Tere recuerda que durante semanas salíamos a las ventanas a aplaudir a las ocho de la tarde como homenaje al personal de la salud y los servicios esenciales. Durante aquellos minutos, no podía dejar de fijarse en cada ventana y balcón de su barrio de Virgen del Cortijo en el que vive desde hace más de 18 años.

Muchas de aquellas personas eran anónimas, pero seguro que tenían una historia, un pensamiento, una alegría o un drama ante todo lo que estaba pasado. Tere decidió que quería oír sus historias, darles voz de una forma directa y descarnada, y plasmarlas en un libro para que sus relatos de aquellos días no se olvidasen. Así nació Voces del COVID-19.

PREGUNTA: ¿Cómo surge la idea de este libro?

RESPUESTA: Ante el trauma del confinamiento, viendo a las personas salir a aplaudir, me di cuenta de que no conocía a la mayoría de esos vecinos y vecinas. Pensé que seguro que tenían cosas que compartir, datos que no salían en los periódicos e historias que, de otro modo, quedarían en el olvido de ese encierro. Me dije: ¿Por qué no pregunto?

¿Y empezaste a preguntar?

Sí, me puse en contacto con personas del trabajo, amistades, el vecindario… Al final fue una cadena, muchas personas querían contar su parte de una historia que ya era una pandemia global. Gracias a mi trabajo en una multinacional, no solo pude recopilar testimonios de mi barrio o de España. Muy pronto ya tenía reflexiones de medio mundo; muchas personas, muchas profesiones, muchos entornos y muchas situaciones.

“Gracias a mi trabajo en una multinacional, no solo pude recopilar testimonios de mi barrio o de España”

Ahí empezó realmente tu trabajo como escritora.

Sí, mi labor fue más de recopiladora y organizadora. Traté de organizar los 112 testimonios (un número que no fue buscado) en bloques temáticos en forma de capítulos y escribí una pequeña introducción para cada uno. Mantuve el anonimato de cada persona y decidí solo ofrecer mínimos datos personas como la profesión y la edad.

¿Cómo fue el proceso de publicación?

Por mi trayectoria profesional, ya había publicado un libro con Punto Rojo, además de que están en Madrid. Ofrecen un servicio para autoedición que ya conocía y encajaba en mi proyecto. Incluso la portada es un proyecto personal. Se lo pedí a un amigo de mi hijo de Málaga, pero justo estaba en medio de la EBAU, así que no se podía comprometer. Sin embargo, al día siguiente me mandó la portada que se puede ver en el libro, que es una estampa de la calle Larios de Málaga.

Portada de ‘Voces del COVID-19’. JAVIER PORTILLO

¿Has vuelto a estar en contacto con estas personas?

Sí, he seguido algunas de sus historias. En abril y mayo la sensación era de una situación extraña, un viaje por un mundo desconocido. La historia de cada persona ha ido cambiando. Una de ellas me volvió a escribir para contarme cómo había cambiado su punto de vista porque ahora se había contagiado. Quizá sería interesante repetir este ejercicio y ver cómo han evolucionado después de más de un año.

¿Qué testimonio es el que más te ha tocado?

Sin duda el de un matrimonio mayor. Fue una conversación grabada directamente por un hijo con la visión, el miedo y la experiencia de los mayores. También hay historias que te hacen pensar, como la enfermera que cuenta cosas sobre las personas que ha atendido que yo no había escuchado antes o un chico de una ONG que se llevó a gente a vivir con él durante el confinamiento.

“Hay historias que te hacen pensar, como un chico de una ONG que se llevó a gente a vivir con él durante el confinamiento”

¿Has podido promocionar el libro?

No ha podido haber una presentación física de Voces del COVID-19, pero ha salido en los medios y he hecho un booktrailer en YouTube. El programa Madrid Directo me entrevistó y se centró en una de las historias. Incluso fueron a la casa de esa familia para entrevistarlos. También he participado en algún programa de radio. Me gustaría poder presentarlo físicamente en algunas librerías o centros, especialmente para poder firmárselo a las personas que ya lo han comprado.

Una última pregunta sobre tu barrio, ¿te parece un barrio solidario?

Es un barrio de gente muy implicada. Además del día a día de las asociaciones de vecinos, durante momentos críticos como el confinamiento o Filomena, se pudo ver un gran nivel de empatía. Las personas que no podían salir de casa dejaban un pañuelo en la ventana para que alguien las ayudara con la compra. Durante Filomena, fabricaron sus propias palas para limpiar la nieve de las calles, ya que nadie venía a despejar los accesos. En abril de 2020, se creó un grupo de impresión 3D y montaje de pantallas para los sanitarios que se repartían a los hospitales.

Tere espera seguir escribiendo y no descarta la idea de volver a ponerse en contacto con sus informantes cuando acabe la pandemia para ver cómo ha cambiado su punto de vista y ha evolucionado la historia de cada uno. Desde las ventanas de Virgen del Cortijo hasta el otro lado del mundo, Tere consigue que las voces más silenciosas de lo más duro del confinamiento vuelen desde aquellas ventanas donde salíamos a aplaudir y se posen en los balcones del vecindario para que podamos escuchar esos relatos que ella solo podía imaginar desde su propia ventana.

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