Erica presume con orgullo de su hijo mayor, de 15 años. Dice que al chaval no le interesan las discotecas y prefiere pasar el tiempo en un campo de fútbol. Hasta tres partidos es capaz de jugar en un sólo día, asegura su madre. Una pasión que estuvo a punto de quedar truncada por el dinero. Porque hasta un balón sale caro en el hogar de Erica, una vivienda del barrio de la UVA de Hortaleza en la que entró “dando una patada”, a la desesperada, cuando un ‘fondo buitre’ le puso un alquiler inasumible para sus ingresos en el piso donde residía en Arroyomolinos.

Erica, de 35 años, es madre de dos hijos, separada y parada de larga duración. Empleada de limpieza, cuenta por años el tiempo que lleva sin tener una nómina. Su último trabajo apenas duró 15 días. Fue una suplencia y sin contrato. Con lo que cobró no alcanzaba ni para la ficha anual de su primogénito, que sigue jugando al fútbol gracias a la solidaridad de su club, el Spartac de Manoteras.

Aunque en su casa los meses “se hacen muy largos” y la despensa se llena con alimentos donados, Erica se mantiene a flote con la Renta Mínima de Inserción (RMI), el “último colchón que tiene un ciudadano” para evitar la pobreza extrema, como la describe Lucía Santos, una de las responsables de Servicios Sociales del distrito, que cifra en 450 las «unidades familiares» de Hortaleza que perciben esta prestación.

foto-erica-2Erica en su vivienda de la UVA de Hortaleza / Foto Sandra Blanco

RMI, un “derecho”

Erica y sus dos hijos es una de las familias que sobreviven con esta “prestación mensual básica” que tiene como objetivo “satisfacer las necesidades básicas” de los hogares donde no existen ingresos, o estos no llegan a los 655,20 euros del Salario Mínimo Interprofesional, según la Comunidad de Madrid.

Una cifra que se antoja baja en contraste con el número de posibles beneficiarios, ya que el año pasado se contaban 2.475 hogares en nuestro distrito donde se vivía con menos de 600 euros al mes, según el estudio Invisibles promovido por la Asamblea Popular 15M de Hortaleza.

“Cuando hicimos las encuestas del estudio Invisibles, luego nos quedábamos hablando con algunos vecinos y nos contaban realidades tremendas, y muchos desconocían que tienen derecho a la Renta Mínima de Inserción, porque es un derecho, no una prestación”, aclara Claudia Parrondo, de la Asamblea 15M de Hortaleza, que tras aquel diagnóstico de la precariedad y pobreza en el distrito ahora han lanzado la campaña ‘Renta mínima (RMI): tu derecho’ junto a otros colectivos de todo Madrid para extenderla a la población que sigue sufriendo los peores estragos de la crisis. Según estos activistas, sólo una de cada tres personas en situación de vulnerabilidad conoce la posibilidad de solicitar la RMI.

Pobres a miles

Frente al optimismo de los datos macroeconómicos y las declaraciones de algunos líderes políticos que hablan de la crisis en pasado, la realidad que dibujan informes como el de la Red Europea de Lucha contra Pobreza y la Exclusión Social sigue resultando dramática: sólo en la Comunidad de Madrid hay 1.319.000 personas en riesgo de pobreza, lo que supone el 20,5% de la población de la región. No sólo se trata de personas en paro, porque se multiplican los casos de trabajadores cuyos sueldos están por debajo de los 663,51 euros que la Carta Social Europea establece como el umbral de la pobreza.

Sin embargo, el número de familias que han recibido la RMI en la Comunidad de Madrid no llega a las 60.000. “Hay mucha gente que prefiere pedir ayuda a amigos y familiares”, explica Claudia, aunque destaca la “falta de información” como uno de los factores determinantes para que muchas personas en una situación económica desesperada no reclamen una ayuda regulada por ley desde hace 15 años en nuestra región, diseñada en tiempos de bonanza, aunque ha demostrado ser insuficiente durante la crisis.

“Sabemos que las ayudas son insuficientes, y que no están acompañadas de los necesarios programas de inserción social, por eso hay que solicitarlas y pelear porque mejoren”, argumenta Claudia, defendiendo que esta campaña redunda a favor de los trabajadores sociales que tramitan las ayudas, que en estos años se han enfrentado a la doble dificultad de asumir incremento de los casos a atender mientras sus recursos menguaban víctima de los recortes.

hpv31-foto-despiece-1Cartel de la campaña «Renta mínima (RMI): es tu derecho»

Dificultades

En ocasiones, el camino hasta lograr esta ayuda es largo. “Y sucede en personas que se encuentran en una situación límite, muy tocadas psicológica y anímicamente, y que a veces no tienen dinero ni para coger el transporte público e ir a entregar papeles”.

Como denuncian los propios trabajadores sociales, los requisitos y la documentación a presentar es cada vez más exigente, “un laberinto de papeleo” que dificulta su solicitud. Además, pueden pasar varios meses hasta que llega a los domicilios el dinero, que oscila entre los 400 euros que puede recibir una persona que viva sola y no tenga ningún ingreso hasta un máximo de 1.000 euros para casos excepcionales de familias muy numerosas, de diez miembros, que residan en un mismo domicilio.

La RMI no está destinada exclusivamente para personas sin ningún tipo de ingreso, también los empleados con sueldos muy precarios pueden solicitarla como un complemento a su salario. Además, recibir la RMI facilita becas en el comedor de los colegios, descuentos en medicamentos y en la factura del agua, entre otros beneficios que suelen ser desconocidos por quienes la solicitan.

“Por eso con la campaña queremos incidir en que se conozca este derecho, hacer talleres informativos y puntos de encuentro donde gente que vive situaciones similares encuentre un espacio de apoyo, con personas que además puedan asesorar”, añade Mar Sánchez, otra de las activistas que están detrás de esta campaña en el barrio. “Se trata de que la gente se sienta acompañada”.

Vencer a la vergüenza

Los impulsores de la campaña ‘Renta mínima (RMI): tu derecho’ también pretende imponerse a uno de los grandes obstáculos para acceder a la población más vulnerable de nuestro distrito: la vergüenza. “Hay que vencerlo, porque es como si te diera vergüenza ir al médico porque te duele una rodilla”, proclama Ana Llanera, trabajadora de los servicios sociales del Ayuntamiento. Para este reportaje ha sido difícil encontrar a vecinos y vecinas que quisieran relatar públicamente su situación, que le pusieran rostro a esta historia.

No es el caso de Erica, consciente de que el primer paso para resolver un problema es exponerlo y pedir ayuda. Desde la Oficina de Apoyo Mutuo de Manoteras (OFIAM) ella también arropa a otras familias con dificultades, haciendo bueno el lema de que la unión hace la fuerza.

“Allí escuchas el problema de otros y también sales un poco del tuyo”, asegura. Y los resuelven, como demuestran los desahucios paralizados desde el colectivo. “Porque en esta situación no te creas que duermes tranquilo”, explica en el salón de su casa de la UVA, aislada tras el paso de las excavadoras que derribaron los bloques adyacentes, dibujando un paisaje de posguerra alrededor de su vivienda. “La crisis es siempre para el pobre, paga el que menos tiene”, sentencia la mujer.

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