Si hay un colectivo afectado con más virulencia por la pandemia del coronavirus ese es el de las personas de mayor edad, que en muchos casos se muestra más vulnerable por otras dolencias que les convierte en el grupo de mayor riesgo.

La soledad de muchos de ellos y el confinamiento en sus viviendas o residencias, sin visitas de hijos y nietos, solo les resulta comparable a algunas situaciones que ya vivieron durante la posguerra.

Varios vecinos del distrito, con edades comprendidas entre los 64 y 85 años, nos cuentan como están viviendo esta situación. Todos echan en falta la calle, salir a andar y ver a amigos.  En casa, se siguen levantando pronto, mantienen rutinas, intentan hacer ejercicio físico en casa y se refugian en la tele para pasar el tiempo.

ECHA DE MENOS A SU NIETO

Antonio M. Santos, 64 años, era empleado de banca hasta su jubilación el pasado año. Al margen de su actividad profesional forma parte de un grupo que enseña la ciudad de Madrid, dirigido sobre todo a los centros de mayores de forma gratuita. También el Museo de Historia de Madrid. Y además es juez de atletismo.

A mediados de enero tuvo una infección por neumonía que le obligó a pasar más de un mes en el hospital Ramón y Cajal y buena parte de ese tiempo, sedado y entubado en la UCI.

Cuenta que su día a día consiste en levantarse alrededor de las nueve de la mañana, desayuno y ducha (ayudado por su esposa, Luci, funcionaria y con teletrabajo en casa). A continuación realiza sus ejercicios de rehabilitación, da paseos por la casa y hasta el mediodía lee y ve algo de televisión. Después de comer ve películas, preferiblemente del oeste (antes también lo hacía). Y por las noches ven algunas series televisivas.

Luci teletrabaja en casa, mientras Antonio, ya jubilado, sigue recuperándose de una neumonía

Entre el aislamiento y que aún no está recuperado, Antonio y su mujer duermen en habitaciones separadas. La compra se la hace su hijo, que no sube a la casa, teniendo que bajar su esposa a recogerla al portal. Aunque no pueda salir, en casa siempre va vestido de calle.

Piensa que no le ha cambiado mucho la vida y lo que más extraña es no poder ver a su único nieto (hay otro en camino), a pesar de que le ve por Skype o videollamada.

TODO EL DÍA CON EL DESTORNILLADOR

Ángel Virseda, 75 años, ha regentado con su esposa una tienda de lencería en el mercado municipal de Chamartin durante cinco décadas. En los últimos años todos los domingos salen a conocer los pueblos y ciudades de nuestra comunidad y provincias adyacentes.

Ahora se levanta sobre las 8.30 de la mañana. Desayuno y ducha. A continuación hace la cama, barre la casa y comienzan las manualidades. Restaurar todo lo pendiente, como arreglar enchufes, pintar la barandilla de la terraza y otros desperfectos. La compra, los días que toca, la hacen los dos, por separado.

Ángel dedica el confinamiento a hacer chapuzas en casa: arreglar enchufes, pintar la barandilla en casa...

Después el aperitivo del mediodía, en casa. Por la tarde ven algo de televisión, una hora de bicicleta estática, cena y se acuestan muy temprano (siempre lo han hecho así). En casa viste con un pijama tipo chándal. Viven con un hijo y tienen un nieto al que también ven a través del Skype.

ABURRIDA Y CON DISGUSTO 

Eva Bustillo, 85 años, antes del confinamiento se levantaba pronto, realizaba las labores de la casa, salía a dar un paseo, a hacer la compra y preparar la comida. Por la tarde salía con sus amigas al centro de mayores del barrio a jugar su partidita de cartas. Y los fines de semana iban a otros centros, como el de López de Hoyos y Diego de León. Algunas tardes visitaba a sus nietas cerca del Palacio de Hielo.

Ahora se levanta sobre las nueve de la mañana y se acuesta a la una de la madrugada. Comienza abriendo las ventanas de la casa para su ventilación, da paseos por dentro para matar el tiempo, limpia la casa (ahora no viene la chica que le ayudaba en estas tareas, por el coronavirus), ve la tele y de vez en cuando se asoma a las ventanas por pura nostalgia.

Eva, de 85 años, se asoma a la ventana por pura nostalgia. Varios de sus familiares han fallecido por el coronavirus

Está pasando un mal momento porque han fallecido varios familiares cercanos por el virus. Tiene dos hijos y dos nietas, una de ellas trabaja en Hipercor, y habla con todos ellos al través del teléfono (tiene un móvil que solo sirve para hacer y recibir llamadas). No ha alterado para nada su alimentación. Como no sale para nada a la calle, sus hijos le traen la compra y también avisa al frutero, que le sube la fruta a casa.

