El pasado 7 y 8 de enero la Comunidad de Madrid vivió una nevada sin precedentes (desde hace al menos 50 años) tras el paso de la borrasca Filomena. Las acumulaciones de nieve superaron toda previsión y modelos matemáticos, llegando a superar los 50 cm en bastantes zonas de la Comunidad.

Esta nevada provocó el peor desastre ecológico sucedido en los últimos años, ya que se perdió gran cantidad del patrimonio arbóreo madrileño. Según el Ayuntamiento de Madrid, solo en la ciudad 800.000 árboles (el 47%) fueron dañados. Los parques históricos (como El Retiro) y los parques forestales (como Casa de Campo) fueron los más afectados en la capital, con un 60% de su arbolado dañado.

Sin embargo, fuera de la ciudad las afecciones fueron menores: la Comunidad de Madrid afirma que el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama apenas ha sufrido daños significativos, en los parques regionales, el 13% del arbolado ha sufrido algún daño y, en los parques periurbanos, el 2,5%.

CAUSAS NATURALES Y ANTRÓPICAS DE LOS DAÑOS EN EL ARBOLADO

Muchas personas buscan una explicación ante tal cantidad de árboles dañados. Podría decirse que existen causas naturales y antrópicas. Con respecto a las naturales: una de las primeras evidencias es que las especies arbóreas más afectadas son las de hoja perenne, tanto las de hoja ancha (encinas, laureles o madroños) como las de hoja tipo acícula (pinos piñoneros o cedros).

La presencia de hojas en estos árboles ha provocado una mayor acumulación y carga de nieve en sus copas, lo que ha desencadenado en una mayor facilidad para que las ramas o el propio tronco se fracturen. Además, en general se observa una mayor afección en las especies más adaptadas a climas mediterráneos.

Las especies arbóreas más afectadas son las de hoja perenne, cuya presencia ha provocado mayor acumulación y carga de nieve en sus copas

Por otro lado, con respecto a las causas antrópicas, los principales problemas podrían ser: la carencia de espacio en los entornos urbanos y la mala ubicación. Las ciudades no tienen suficiente espacio subterráneo ni aéreo, lo que hace crecer a los árboles débiles y con poco agarre en el suelo.

Muchas de las ramas de los árboles dañados se han caído junto a bancos y parques infantiles. PHOTOLEZA

Asimismo, hay muchos árboles de gran envergadura que se ubican en aceras estrechas, lo que obliga a tener que realizar podas sistemáticas y radicales para contenerlos en un tamaño donde no molesten a edificios y vecinos. Estas podas generan unas copas arbóreas malformadas de estructura simple en vez de ramificada, como sería de forma natural. Todo esto provoca unos árboles más proclives a fracturas en cuanto se someten a esfuerzos algo mayores que los habituales, como la nevada.

Las ciudades no tienen suficiente espacio subterráneo ni aéreo, lo que hace crecer a los árboles débiles y con poco agarre en el suelo

Los árboles urbanos son una necesidad, ya que brindan gran cantidad de servicios ecosistémicos a la ciudadanía, tales como: la captación de contaminantes, la absorción de CO2, la atenuación de las temperaturas, la producción de oxígeno, el bienestar y salud mental y la mejora de la biodiversidad florística y faunística.

Por ello, los daños ocasionados por Filomena pueden ser una oportunidad para que los ayuntamientos se replanteen una nueva planificación y gestión del arbolado urbano, teniendo en cuenta el cambio climático y la fauna urbana en la selección de las especies vegetales que deben utilizarse para la reposición del arbolado insalvable.

AFECCIÓN DE LA AVIFAUNA PROVOCADA POR LA NEVADA

Mirándolo desde otro ángulo, la flora no ha sido la única afectada tras la tormenta Filomena, sino también la fauna, como por ejemplo las aves. La combinación de nieve y temperaturas gélidas fue un reto extremo de supervivencia para ellas.

Las aves se caracterizan por una temperatura corporal que ronda los 40 ºC. Suelen comer durante el día la cantidad justa para proveerse de energía suficiente para sobrevivir durante la noche, que es cuando permanecen quietas y bajan las temperaturas, de esta manera evitan engordar y volverse más torpes.

Tras la nevada, la falta de superficies sobre las que buscar comida causó el debilitamiento y la muerte de muchas aves por hipotermia durante la noche

El problema es que en invierno las noches se vuelven más largas y frías, ocasionando menos tiempo durante el día para que las aves puedan conseguir suficiente alimento. Tras la nevada la situación empeoró encarecidamente, ya que las superficies sobre las que poder buscar comida quedaron totalmente cubiertas por la nieve. Esto causó el debilitamiento y la muerte de muchos individuos por hipotermia durante la noche.

Herrerillo alimentándose en un comedero casero. SEO/BIRD LIFE

Por ello, hasta que el invierno no se marche en Madrid, se anima a la ciudadanía a ayudar a las aves proporcionándolas comida extra en el alféizar de la ventana, la terraza o el jardín y, en el caso de no vivir en un piso bajo (primero o segundo), siempre se puede acudir a un parque cercano o al monte.

Se puede colaborar dejando alimento directamente en el suelo (u otra superficie) o creando comederos con materiales reciclados de casa

Se puede colaborar dejando alimento directamente en el suelo (u otra superficie) o creando comederos con materiales reciclados de casa: briks de leche, botellas y palos, alambres, etc. Eso sí, siempre que se utilicen materiales no biodegradables habrá que recogerlos posteriormente para no contaminar el medio.

Como consejos de alimentación, el pan y la bollería no son recomendables por la gran cantidad de aditivos que llevan. Nunca hay que poner alimentos con sal, azúcar o cocinados. Una buena opción siempre son las semillas de girasol, los cacahuetes, las semillas niger y el mijo o comprar directamente una mezcla de semillas para aves (mejor si es la destinada a canarios y no a periquitos). Aunque menos, la fruta también forma parte de la alimentación de algunas aves invernantes, como los mirlos y zorzales.

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