No seré yo quien te diga a quién votar en las próximas elecciones autonómicas, ni por supuesto a quién no hacerlo. Pero sí debo pedirte, de ciudadano a ciudadano, que votes; que, aunque todos los partidos te parezcan iguales, hay matices importantes, tendencias que sin duda determinan el destino de tu entorno.

A saber: ¿servicios públicos reforzados o eres partidario de su privatización? ¿Sanidad universal para todos o un seguro médico individualizado? ¿Escuela privada o concertada (con peajes) para tus hijos o una educación pública de calidad? En definitiva: ¿colectividad o individualismo?

Olvídate por un momento de los lemas: “Libertad o comunismo” o “Democracia o fascismo”. Normalmente, los lemas tienden al simplismo y reducen todo un entramado ideológico en una sola palabra.

Normalmente, los lemas tienden al simplismo y reducen todo un entramado ideológico en una sola palabra

La palabra libertad, por ejemplo, suena bien, pero esconde cierta dualidad sumamente tramposa. ¿Libertad para quién? Obviamente una bajada de IRPF generalizada beneficia en exclusiva a las rentas más altas, y un seguro de salud o un plan de pensiones privado no son servicios aptos para todos los bolsillos.

En mi caso, la palabra libertad está afectando seriamente a la viabilidad del taxi, de mi taxi, como servicio público regulado. Basándose en esa libertad, nos han colado servicios paralelos de transporte, sin normas ni reglamentación alguna, dispuestos a competir en desigualdad de condiciones mediante fuertes inyecciones de capital riesgo y descuentos agresivos. Algo que el taxi, por tratarse de un servicio con tarifas reguladas por la Administración, no puede hacer en ningún caso.

Hoy muchos clientes podrán estar encantados con esta supuesta libertad de elección hasta que llegue el día, claro está, que las multinacionales engullan a la competencia e impongan sus normas.

La palabra ‘libertad’ suena bien, pero esconde cierta dualidad sumamente tramposa. ¿Libertad para quién?

Cuando ese día llegue y el taxi desaparezca, la libertad no será tanta y acabaréis pagando el triple por un mismo trayecto realizado por un conductor precarizado, como ya está sucediendo en muchas ciudades donde nadie puso trabas a ese nuevo y moderno modelo de transporte y el taxi acabó hundido en la miseria. Cuidado, por tanto, con usar la palabra libertad tan alegremente sin sopesar sus previsibles consecuencias.

Pero esto es solo una opinión, la mía. Y unas consecuencias, las mías, de los efectos del liberalismo. Soy partidario de lo público y tal vez tú no, y lo respeto. Sinceramente, prefiero la democracia a la guerra, prefiero las urnas al fusil, aunque esas urnas puedan provocar que mi taxi desaparezca. ¡Vota!

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