Si la distancia más corta entre dos puntos es una línea, ¿qué es o qué ha de ser la línea editorial? ¿Cuál ha de ser esta cuando el medio es un periódico de barrio, libre de amos y ataduras, pero lleno de puntos o de personas con diversas y, a veces, equidistantes sensibilidades, ideas, pulsiones o perspectivas?

Estamos de acuerdo en que el medio ha de ser capaz de recoger toda esa diversidad y hacerlo dentro de los centímetros cuadrados de papel y tinta posibles de cada edición. Con puntos de los barrios de La UVA, Sanchinarro, Valdebebas, Cárcavas, Virgen del Cortijo, San Lorenzo, Pinar del Rey, Santa María, Manoteras, Esperanza, Canillas, Villa Rosa… ¿Cómo puede bastarnos con una línea cuando distintas voces se hacen una común? ¿Cómo puede bastarnos con una línea para abarcar todas las tendencias e ideologías, para ser de todas y de todos?

Como a relojes blandos de Dalí, el tiempo nos traiciona en la aspiración a ser mensuales y las agujas no marcan rectas las horas porque aún falta dar el salto para salir cada mes. Se nos quedan muchos temas fuera de la rotativa, pero sentimos satisfacción porque el nuevo espacio de la web da cabida a temas, nombres, logros y denuncias.

Tenemos líneas claras de color vivo. Líneas rojas contra la apatía y lo timorato, contra la especulación y la pérdida del patrimonio o el deterioro del medioambiente, contra la vecindad olvidada que espera realojo o contra la suciedad y el olvido. Sí, tenemos esa línea que viene del PP, del PSOE, de Ciudadanos, de IU o de Ahora Madrid.

Tenemos también una línea verde que conecta con la creatividad, las publicaciones, la música, el arte… Otra azul que lo hace con el barrio, con las pequeñas y grandes historias; otra amarilla que trae la diversión, la sonrisa y la luz. Y la línea blanca que conecta con la emigración y los hortalinos por el mundo. La tenemos marrón, rosa, morada, turquesa… No es ningún misterio, estas líneas conforman a todas las personas que estamos bajo estos gramos de papel.

Además, nos enorgullecemos de tener líneas que nos unen a nombres y apellidos concretos de personas que nos escriben o que nos envían sus cartas para que las publiquemos, como Valentín Huerta, el abuelo cuentacuentos que, casi nonagenario, aprende informática, pese al rumor de que pueda desaparecer esta educación para adultos. También nos sentimos orgullosos de la línea 5.000, la que nos dice el número de seguidores de Hortaleza Periódico Vecinal en Facebook.

Hay una línea a la que queremos rendir homenaje especialmente. Se llamaba Francisco José Santana Álvarez y era agente medioambiental. Contactó con Radio Enlace, la emisora del barrio, porque seguía el programa Todos hacemos escuela desde El Paso. Dijo que lo escuchaban en familia y pidió permiso para enlazarlo a la web que su hijo, estudiante de primaria, estaba aprendiendo a construir.

Francisco José amaba la naturaleza, la radio y la familia. Aprendió a hacer radio y contribuyó a crear una emisora local. Un día, fue entrevistado desde el 107.5 de la FM y dijo que “están haciendo un trabajo del cual ustedes no tienen conciencia de la trascendencia que tiene, pero tiene muchísima, pues, a veces, nos sentimos como hormiguitas en nuestro rincón, pero tiene mucha trascendencia”.

El rincón de Francisco José era la isla canaria de La Palma. Intentando sofocar un incendio provocado, falleció el pasado 4 de agosto. Es verdad que no hay conciencia de hasta dónde puede llegar la labor que se realiza en un barrio con un medio como este periódico o nuestra radio de Hortaleza. Él tampoco tuvo conciencia de hasta dónde podía llegar la labor de escuchar, de ser ese otro punto para que exista comunicación.

Cualquier punto nos es importante, más si queremos saltar hacia un proyecto de comunicación presente en la conciencia de cada vecina o vecino. Cada punto tiene esa trascendencia de la que hablaba Francisco José y no nos resignamos a que se tuerza o se quiebre, a que nada se desgarre.

Por eso, seguimos en nuestra línea y recogemos puntos que nos importan como la construcción del gimnasio en los Paules, un tema que preocupa porque supone la pérdida del poco patrimonio que nos queda en el distrito, porque daña nuestras señas de identidad. Lo hemos tratado en el número anterior, ahora, está moviéndose un manifiesto y sabemos que, si la oposición vecinal es masiva y se movilizan suficientes voces, la Administración dará marcha atrás.

Pero hay más líneas que indignan a la vecindad, como la limpieza del distrito, la recogida de basuras y la conservación y el mantenimiento de sus parques. Recientemente, la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos (FRAVM) ha hecho una consulta a las asociaciones de Madrid y ha publicado los resultados: precisamente, este distrito no sale muy bien parado, algo que, a nuestro modo de ver, pasa demasiado a menudo. Sobre ese descuido, nos llegan ejemplos de ramas caídas que, tras varias semanas, continúan en la acera o de contenedores quemados que no son repuestos, todo ante la mirada impasible de muchos servicios municipales.

Ahora hay una nueva línea que nos inquieta. El primer jueves de octubre, se aprobó el Reglamento de Funcionamiento de los Foros Locales de los Distritos de Madrid, que van a sustituir a los Consejos Territoriales de los Distritos como órgano de participación ciudadana, previsiblemente, a finales de año o a principios del próximo.

Ya hay quien lo ve como más de lo mismo, aunque endulzado con una cucharadita de miel. ¿Hay voluntad de que exista la participación ciudadana? ¿Se está dispuesto a que el poder esté en la ciudadanía? Estas líneas no suelen ir de punto a punto y, con facilidad, pueden convertirse en garabato. Decirlo es la línea de lo que somos.

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