Muchos vivimos en un barrio y paseamos sus calles pensando que es nuestro barrio, con nuestras cosas y nuestras aceras. A menudo, recorremos la calle Mar Caspio de Hortaleza para ir a la oficina de Correos, para echar gasolina en la estación de servicio de San Matías, llevar a los niños a la guardería de Parque de Hortaleza o a dar un paseo por el parque Isabel Clara Eugenia, pero hay lugares que se nos escapan.

Entre los mayores de Orisa, los niños de los centros de menores o las familias que hacen la compra en las tiendas, se produce un trasiego de personas con curiosas mochilas y estuches que entran y salen del número 4 de Mar Caspio. Muchos hemos pasado por delante de su portón, casi siempre abierto, y hemos espiado el edificio que se abre al fondo en un frondoso parque a espaldas de la garita del guardia de seguridad. A veces solo nos quedamos en los titulares, en las letras grandes. Al menos eso dice el cartel: ORCAM.

ORCAM significa Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid y se encuentra en nuestro barrio, en un edificio histórico y rodeado de un precioso parque. Los vecinos ya lo pudimos empezar a disfrutar el verano pasado cuando el festival Teatralia al Sol trajo el espectáculo Express de la compañía portuguesa Passagem: una performance instalación que nos llevaba de la mano de dos parejas de abuelos silenciosos por una instalación efímera en el jardín de Isabel Clara Eugenia.

La gerente de la ORCAM, Raquel Rivera, destacaba en su bienvenida la vocación de convertirse en un espacio abierto a los vecinos de Hortaleza

La gerente de la ORCAM, Raquel Rivera, destacaba en su bienvenida la vocación de abrirse al barrio una vez más este año después del confinamiento como consecuencia de la COVID-19. Tras meses encerrados en nuestras casas, la fundación ha querido convertirse en un espacio abierto a los vecinos de Hortaleza y de Madrid, tanto para enseñarnos su arte como para mostrarnos su entorno de trabajo. Así surge el festival Fuera de red: Atardeceres en los jardines de Hortaleza, una oportunidad para entrar en un espacio desconocido para muchos y escuchar las creaciones y el trabajo de los miembros de la orquesta de música de cámara.

Inicialmente, entre el 24 de junio y el 10 de julio, siempre a las ocho y media de la tarde, en los jardines y con las debidas medidas de distanciamiento, se irán desgranando pequeños conciertos en los que disfrutar de música clásica de una forma cercana y didáctica. Sin embargo, el éxito está siendo tal que la fundación ha decidido ampliar la programación una semana más, hasta el 17 de julio.

DÚOS CON PERCUSIÓN

El pasado miércoles 24 se inauguraron las jornadas con un primer concierto al que se invitó a los niños y jóvenes de los centros de primera acogida de Hortaleza y a los vecinos del barrio. Hacia las ocho y cuarto ya había pequeños grupos de niños y familias con sus mascarillas en la calle Mar Caspio esperando su turno para entrar.

En esta nueva normalidad la cola era un poco más larga de lo normal, el programa del concierto se descargaba mediante un código QR y las sillas estaban dispuestas sobre la hierba separadas dos metros entre sí. El escenario no era más que la escalera de entrada al edificio que, como nos explicó Raquel Rivera, se inspiró en los conceptos arquitectónicos del arquitecto preferido de Hitler, Albert Speer (incluso hay quien sostiene que podría haber intervenido en su construcción). Raquel también invitó a los asistentes a venir en alguna otra ocasión para visitar su interior y aprender sobre el trabajo que hacen en la Fundación Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (FORCAM).

Escenario de los conciertos al aire libre del festival Fuera de Red, en los jardines de la ORCAM. JAVIER DÍAZ

La música de la viola de Eva Martín y la marimba de Alfredo Anaya abrieron la sesión mientras niños y mayores terminaban de acomodarse en la butacas. Las cinco pequeñas composiciones inspiradas en el mundo de la tecnología y los videojuegos nos transportan a paisajes sonoros de amaneceres, estepas y escenas cinemáticas. Mientras escuchamos, nuestra vista recorre las líneas rectas y angulosas del edificio tras los músicos. Sentados entre los árboles del parque, llevamos el ritmo de la música con los pies y nos damos cuenta de que reposan sobre una lecho de hierba y hiedra punteado de pequeñas fresas silvestres.

Cuando María José Muñoz y Pedro Ortuño inician su interpretación de tres fragmentos de Historia del tango de Ástor Piazzola, las cotorras que anidan en el parque parecen unirse a la música con su algarabía que anuncia la puesta de sol tras el escenario.

Fue algo inesperado para los niños asistentes que la música clásica pudiese adoptar una forma diferente en la que el percusionista golpea con la cabeza o grita a un gran tambor

La improvisación a la percusión y el trombón de Eloy Lurueña y Pedro Ortuño arrancó risas de sorpresa entre los niños del público. Fue algo inesperado para ellos que la música clásica pudiese adoptar una forma diferente en la que el percusionista golpea con la cabeza o grita a un gran tambor, percute el pie metálico de algún instrumento o repiquetea sobre una llanta de automóvil. Sin embargo, el momento álgido para los más pequeños llegó cuando el trombonista lanzó una base de música electrónica con mucho ritmo. Este encuentro entre lo clásico y lo moderno cogió a muchos de improviso y se cruzaban miradas de sorpresa cómplice.

Al concluir, tanto asistentes como músicos pudieron disfrutar de una animada charla tomando un refresco. Raquel Rivera volvía a destacar la vocación de acercarse al barrio y dar continuidad a este tipo de actividades en las que los vecinos podamos aprender más de su mundo y los músicos de la ORCAM nos puedan mostrar su trabajo. Sin duda la ORCAM se merece una ovación final por su iniciativa para que su sede en Hortaleza también pueda ser un lugar de encuentro y descubrimiento para vecinas y vecinos.

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