La vida le ha cambiado completamente. Echa en falta salir a la calle, estar con sus amigas y poder ir a visitar a sus nietas.

LO PEOR, NO SALIR A CAMINAR

Pepe Sotoca, 75 años, aunque dice que desde los 27 no cumple años, sino que los deja pasar. Él y su esposa eran empleados de banca y su principal afición es caminar. Lo hace a primera y a media mañana, alrededor de dos horas y media. También juega al fútbol en el centro municipal Luis Aragonés todos los viernes desde su inauguración y los domingos va al gimnasio del mismo polideportivo.

Ahora se levanta a las siete de la mañana (antes también) y tras el desayuno y el aseo , bien a través de la radio o la televisión se pone al corriente de las noticias del día. El resto de la mañana sale a comprar el pan (para no hacerlo todos los días compra varias barras y las congela), a la farmacia cuando es preciso y un día a la semana hace la compra general.

Pepe echa de menos salir a andar. Ahora lo hace por el salón escuchando Los 40 Principales

Luego dedica hora y media a andar por el salón y el pasillo escuchando en la radio Los 40 Principales Clásicos. Por la tarde ve películas en televisión. Al igual que Antonio, preferiblemente del oeste, y si lo dan en algún canal, le gusta ver boxeo ). Se acuesta entre la 1 y las 2 de la madrugada. En casa está con pijama ó esquijama.. Tiene también 3 nietos con los que habla por skype y lo peor que lleva, acorde con su hobby es no poder salir a caminar a diario.

FALTA EL APERITIVO CON LOS AMIGOS

Hermenegildo Pollo, 77 años, trabajó durante muchos años en la industria del automóvil como gestor comercial. Todos los días hacía un recorrido por el barrio entre las 11.30 y 13.30 horas, más o menos para finalizar tomando el aperitivo (paladar exquisito para los vinos) con sus amigos. Por la tarde nuevo paseo para recoger a su esposa de las clases de taichí.

Desde el encierro forzado se levanta antes de las diez. Realiza algunas tareas de la casa (dice que el 50%…) como barrer, pasar la mopa o hacer su cama. Luego durante una hora y media pasea por la terraza haciendo flexiones con apoyo en la barandilla.

Hermegildo se mantiene en forma haciendo flexiones con la barandilla de la terraza. También dice que realiza algunas tareas de la casa

Además hace la compra básica, panadería y pequeñas cosas básicas necesarias en las casas. Por la tarde ven juntos la televisión, también después de la cena antes de acostarse de madrugada.

En casa viste con un chándal, tiene tres nietos a los que ven a través del móvil por el sistema de videollamada que le ha preparado uno de sus hijos. Lo que más echa en falta es lo que ha dado en llamar «el ocio de la calle».

IBA A COMPRAR EL PAN A TETUÁN

Miguel Ángel Peral, 70 años, durante muchos años trabajó en una imprenta y luego fue recaudador de máquinas tragaperras. Es también aficionado a dar grandes paseos, incluso iba andando a comprar el pan hasta Tetuán, y disfruta conociendo a fondo la ciudad de Madrid. Hace unos meses, cortando jamón, se rebanó los tendones del dedo índice de la mano izquierda y aún no se ha recuperado.

Se levanta a las nueve de la mañana para desayunar y ponerse la insulina. Como puede, barre y limpia el polvo en la casa y mientras ve el programa de Alfonso Arús en La Sexta aprovecha para hacer rehabilitación de la mano con una pelota de golf y pinzas de la ropa, para coger fuerza en dedos y muñeca.

Miguel Ángel iba andando hasta Tetuán a comprar el pan, y huye de las noticias sobre el coronavirus

Comenta que antes veía a Ferreras, también en La Sexta, pero se ha hartado. Dice que da las informaciones como si estuviera retransmitiendo un partido de fútbol. Por la tarde hace algo de bicicleta estática y con su mujer ve algunas películas y series en la tele. Huye de las noticias sobre el coronavirus.

La compra en este domicilio la hace su esposa. En casa la ropa es un pantalón de chándal, camiseta de manga corta y zapatillas de andar por casa. Tiene dos hijos que viven con ellos en casa y no tiene nietos. Se acuesta sobre la 1.30 horas de la madrugada. Lo que peor lleva, dice, es todo. No poder salir de casa a dar una vuelta o ir a su casa fuera de Madrid, aunque solo sea para cortar el césped.

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