La pregunta se iba repitiendo durante toda la mañana del pasado domingo 16 de febrero, y ya desde que la asociación Danos Tiempo empezó a publicitar esta fiesta. Incluso el productor de Perales de Tajuña se sorprendió al recibir un pedido de 500 unidades a principios de febrero. Durante toda la mañana mucha gente se fue acercando los jardines de Josefa Arquero, en la calle Mar de Japón, atraídos por la curiosidad de algo inusitado en nuestro barrio.

Calçots, una C-A-L-Ç-O-T-A-D-A-.

Esta frase se fue repitiendo y Javi y Olga, de Danos Tiempo, iban explicando que se les ocurrió la idea de organizar esta fiesta gastronómica popular, típica en Cataluña, cuando un socio catalán les propuso organizar un taller de salsas que se degustan con los calçots.

Como cualquier excusa es buena para reunir al barrio y dar buen uso del espacio de la pequeña plaza del casco histórico de Hortaleza, el taller de salsas se convirtió en una calçotada en toda regla. Algo de comer, una bebida, música en directo y muchas ganas de pasar una mañana divertida fueron los ingredientes necesarios a lo que se unió un sol radiante y una temperatura muy agradable.

La ‘calçotada’ de Hortaleza tuvo música en directo y la gente se arrancó a bailar. SANDRA BLANCO

Para acompañar la degustación, hubo música en directo a ritmo de bailes catalanes, a cargo de La Rúa del Bal en formato de dúo de acordeón diatónico y trompeta, y juegos tradicionales que fueron animando a mayores y pequeños hasta la hora de comer.

Poco a poco fueron saliendo de la parrilla los calçots envueltos en papel de periódico, de este mismo periódico, para mantenerlos calientes. Se trata de un tipo de cebolla cultivada en el interior de Cataluña que se va tapando con tierra conforme crece para que la mayor parte del tallo quede blanca. Durante los meses de invierno y primavera, se asan sobre sarmientos a fuego muy vivo de tal forma que la primera capa quede carbonizada y el interior tierno.

La idea de organizar esta fiesta gastronómica en Hortaleza surgió a propuesta de un vecino catalán que quería enseñar a hacer las salsas de los 'calçots'

La parte exterior se retira a mano y se come el tallo blanco con una salsa romesco o salvitaxada. El procedimiento para comerlos tiene su gracia y Eduardo, que además preparó varias salsas, tuvo la gentileza de instruir a los vecinos sobre el arte de pelar el calçot, mojarlo en la salsa y comerlo mirando al cielo sin macharse la camisa.

Como en octubre, cuando organizaron un magosto con queimada y su conxuro, o en su fiesta de arte de calle, en junio, la asociación Danos Tiempo logró volver a reunir a un gran grupo de vecinos encantados de reunirse, celebrar y dar un buen uso de este precioso espacio público de nuestro barrio.

Una niña, degustando un ‘calçot’ con salsa romescu. SANDRA BLANCO

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