Ocurrió el 27 de marzo hacia la hora en que él solía iniciar el programa de Radio Enlace. Desde el hospital Ramón y Cajal, su nieto Daniel hizo posible una breve despedida con la familia a través del móvil. El coronavirus impuso distancias, pero no impidió un adiós íntimo con los suyos. Después, el sueño lo cubrió todo y fue el partir, el último instante de Valentín Huerta Martínez, el abuelito Valentín.

Aquella misma tarde noche, un breve texto, El fin del cuento, se propagaba veloz entre quienes lo conocieron o sabían de él. El perfil de Valentín en Facebook se llenó con centenares de comentarios, recuerdos, vivencias y textos del propio Valentín. Era el primer e inmediato homenaje desde el confinamiento.

¿QUIÉN ERA VALENTÍN?

No se trataba de un académico ni de una figura mediática, aunque su ejemplo enseñó a muchos y llegó a ser muy conocido. Este obrero del barrio de Canillas fue un esposo, un padre y un abuelo, pero también fue un vecino solidario.

Este obrero del barrio de Canillas fue un esposo, un padre
y un abuelo, pero también fue un vecino solidario

En la radio recordaba cómo encabezó una manifestación de mujeres durante el franquismo para que el barrio tuviera agua o cómo montaban obras de teatro para financiar un equipo de fútbol. Valentín también estuvo en la creación de Comisiones Obreras, de la asociación de vecinos de Canillas y del AMPA del instituto público Conde de Orgaz, del que fue su primer presidente. Valentín era un hombre solidario, pero eso no basta para comprender su figura.

Sin duda, fue una persona implicada y activa que creía en el trabajo bien hecho y en la educación, la justicia social y la responsabilidad personal. Ya octogenario, Valentín salió a la calle y a las plazas como yayoflauta quincemayista. Sentía la obligación de mantenerse en la lucha por todo lo que su generación había construido, pero que la corrupción amenazaba con destruir. Tampoco estos datos son suficientes para conocer quién era el abuelito Valentín.

Valentín Huerta durante la presentación de su libro en el centro cultural Sanchinarro. SANDRA BLANCO

Para comprender y conocer a este tornero de los sentimientos, quizá haya que ir hacia los momentos entrañables cuando su nieta Elena le pedía «otros cuentos» antes de dormir, los que solo Valentín podía crear. Allí comenzó a crecer un universo de personajes eternos en el que animalitos, niños y ancianos sembraban de cariño y sentimientos un mundo mejor.

Cuando su nieta Elena le pedía "otros cuentos" antes de dormir, comenzó a crecer un universo de personajes eternos que sembraban de cariño y sentimientos un mundo mejor

Creció la nieta y Valentín continuó con sus cuentos, pero ahora iba al Hospital del Niño Jesús, a los colegios, a las fiestas y allí donde se le llamara. Entonces invertía una parte de su jubilación en fotocopiar sus «cuentecitos» escritos con primor a mano e ilustrados con los recursos que encontraba. Infatigable, Valentín era un buen cuentacuentos. La mirada y los abrazos de sus pequeños oyentes eran su gran recompensa. Pero todo esto aún no es suficiente para entender quién fue Valentín Huerta.

Tras su noventa cumpleaños, celebrado con toda Hortaleza en el estudio de Radio Enlace, un periodista de Telemadrid lo puso en contacto con la editorial Loquenoexiste. Quizá este fuera el mejor premio a una vida entregada a los demás. Con la publicación del libro Los cuentos del abuelito Valentín, se desbordaron las fronteras de Hortaleza y, especialmente para Valentín, su palabra iba a pervivir en negro sobre blanco. Pero quizá este hecho tampoco sea el definitivo para conocer a Valentín y son muchas las voces que con afecto pueden hablar de otros Valentín Huerta satíricos, críticos, guasones…

Celebración del 90 cumpleaños de Valentín Huerta en Radio Enlace. FOTO JAVI ROBLES

Celebración del 90 cumpleaños de Valentín Huerta en Radio Enlace. JAVIER ROBLES

LA GENERACIÓN SILENCIOSA

Pese a sus 92 años, Valentín Huerta podría parecer un millennial. Tenía blog, un perfil en Facebook y utilizaba un correo electrónico desde el que nos enviaba a este periódico y a sus conocidos de forma regular sus cuentos y sus textos. Sin embargo, el abuelito Valentín pertenecía a la denominada generación silenciosa, la de los nacidos entre 1925 y 1944.

