"Esto es una prueba de estrés que tiene que hacer pensar a la sociedad, a la ciudadanía, que, si no defiende lo suyo, nadie lo va a defender"

¿Cuándo empezaste a trabajar?

Primero me caso, tengo a mis hijos y luego empiezo a trabajar con mi padre. En seguida, me piden trabajar en la editorial Nájera para la actualización de la Guía del Museo del Prado. A partir de ahí, me vinculé al mundo editorial desde dentro y desde la base. He estado treinta y tantos años en edición.

¿En qué editoriales?

He trabajado con muchas editoriales. He dirigido grandes obras para Espasa Calpe, para el Club Internacional del Libro, Plaza y Janés… El último libro, que además estaba vinculado con el tema de la sanidad, ha sido para una editorial holandesa.

¿Tienen futuro los libros de papel?

Esa es la pregunta del millón desde hace muchos años. Los libros siempre han estado en crisis por lo que cuesta hacer un libro e introducirlo. Yo creo que el libro en papel no puede desaparecer. Es una relación con el lector muy diferente y mucho más cercana e íntima. Un buen libro lo deben leer en el papel.

¿Cómo fue tu paso al activismo social?

Siempre he estado metida en temas de movilización social. En Cultura contra la Guerra, estuve muy metida moviendo con muchas personas una gran movilización.

Participaste en Attac.

Estuve cuatro años en la Junta Rectora de Madrid y también en la Coordinadora de Attac España, representando a Madrid. Ahí tuve la responsabilidad del Observatorio de Servicios Públicos cuando se empezó a rescatar, pues estaba hibernado.

Por eso me metí a saco con el tema de la sanidad y entré en paralelo en la defensa del Canal de Isabel II y en educación. Yo estaba en el grupo La Educación que nos Une. Lo que he mantenido desde entonces es el de sanidad.

"Entré en la Mesa en Defensa de la Sanidad Pública de Madrid en 2012, un año muy movido contra el decreto que había hecho efectivo Mariano Rajoy"

¿Cómo comenzó la movilización por la sanidad?

Entré en la Mesa en Defensa de la Sanidad Pública de Madrid en el año 2012, cuando todos los movimientos y colectivos se dan cuenta de que iba a haber un cambio en toda España.

Esto lo hizo la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), que llamó a todos los colectivos para que no hubiera solapamientos en las acciones porque fue un año muy movido contra el decreto que había hecho efectivo Mariano Rajoy. Yo entré ahí desde el minuto uno.

Ha sido la reivindicación más constante.

Decidimos muy al principio que esas mareas había que hacerlas periódicamente para que no se olvidara y sensibilizar a la población. Se decidió hacer una manifestación el tercer domingo de cada mes y hemos estado ocho años hasta el mes de marzo pasado, cuando íbamos a celebrar la nonagésima Marea Blanca.

Carmen Esbrí durante la Marea Blanca del 23F de 2014. JUANJO DELAPEÑA

¿Qué es la Marea Blanca?

La Marea Blanca es un espacio transversal donde están muchos colectivos que defienden la sanidad pública. Ni unos ni otros somos ni más ni menos. Soy portavoz de la Mesa en Defensa de la Sanidad Pública de Madrid, Marea Blanca.

Hemos sido los promotores de la coordinadora estatal y, además, pertenecemos a la Red Europea contra la Privatización y Comercialización de la Sanidad y de la Protección Social, que desde 2016 se celebra el Día Mundial de la Salud.

¿No todos sois sanitarios?

Dentro de nuestro grupo enorme hay de todo. Hay médicos, hay enfermeras, hay gente que no somos de este sector. Hay una amplitud de miras enorme y, sobre todo, tenemos claro cuál es la necesidad y cuál es la solución.

¿Qué destacarías de la Marea Blanca?

Que hemos tenido la osadía de la resistencia pacífica durante casi ocho años en defensa de un derecho humano que es el de la salud y de la vida.

¿Qué objetivos tenéis?

Tenemos que restablecer el Sistema Nacional de Salud: que sea universal, que el dinero público sea finalista para la sanidad pública y que se recupere todo lo privatizado. Sobre todo en Madrid, que llevamos sufriendo en la sanidad con todos los manejos del Partido Popular muchos años.

Lo público se ha deteriorado porque ellos lo han deteriorado entregándolo a manos privadas sin contar con nadie, costando mucho más y, encima, con corrupción como se ha visto.

"Tenemos que restablecer un Sistema Nacional de Salud universal, que el dinero público sea finalista para la sanidad pública y que se recupere todo lo privatizado"

¿Qué piensas de los aplausos desde las ventanas?

No lo sé si sale ahí por respirar, por agradecer…, pero a ver el día después. Tienen que agradecer al gran personal sanitario que tenemos que está dejándose la vida. Se han contaminado muchísimas porque no estaban en condiciones de atender y no les daban los medios.

A mí me preocupa que no se sepa que lo que están defendiendo es suyo. Somos titulares de la sanidad pública y durante años nos han estado engañando y derivando nuestro dinero.

Sanidad pública y privada han luchado en la pandemia.

La sanidad privada no se ha puesto a disposición absoluta de la situación, sobre todo en Madrid. Nosotros pedimos que se intervinieran todos los espacios de la privada porque esto iba a ser muy gordo y no iba a haber lugar y había pocas camas.

La privada tiene más de dos mil veintitantas UVI que no se han puesto a disposición general y se ha muerto gente por no tener UVI, con lo cual no digo que no haya médicos de la privada que hayan dado tanto. No me meto con los médicos, me meto con los que están ganando a espuertas por la salud. Sobre todo con aquellos que se están nutriendo de los impuestos que nosotros aportamos para la sanidad pública que, para que sepas, son un 45% derivados a empresas especuladoras de la salud.

"De los impuestos que aportamos para la sanidad pública, un 45% se deriva a empresas especuladoras de la salud"

¿Puede haber fragmentación social?

Es verdad que hay una lucha cainita partidista. Ahora mismo nadie tendría que hacer valer su partido por delante. Es absolutamente demencial y no está pasando en ninguna parte de Europa. Nos avergüenza.

Todos pueden tener soluciones y todos pueden tener culpas, pero lo que no se puede es estar creyendo que son los ombligos. Y precisamente los que más hablan son los que más culpas pueden tener. Esto nos preocupa, sí. Nos preocupa bastante.

¿Qué debemos aprender?

Pensamos que esto es una prueba de estrés que tiene que hacer pensar a la sociedad, a la ciudadanía, que, si no defiende lo suyo, nadie lo va a defender y que se paga a los políticos para que lo defiendan, no para que los destruyan. Esto tiene que servir para saber lo que es lo público.

¿Eres optimista?

Espero que haya un mundo diferente. No para mí, sino para mis sucesores y para los niños. Me aterroriza que haya otra cosa. Pero ya hemos visto lo que se ha hecho con las guerras, que se han multiplicado para pillar lo que sea. Espero que esto sirva de experiencia y que sirva para la reflexión colectiva.

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