La calle Servator, como todas las del barrio de San Fernando en Canillas, no se diseñó para los coches. Trazada hace un siglo, sus poco más de cinco metros de anchura eran suficientes para una vía que entonces alojaba pequeñas casas. Luego llegaron los automóviles, que colonizaron esas calles (los talleres son el negocio más común en el barrio de San Fernando) y arrinconaron al peatón en aceras mínimas.

Desde hace años, el Ayuntamiento trabaja en la reforma de esas calles para ampliar las aceras y adaptarlas a las necesidades de las personas con movilidad reducida. En octubre llegó el turno de la calle Servator, dentro del nuevo Plan de Aceras y Accesibilidad del Consistorio, que afecta a 407 vías de la capital con una inversión de 55 millones de euros.

Este plan, impulsado por el Área de Obras y Equipamientos, tiene por objeto “la renovación y adecuación de aceras y vías peatonales, la reordenación de intersecciones y la supresión de barreras arquitectónicas para mejorar la accesibilidad, movilidad y seguridad de los viandantes y conductores”, según el Ayuntamiento. En la calle Servator, sin embargo, las obras de momento solo han provocado inseguridad y situaciones peligrosas.

En la calle Servator, de solo un carril y dirección única, los vehículos podían aparcar en línea a la izquierda de la calzada. Tras la reforma de la calle, los coches estacionados pasarán a la derecha. Por ello, durante las primeras semanas de obras, el pavimento de las aceras ha ganado espacio al asfalto en los cruces por la orilla derecha de la calle, aunque los coches siguen aparcando a la izquierda, donde permanece pintada la línea de estacionamiento. El resultado es un embudo, denuncian los vecinos, con coches dejándose los bajos en los nuevos pasos de cebra.

“Somos los vecinos los que tenemos que poner vallas al menos en los extremos para que no se produzcan accidentes", asegura un residente

“Empezaron las obras y vaciaron la calle de coches. Cuando las han terminado, aunque se cambió el lado de aparcamiento, los coches han vuelto a aparcar en el lado antiguo”, explica un vecino. De nada sirven las señales provisionales que, a la izquierda de la calle, prohíben el estacionamiento. Porque las líneas de aparcamiento siguen pintadas en el asfalto, lo que genera confusión entre los conductores. También entre los agentes de Policía. “Si les llamas dicen que no pueden retirar los coches que estorban porque no saben si la señal de prohibido tiene licencia, y los coches aparcan donde está pintado”.

El embudo en el que se ha convertido la calle Servator se aliviaría prohibiendo aparcar junto a los pasos de cebra, aunque hay conductores que siguen ocupando ese espacio, a pesar de que bloquea el acceso y obliga al resto de los vehículos a pasar por encima de la nueva acera, que ya está rajada por el trasiego de vehículos. “Somos los vecinos los que tenemos que poner vallas al menos en los extremos para que no se produzcan accidentes. Y de vez en cuando viene algún listo que apura, las quita, aparca y se monta el lío”, se queja un residente.

Cruce en el tramo inferior de la calle Servator, con una señal para impedir el estacionamiento junto al paso de cebra. ÁNGEL SÁNCHEZ

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