Crear un gran parque urbano supone un enorme esfuerzo de planificación, diseño y ejecución, y un gran equipo de personas trabajando para hacerlo realidad. Hace ya diez largos años que empecé esta labor, bajo la tutela del que era entonces mi jefe, Federico Sepúlveda, tristemente fallecido.

Recuerdo aún el día en que me encomendó poner en marcha la creación de un parque con unas dimensiones tales que equivaldría a cuatro veces los Jardines del Buen Retiro. Iba a ser el Parque Forestal de Valdebebas o, como lo denominaban los vecinos, la Casa de Campo del Este.

Tuvimos clara desde el inicio la vocación forestal del parque; que sería un parque de ciudad, más que de barrio; y que queríamos conferirle una orientación educativa y cultural. Nació con unos criterios claros de sostenibilidad: minimización del consumo de recursos, especialmente del agua, minimización del consumo de energía, gestión de los residuos generados y fomento de la biodiversidad.

El parque debía construirse, en buena parte, sobre terrenos degradados: presencia de grandes escombreras, abandono de antiguas actividades agrarias y deterioro de enclaves naturales de cierto valor paisajístico.

La concepción general del parque debía perseguir una serie de objetivos. Entre ellos, contribuir a la mejora ambiental de la metrópolis de Madrid, incorporando un gran pulmón verde al este de la ciudad. También el generar nuevos recursos ecológicos, paisajísticos y culturales integrados en el tejido urbano, que facilitasen la relación del ciudadano con la naturaleza, y preservar y recuperar los elementos naturales que aún conservaba este espacio, como áreas de ribera, charcas y manantiales, cuadrantes de almendros y olivos, vestigio de antiguas actividades agrarias, incorporándose al diseño.

Panorámica del Parque Forestal de Valdebebas. Foto Sandra Blanco

DISEÑO DEL PARQUE

El Parque Forestal de Valdebebas se diseñó basándose en dichos objetivos, diferenciando dos grandes áreas. Por un lado, las zonas periféricas, anejas a las grandes vías y rotondas, enlazan la ciudad con el corazón del parque. Pantallas vegetales, riberas de arroyos y repoblaciones densas atenúan impactos visuales y acústicos.

Por otro, la zona central: el núcleo del parque se inspira en la imagen de un gran árbol, perceptible en vista aérea, que distribuye funcional y simbólicamente el parque. Acoge una amplia gama de paisajes, desde jardinería urbana hasta parajes muy forestales.

El Monte (la copa del árbol), constituye el espacio más extenso del parque. Suaves vaguadas, llanos y lomas, escenarios que representan sistemas forestales propios del interior peninsular (Sistema Ibérico, Montes de Toledo, Sistema Central, la Alcarria, y La Mancha), surcados por cauces ornamentales. Un embalse recoge las aguas de escorrentía. El Laberinto, El Arboreto y Las Terrazas (el tronco del árbol) forman el gran eje central que articula el parque. La Fachada Urbana de Cárcavas, El Río, y el Parque Sol y Sombra completan el diseño de esta gran zona central de parque.

MANOS A LA OBRA

Una vez esbozado el diseño, emprendimos la redacción de los proyectos, ajustándonos a las distintas regulaciones y normativas, a la diversidad de competencias en cada materia, a los requisitos de los distintos organismos implicados, públicos y privados, así como a las necesidades de los vecinos y futuros usuarios. Tramitamos también las autorizaciones para los distintos servicios (electricidad, agua potable, agua regenerada, saneamiento).

Pero fuimos solapando y, mientras se iban formalizando acometidas y autorizaciones, se concretaban diseños, se redactaban proyectos, o se ejecutaban fases de las obras.

Las obras, por supuesto, han tenido también su complejidad. Pero es la etapa que a mí más me ha gustado, pues se materializaban los resultados del esfuerzo invertido, se trasladaba al terreno y convertía en realidad lo que tanto costó planificar.

Ahora que la vegetación empieza a consolidarse, satisface ver el aspecto de monte que ha tomado el parque, comprobar que ya es refugio de fauna silvestre, y saber en que en breve acogerá a sus destinatarios finales, los ciudadanos.

Aquel equipo original tiene (tenemos) ahora otros cometidos, pero participar en este proyecto ha sido un magnífico reto. Sólo lamento que el que fuera mi querido jefe en aquella época, brillante profesional y mejor persona si cabe, no haya podido ver el parque finalizado, ni compartir nuestra satisfacción.


Nuria Bautista es Subdirectora General de Control de Calidad del Ayuntamiento de Madrid, y antes ocupó el cargo de Subdirectora General de Proyectos y Obras, desde el que intervino en el diseño del Parque Forestal de Valdebebas.

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