En la película Vencedores o vencidos, un fiscal americano de los juicios de Núremberg espeta, en un momento en el que está muy enfadado y algo borracho, esta frase: “¿Sabe qué ocurrió en Alemania? Nadie tiene la culpa de nada. Los alemanes son inocentes. Ocurrió que vinieron los esquimales y se hicieron cargo de todo. La culpa es de ellos. La culpa es de los malditos esquimales”.

El coronel Lawson, para buena parte de la clase política española, sería hoy un populista. No hay peor insulto. Mate usted a su madre, atropelle a cientos de niños con gatitos en brazos, robe a manos llenas, pero, ¡por Dios!, no sea populista.

Los liberales pontifican que es intolerable que se culpe a algo tan evanescente como la sociedad de los problemas de cada uno porque todo lo que sucede tiene responsables. Pero, ojo, si alguien apunta que, por ejemplo, la responsabilidad de que haya millones de parados es de quien despide y de quien permite que los despidos sean gratis se convierte en un populista. Anatema sea.

Si unos pocos se han llenado —mucho— los bolsillos antes, durante y después de la crisis (si es que alguna vez terminó) mientras la mayoría de la población se ha empobrecido —aún más—; si 600.000 familias han perdido su casa desde el 2008; si nos hemos dejado 24.000 millones de euros en rescatar una sola entidad bankaria… Si ha sucedido todo eso, desengáñese: es una mera coincidencia.

No pierda el tiempo en buscar responsables. Nadie tiene la culpa, ¿no lo ve? Tal vez fue una catástrofe natural, los designios del Señor, que son inescrutables, o, quizá, los esquimales. No se le ocurra señalar a quienes gestionaban los bancos, a quienes expulsan física y legalmente a familias a la calle o a esos pocos millonarios que concentran la riqueza (generalmente, en Suiza, patria querida). Si usted responsabiliza a alguien se convertirá en un populista. Charles Manson, a su lado, es un niño de teta, sucio bolivariano.

(NOTA: Construir aeropuertos sin aviones, intentar obcecadamente traer unos ruinosos Juegos Olímpicos a tu ciudad o privatizar hospitales que solo tienen fachada NO son ejemplo de populismo, y no se le ocurra sugerirlo, pues incurriría en… populismo intelectual, por supuesto.)

Y, entonces, ¿qué es eso del populismo? Según dicen los sabios, es dar soluciones fáciles a problemas difíciles. Seguro que la unidad de España o crear un gobierno estable o generar confianza a los mercados son problemas muy difíciles, Rajoy y otros muchos nos lo repiten cada día, pero no poder llegar a fin de mes es un problema sin discusión y merece alguna solución.

La Renta Mínima de Inserción ni siquiera es una solución: es un apaño, una migaja, una tirita para un balazo, pero es algo. Pídala, es su derecho (ah, pero ¿existen los derechos?). Aunque sea populismo.

(Visited 78 times, 1 visits today)