El término para definir a esta generación lo usó por primera vez la revista Time en 1951. Con ella se agrupa a quienes crecieron marcados por circunstancias muy duras desde la Gran Depresión de 1929, la Guerra Civil, la II Guerra Mundial y la dictadura franquista. En el informe La seis generaciones de la era digital, elaborado por Coolhunting Group, esta generación de constructores (pues son los que tuvieron que volver a levantar el país tras la destrucción) se caracteriza por «valorar el trabajo en equipo y el sacrificio para alcanzar sus metas» y «por encima de todo quieren estar en contacto con sus seres queridos».

Durante esta pandemia, la generación silenciosa es la más vulnerable. Dentro de ella, los más jóvenes hasta los 79 años tienen una tasa de mortalidad de casi el 10% y los de más de 80 años, a fecha de hoy según eldiario.es, del 20%. Su adiós silencioso en el confinamiento de una residencia, un hospital o un domicilio en muchos casos está marcado por la soledad y la distancia de sus seres queridos, lo que más les duele y más difícil les resulta.

El abuelito Valentín no murió a consecuencia
del coronavirus, pero sufrió los efectos colaterales
por el colapso del sistema

El abuelito Valentín no murió a consecuencia del coronavirus, pero sufrió los efectos colaterales por el colapso del sistema. Ya el 27 de marzo, cuando falleció Valentín, los servicios funerarios estaban desbordados y la aseguradora avisó a la familia de Valentín de que, hasta avanzado mayo, no podrían entregarles sus cenizas.

El duelo es una necesidad, un proceso complejo ante la fatalidad de la muerte que se inicia desde el último aliento. Pero el duelo durante la pandemia es otro duelo porque al dolor se le suma la incertidumbre y no es posible el acompañamiento, porque hay que esperar a una fecha indeterminada sin saber dónde está, dónde quedan los restos de su ser querido y cuándo podrá cerrarse el ciclo. La sensación de dejar en soledad, de no acompañar… es un debe que, como una herida interna, necesita su cura.

EN ESPERA DE UN HOMENAJE

Aún es pronto para avanzar qué homenaje organizará Hortaleza cuando se vuelvan a poblar la calles y sea posible el abrazo en recuerdo de quienes nos dejaron.

Sin embargo, desde el confinamiento, Valentín sigue recibiendo homenajes. El pasado viernes 3 de abril, el programa Radio FAPA. Somos escuela de Radio Enlace, donde Valentín colaboraba desde marzo de 2012, emitió un especial dedicado a su abuelito. En él se pudo volver a oír la última intervención de Valentín, según regresaba del hospital, el pasado 6 de marzo. Se le preguntó por el Día de la Mujer y sus palabras fueron para Concha, su compañera, su amor.

De este modo, se cumple el sueño del abuelito Valentín: "cuando me falte la vida, que me quede la palabra"

Este programa ha empezado a recibir lecturas de los cuentos del abuelito Valentín grabadas por voces infantiles, que se irán emitiendo en las próximas semanas, pues son como esos abrazos que tanto apreciaba Valentín. De este modo, en cierta medida, también se cumple el sueño del abuelito Valentín: «cuando me falte la vida, que me quede la palabra».

Valentín Huerta con Mercedes Pescador, editora del libro, y tres de las lectoras del abuelito en Radio Enlace. ANA NAFSI

 

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